viernes, marzo 17, 2006

Ciclos

Hace unos días estaba “pegada del techo” porque llevaba dos semanas sin trabajar. En realidad he pasado temporadas levemente más largas sin hacerlo, pero no puedo decir que haya estado desocupada porque todo el tiempo encuentro cosas para hacer como esta, escribir o me pongo a leer varios libros o a ver televisión, en fin, yo no me aburro en mi casa, para nada, encuentro actividades interesantes por montones sin salir, creo que esa es una de las razones por las cuales tengo bien ganada la fama de ermitaña entre mis amigos, pero es ermitaña no huraña, pues si me ponen en alguna situación social soy capaz de desenvolverme con soltura aun entre apenas conocidos. Pero este post no es para hablar de mi vida social, es para escribir acerca de los sube y baja de la vida, porque la vida es como la carta del tarot que se llama La Rueda de la Fortuna.
Quienes han seguido con atención mi historia saben que en algo más de un mes han pasado montones de cosas en mi vida, sobretodo de corte emocional, a quienes llegan por primera vez a este espacio les bastará con ver el número de posts que he creado este mes, eso les ayudará a darse una idea.
El trabajo más reciente que estaba haciendo en freelance lo terminé el 27 de enero y desde esa fecha mi práctica laboral se ha reducido a visitar la oficina para recoger mi pago, lo demás, el blog, el curso virtual de mercadeo del SENA y otras actividades varias me han permitido aprender muchas cosas y divertirme al tiempo, pero infortunadamente nadie me paga por ello, al menos no con plata, pero no estoy preocupada, ya no porque hace un tiempo sí lo estuve.
Cuando recién terminé el trabajo que estaba haciendo quería seguir ocupada lo más pronto posible, quería centrar en ese mismo instante mi mente en asuntos propios de mi carrera y la razón era bien simple: no quería pensar en lo que sentía, no quería sentir lo que sentía y la forma más efectiva que conozco para ello es el trabajo, más cuando es algo que me motiva en las mañanas a levantarme, así sea temprano, pero el Universo tenía planes distintos a los míos.
Hasta la fecha llevo 3 semanas de receso laboral, al principio eché madres y me desesperé, luego comencé a caer en la cuenta de que si así estaba ocurriendo y si sigue ocurriendo es porque así debe ser, no me refiero a conformismo porque sigo con una actividad casi febril, al menos en cuanto a internet se refiere, todos los días reviso ofertas de empleo para ver cuál será mi siguiente ocupación y leo a diario, ya sea blogs u otras páginas, trato de hacer productivo el tiempo que tengo para mí. Así es. Me costó trabajo descubrirlo y aún no estoy segura de que esta sea la “escena que deba rodar ahora”, pero sospecho que si no lo es, al menos estoy cercana a su descubrimiento. En este momento de mi vida necesito encontrarme más conmigo misma, por eso estoy haciendo las cosas por mi cuenta sin pedir consejos u opiniones, cuando lo hago es más por desparche que por otra cosa. Estoy comprendiendo poco a poco que este tiempo, que para mí ha sido larguísimo (lo digo porque en mi diario actual de papel he escrito en lo que lleva de este año la misma cantidad de páginas que escribí el año pasado), se trata de una reflexión obligada, un tiempo para hacer balance de lo que he vivído. Reitero, será febrero pero me siento en agosto, han pasado muchísimas cosas, pero todas las viviría de nuevo porque he aprendido inmensidades de ellas, muchas no las esperaba, al menos no tan temprano en el año, por eso me queda la duda de qué vendrá para las fechas en que esperaba acontecimientos importantes, pero no queda otra que esperar.
Este tiempo de “reposo” me ha servido para reencontrarme conmigo misma, para redescubrir mi esencia, la esencia que me hace la persona que soy, para cuidarla y valorarla, evitando en el futuro que la ponga en peligro pues si lo hago me pongo en peligro a mí misma, a mi identidad. Este tiempo ha sido valioso porque muchas veces en la vida se corre tanto que no se tiene tiempo para uno mismo, se está en función de actividades y personas, pueden ser deseadas o queridas, amadas, las dos, actividades y personas y hasta cosas, pero en ese devenir nos olvidamos de nosotros mismos, por eso estoy tratando de valorar el tiempo que tengo para mí, así me cueste mucho, pero creo que aunque sea en un pequeño porcentaje lo estoy logrando y eso me alegra mucho, se me nota en los ojos, cuando me quito las gafas y me miro al espejo.
Hay épocas en la vida en que uno tiene tiempo, plata y ganas pero nadie te llama para proponerte un plan interesante, hay otras en que todos tus amigos te buscan para proponerte un montón de planes divertidísimos pero tú no tienes plata o no tienes tiempo o no tienes ganas, que se junten las tres cosas es todo un reto, por fortuna muchas veces en la vida logra superarse.
En mi caso tengo plata, ganas y tiempo para hacer muchas cosas, sin embargo como mis recursos son limitados, en especial el primero trato de escoger muy bien las actividades y los planes que realizaré pero lo más importante de este tiempo es que ha hecho crecer más mi fe, me ha ayudado a comprender que este tiempo de inactividad laboral ha sido para que calme mis emociones y sentimientos, para que cuando vuelva a trabajar lo haga con las ganas y la pasión que me caracterizan, que este tiempo de recogimiento lo necesitaba para mí misma y si me hubiera metido a trabajar en cualquier cosa sin pensarlo mucho muy seguramente estaría tremendamente alterada y con ganas de mandar todo al carajo, es que el Universo lo es por algo, todo tiene su razón de ser.

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