jueves, febrero 09, 2006

Los hombres, sus corazones y otros asuntos emocionales

Me gusta muchísimo leer lo que escriben los hombres para saber un poco más de lo que hay en sus corazones. Siento que a ellos les cuesta mucho saber lo que realmente hay en él, no es una crítica ni un juicio, es simplemente una observación acerca de su naturaleza, sin embargo también hay algunos que tienen el cerebro feminizado, sin ser gays, los cuales saben mejor que otros lo que sienten, sin embargo siguen siendo minoría, yo acá quiero escribir acerca del grueso de los hombres.
Así todos sean hombres no son iguales. Desde adolescente comencé a caer en la tentación de querer calificar despectivamente a tal género, pero no sirvió de nada. Yo sigo siendo una romántica e idealista empedernida, aunque por unos meses les dí unas vacaciones a esos rasgos míos, pero es cierto, hacen parte de mi esencia. En esa trampa caí y me creí capaz de dizque rumbiarme con un tipo y luego dejarlo botado, pues ni lo uno ni lo otro, ni me lo rumbié ni lo dejé botado, menos mal que eso pasó, no porque se haya sentido rico sino porque con esa experiencia aprendí muchísimo y no perdí tanto como pude haber perdido. Recuerdo que ese niño me dijo: “aprenda a querer con la cabeza, no quiera con el corazón, porque cuando uno quiere con el corazón duele” y más adelante cuando se le resistió a la cobardía y a su propio ego, cuando decidió que era justo conmigo decirme que no me quería más cerca de él me dijo: “yo creía que lo más puro en la vida eran las mujeres, así me lo enseñaron en mi casa, pero con el tiempo me di cuenta de que no es así, las mujeres pueden ser lo peor de este mundo cuando se lo proponen”, esa es una de las frases que más recuerdo de aquella escena, si quisiera recordar más bastaría con leer mi diario de papel de esa época, mas ahora no es indispensable, lo que no puedo dejar de anotar, con otra conversación parecida de tan reciente data, es que al parecer en esos momentos cuando todo acaba o cuando al menos parece que todo acaba, pues nadie sabe qué hay en la mente del Universo, las personas nos abrimos más, “le ponemos una cremallera al alma”, desaparecen las cerraduras inexpugnables y el ser humano se muestra como es, eso creo, no sé si soy muy inocente o muy buena, no creo siquiera que sea lo último, pues los extremos están en todos los seres humanos y nosotros escogemos en que lugar del continuo nos paramos.
Sí, la lección que aprendí aún está siendo procesada pero como en su momento se lo dije a quien debía GRACIAS, no sólo era “gracias por escucharme”, era gracias porque al buscarme para saber qué me pasaba me demostraba que aún queda gente que vale la pena, me demostró que está creciendo, que está madurando, me corroboró que es un proceso que no para, ni siquiera con la muerte, me gustó saber que yo también estoy creciendo, que no soy tan bruta emocionalmente como creía, que aunque le puse una pausa de un año a mi vida (razón por la que me regañé seriamente) he madurado, que los años llegan con sabiduría, ese regalo que nadie quita, ese regalo que nadie da sino que hay que ganarse.
Pues sí, crecimos. Y yo sigo amando con el corazón, no con la cabeza, con todo y porrazos.
Sentí después de “filmar esa escena” que la sangre corría por mis venas con más vida que antes.
A pesar de los totazos, el del presente y los del pasado hay muchas cosas que son claras para mí. “Uno no sabe dónde saltará la liebre” es decir que no se debe satanizar el hecho de estar íntimamente con una persona a la primera oportunidad, de ahí puede surgir el amor, pero tampoco “se deben poner todos los huevos en la misma cesta”, es decir que es irreal creer que saltando de cama en cama se encontrará al príncipe azul, verde, amarillo o del color que se quiera y eso que soy romántica e idealista, no lo olvidemos.
Uno no se enamora todos los días, ni siquiera todos los años, por eso cuando se tiene la sospecha de que se está al frente de quien podría ser el amor de la vida hay que luchar con dientes, uñas, corazón, alma y en resumen con todo el ser.
Quedan hombres y mujeres que valen la pena ser luchados. Si al final o sólo por el final de momento las cosas no salen bien es mejor retirarse un ratico, pasar el guayabo emocional y luego entrar a la “circulación” de nuevo. Si uno se la pasa jugando a “un clavo saca otro clavo” difícilmente sabrá si en primer lugar se quiere siquiera a sí mismo / a.
La fe es una columna en la que siempre podremos recargarnos cuando nos sintamos desfallecer, empero es una columna que sólo cada uno puede construír.
“Ave, busca a las de tu mismo plumaje”, como dijo CT, por algo cuando el hombre o la mujer se pone a jugar sin descanso al casanova sus amigos se abren. Porque es cierto “al que anda entre la miel algo se le pega” y “dime con quién andas y te diré quien eres”. Si uno ve un tipo re-perro junto a otro o a una niña descomplicada junto a otra, la ecuación se resuelve tan fácil como 2+2.
Sí, yo tampoco puedo tirar piedras, yo también me he quedado callada esperando a que las cosas se resuelvan por sí solas, pero luego me he dado cuenta de que lo mejor es hablar lo antes posible, aunque eso, hablar siempre será más fácil cuando alguien te escucha y aprende su importancia. Sin embargo no es excusa, si uno quiere que lo oigan hay “formas decentes de gritar”.
Como mi mejor amigo me lo pronosticó terminé regañando aunque no me lo proponía, pero tampoco imaginé que el Universo me fuera a dar una oportunidad para descargar mi alma, se lo agradezco a los dos: al Universo y a quien me ayudó con el desembarque. Pero ¡qué carajos!, sí he madurado, al final la situación se aclaró y quedamos bien.
Una cosa más, es mejor intentar no hacer daño a nadie, ni por actos ni por omisiones. En la medida que cuidemos nuestras expresiones será más probable que la gente con la que nos encontremos sea la indicada, los príncipes y las princesas de nuestras vidas multicolores. Es mejor no preguntar “¿qué he hecho para merecer esto?”, pues muy seguramente ya hemos hecho algo, se lo hemos hecho a otra persona y ahora sólo estamos recogiendo la cosecha, a eso le llaman karma en la India y yo lo he comprobado. Es conveniente sincronizar lo que decimos con lo que pensamos y con lo que hacemos. No podemos pretender llamarnos “creyentes en el amor” para salir el fin de semana a levantar con la filosofía del chino: “lo que se mueva es comida”.
Y para terminar algo que no he comentado. Los matrimonios de antes duraban por diversas razones, yo me limito a decir que prefiero seguir creyendo en el amor, en el amor eterno y maduro, el amor que necesita de trabajo duro para mantenerse vivo. Aún hace falta pedalear mucho para lograr uno así, pero no pierdo la fe.

“Toda relación se convierte en un ser vivo que ha sido soñado por dos soñadores”.

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