martes, febrero 14, 2006

Crónica de un fin de semana I

Esto va a resultar extraño porque tengo hambre y todavía debo escribir en mi diario de papel un interesante sueño que tuve anoche. Ya tomé sopa y quizás tome más, ah no mejor voy a comer un pedazo de queso pero más tarde, ahora debo escribir, debo seguir haciendo consignaciones en el “banco de la salud mental”.
Hoy alrededor de la hora del almuerzo recordaba a mi profesor de Psicopatología en la universidad, es un hombre maravilloso, se le salen las ganas de enseñar por todas partes, nos hacía reír mucho cuando estudiaba con él. Lo recordaba porque tenía una frase acerca de la presentación personal “traten de aparentar salud mental, así no la tengan”. Alguna vez me cayó el ‘guante’ pues me cogió con las uñas pintadas de azul oscuro y de verdad que fue santo remedio, luego cuando llegaba a clase, tarde como cosa rara me decía “muéstreme las uñas”, yo juiciosa lo hacía y él me dejaba entrar complacido al saber que me estaba formando, estaba yendo más allá de la sola enseñanza académica. Pero ya me fui por otro lado, bueno vuelvo al tema central. Lo recordé porque hoy antes de salir a la calle a hacer vueltas de típico profesional independiente (reclamar el recibo para pagar la EPS porque el talonario no ha llegado) me miré con atención al espejo, me ví linda, muy linda, así que decidí no maquillarme, ni siquiera me apliqué corrector para disimular pequeñas imperfecciones, me sentí linda, linda desde adentro y esta cara tenía que exhibirla en la calle sin una gota de maquillaje, porque es la cara de la madurez y de la recuperación, la cara de la fe…
El viernes salí apurada como de costumbre. Quería salir temprano pero nuevamente caí en la falacia de creer que uno puede entrar a Internet sólo a ver el correo y nada, carreta, con tanto blog interesante me quedé un ratotote, para completar es el día de la semana en que una tía viene a ayudarnos con el aseo del apartamento, ella habla tanto como yo, entonces vayan haciendo cuentas, salí como media hora después de lo previsto, apenas y tendí la cama y le pedí a ella que limpiara el polvo de los muebles, cosa que me gusta hacer a mí, pues creo que cuando yo misma limpio mi cuarto lo lleno de luz y de amor propio, por algo es mi refugio.
Finalmente salí y la salida era importante, MUY importante, iba a la oficina a cobrar mi trabajo más reciente. Primero almorcé tan rápido como pude en el restaurante de siempre, salí y me tocó esperar el alimentador un rato que me pareció eterno. El afán era porque después de pasar por la oficina había quedado de visitar a mi tía (ella sí es mi tía en todo el sentido de la palabra, es de la familia de mi papá) en su trabajo para entregarle un perfume que mi mamá le compró a mi abue, es decir mi mamá le compró regalo a la suegra y yo iba a llevárselo. No quería que mi tía tuviera que esperarme pues sé lo que es cumplir horario y más en viernes cuando uno quiere salir corriendo apenas es la hora de salida. El bendito alimentador llegó, me rindió más de lo que creí y eso que cuando llegué a la 15 para hacer trasbordo me demoré, mañas que uno aprende por el camino, pero ahora espero hasta que pase un bus desocupado pues para eso hay hartos y mejor si es nuevo, pero si es de 900 pesos me monto así me toque de pie porque de 100 en 100 pesos me queda más plata para otras cosas. En fin. Llegué a la oficina y todo tranqui, me evitaron la ida al banco porque me pagaron en efectivo, hice los contactos sociales de rigor y rápidamente pregunté si había salido más trabajo para psicólogas, pero nada, triste cosa, esos son los avatares del ‘freelancer’. Así me encaminé al trabajo de mi tía.
Salí de nuevo a la 15 y me tocó buseta nueva y bonita. Habría caminado pero el sol de esa tarde era infame y yo me siento como turista chiviada en Bogotá cuando me toca caminar con ese clima, es que eso de sentirse dizque de vacaciones cuando uno está trabajando es una mamera, de vacaciones sólo por el sol picante.
Llegué al colegio donde está trabajando mi tía, el súper contraste con el sitio donde trabajaba antes, allí la gente tiene el concepto de antejardín y de espacio personal, en el otro lado a lo sumo habían 50 cms u 80 entre la calle y la puerta de las casas, en resumen el sitio es relindo. Entré fácil a pesar de ser la primera vez que iba y de que mi tía hace poco trabaja allá, comenzó este año, me presentó a sus compañeros de trabajo más inmediatos, finiquitó algunos asuntos y luego nos fuimos para Unicentro. Ella me recordó que una de nuestras abuelas postizas (madrina de confirmación de ella y abuela mía por adopción) estaba de cumpleaños ese día, por lo que el plan que yo tenía en mente de ir a Fedco a comprar cosméticos le sonó para comprarle algo, ella iría a visitarla después y obvio, como familia es familia pues me pegué.
Llegamos a Unicentro y de una fuimos a Fedco. Me encanta ir allá, tanto como ir a comprar ropa en Naf Naf. Entramos y yo busqué la crema corporal que quería, paradójicamente fue la única que encontré pero no la compré, pues luego ví una más grande y más barata que me gustó igual, pongo paradójicamente porque cuando busqué las dos faciales que quería comprar…pues están agotadas, carajo, yo que me preciaba dizque de ser consumidora rara, pero nada, hay un montón de viejas en esta ciudad que se untan los mismo menjurjes que yo en la cara. Al final con mi tía compramos un papel de olor para los cajones entre las dos, ese sería el regalo de cumple para la Sra. A y yo me compré mi crema que ha salido muy rica y rendidora.
Salimos de Fedco y nos fuimos a buscar un local donde venden licuados de fruta congelada, yo quería uno de kiwi pero al llegar nos dimos cuenta de que el local había sido reemplazado por uno de hamburguesas y perros calientes, así que ni modo, yo quería gastarle algo a mi tía porque ella ha sido muy buena conmigo, me ha ayudado a conseguir trabajo y quería retribuírselo de algún modo. Terminamos en la plazoleta de comidas en la barra de helados de Crepes, compré dos helados luego de decirle a mi tía que no se preocupara, que los helados son baratos. Así terminé comiendo un cono de brownie y frutos del bosque ¡rica la combinación!, sin embargo quedé con la pequeña decepción de saber que cada vez paso menos por mi centro comercial favorito, tanto que no me dí cuenta a qué horas quitaron el local en mención, creo que era de Frozen o algo así.
Nos charlamos el cono hablando de una amiga de ella casada. Fuimos a la Panamericana a ver la promoción de tarots y otras cartas de las que me habían contado. Luego vimos cuadernos y descubrí con un poco de nostalgia, además del fuerte sonido del reloj biológico que Las Chicas Superpoderosas crecieron, sí, ahora las pintan como todas unas adolescentes, aunque todavía se pueden conseguir unos productos con la imagen de ellas como niñas. Después vimos un teléfono que me gustó para mi casa, cuando tenga una propia, mas pensé “cuando tenga mi casa habrá alguno más moderno”.
Salimos otra vez a la 15 y cogimos un ‘cebollero’ que tardó hora y 20 minutos en llevarnos a nuestro destino, se subieron como 3 vendedores y ‘pedidores’, no compré ni dí nada, como de costumbre. Me enteré de cómo la fe de mi tía fue probada en alguna época de su vida por las ocupaciones laborales, recordé las tardes en que iba a la iglesia de Las Angustias a comer galletas con leche y recordé a uno de los mejores amigos de mi abuelo más querido, fallecidos los dos. También supe que en la 73 con 11 hay un monasterio de monjes enclaustrados.
Llegamos, sí llegamos por fin.
Felicitamos, regalamos y comimos delicioso. La Sra. A es una divina, creo que cumplió 91 años. Estaba con una amiga, me parece que era una especie de pijamada con una de sus amigas más entrañables. Ese día realmente conocí a su amiga. Escribo realmente porque ya me la habían presentado en alguna reunión pero yo mucho cuidado no le había puesto. Ella es muy nombrada en esa casa pero yo no la ubicaba hasta esa noche, me hice amiga hasta de su french poodle, Muca se llama la perrita, hermosa y gorda con moños en las orejas.
Luego de comer estuve hablando con ella durante una hora u hora y media, fue mágico. Me tocó temas muy interesante como el Bogotazo y la muerte, también me contó de las casas de hace muchos años en Bogotá, parecían pequeñas fincas, en fin, me pasa lo que ahora, siento que no tengo tiempo para contar o para escuchar en ese caso tantas cosas interesantes. Ay no, lo siento, el sueño me vence y sigo con hambre, es la 1:22 am y no doy más voy a publicar esto en dos partes. Dormiré, comeré queso y más tarde acabo de contar lo que ocurrió este fin de semana en mi vida.

0 comentarios: