miércoles, mayo 17, 2006

El pan, el queso y lo que más se vende… las empanadas

Para los que no lo saben yo soy psicóloga y ejerzo de forma independiente, como más me gusta. No atiendo pacientes a menudo, cuando lo hago es en conjunto con terapia reiki. En conclusión el área clínica no es mi fuerte. Lo que hago con más frecuencia es dictar cursos de crecimiento personal, entrevistas y aplicación de pruebas psicológicas en investigaciones de mercados y edito mensualmente una revista que habla de temas concernientes al bienestar integral.
El que me dedique a estas actividades no me impide enviar hojas de vida de vez en cuando a ofertas laborales que parecen interesantes, bueno, eso es lo que hago ahora, por ende no envío muchas hojas de vida.
Hasta hace un tiempo enviaba mi currículum a ofertas que solicitaban psicólogas para hacer selección de personal, “las empanadas de mi profesión”. Hay un chiste o frase famosa que dice: -¿Qué hacemos?, -Pues empanadas que es lo que más se vende, en otros casos se dice arepa o pizza según la versión pero así es. Lo que aconseja esta historia es que se debe hacer lo que la gente quiere, lo que la gente compra. Imagino que en las otras profesiones “las empanadas” están constituidas por distintas áreas como ISO, control de calidad, diseño de software y quién sabe qué cosas más, lo que sé es que en mi profesión las áreas top son selección de personal y salud ocupacional, pero en especial la primera porque la segunda también pueden cubrirla otros profesionales.
La verdad es que la selección de personal es tan mecánica y autómata que no está hecha para que la desarrollen los psicólogos, al menos no completamente, creo que en la entrevista sí somos esenciales pero para el resto con un técnico del SENA basta.
Luego de analizar esta situación decidí centrarme sólo en aquellas vacantes que están relacionadas con el área de investigación de mercados y similares, pues creo que es en la que me sentiría más cómoda de llegar a trabajar en línea. Siento que podría desempeñarme en cualquier otra si es en freelance, pero si debo emplearme prefiero que sea en esta.
Desde que estaba en el colegio he tenido dificultades para decidir a qué dedicarme. Me considero una persona con habilidades para hacer muchas cosas, en general una persona inteligente y eso me ha complicado las cosas. A los 13 comencé a escribir cuentos pero me atraía la Arquitectura, cuando comencé a ver dibujo técnico y noté la exactitud que se me exigía desistí de tal idea, no quería estresarme con planos y tintas. A los 16 tenía casi decidido que estudiaría Publicidad, no tenía muy claro de qué se trataba la carrera pero me atraía porque tenía la Fotografía como materia dentro del pénsum. Recuerdo que le pregunté al profesor de dibujo, otro, no con el que conocí la materia, si le parecía buena esa carrera para mí y sólo guardó silencio, al tiempo el profesor de cálculo confirmó con los resultados del ICFES que tenía aptitud matemática y por ende para las ingenierías, le parecía un desperdicio que me dedicara a la Publicidad; y el profesor de Español e Inglés quería que fuera su colega, yo era la más adelantada en sus materias.
Con lo terca que soy me metí a estudiar Publicidad, teniendo la Psicología como segunda opción y a manera de pasatiempo. Ya en primer semestre comencé a descubrir que para mi gusto, a esa carrera le hacía falta profundidad, decidí seguir pero en segundo semestre la abandoné, no lo hice antes porque quería demostrarle a mi familia que era capaz de seguir adelante.
Cuando le dije a mi mamá que me saldría de la universidad entré en crisis. Mis planes prefabricados de cómo se supone sería mi vida luego de salir del colegio se hicieron polvo y me enfrentaba de nuevo a la tenebrosa pregunta de ¿qué voy a hacer con mi vida?
Para pensarlo con calma estuve un año estudiando inglés e italiano, fue muy divertido, mi mamá seguía apresurándome para que volviera a la universidad pero resistí y entré cuando me sentía segura de que la Psicología sería mi nuevo camino, entré con la promesa de que no perdería ninguna materia y sin parar hasta el final, en parte me lo prometí a mí misma y en parte a mi mamá pero no explícitamente.
Mi mamá intentó asustarme diciendo que esa carrera sí demandaría tiempo, dedicación y sacrificios, en parte fue así, pero no siento que haya sacrificado nada por ella, estudié con juicio y aunque estuve a punto de renunciar mi querida amiga Ma. V. me atajó y cumplí con la promesa.
Tanto estudié que cuando presenté el ECAES o ICFES universitario, quedé entre los diez primeros puntajes del país pero aclaro que eso en el mundo real, en el del trabajo y los negocios no sirve de nada, ni siquiera para dar clases en la universidad.
Desde antes de graduarme me entraron las dudas acerca de lo que haría una vez tuviera el cartón, la idea de montar empresa me sonó pero no tenía claro nada. Y así sigo.
El año pasado me ofrecieron trabajar en un colegio por 600 mil al mes, luego mientras hacía freelance me ofrecieron otro puesto pero no sé cuánto pagaban porque no llegamos a discutirlo con el empleador, igual me sorprendió que me lo ofreciera porque estaba claro que la entrevista que presenté fue desastrosa. En ambos casos rechacé las ofertas porque suponían mucho trabajo por poca plata, yo estoy acostumbrada a la vida cómoda y no me gusta el estrés, ni que me negreen, pero acá viene la explicación del título de esta entrada, al menos el de la otra mitad, esos puestos regulares, por no decir algo peor, son como el pan y el queso, no son manjares pero alimentan, por eso la gente necesitada, que tiene hijos o debe mantener una casa o las dos, los acepta, también los acepta la gente que copió durante toda la carrera porque no les dolió graduarse y así se tiran el mercado.
A mí me han ofrecido otros puestos en donde pagaban 620 mil y 700 mil al mes, en ese orden, pasa el tiempo y cada vez me ofrecen más pero no lo que quiero, sin embargo esas propuestas me han servido para no pensar tanto “¿será la última?” cuando rechazo alguna y si así fuera eso me movería con más fuerza a seguir como independiente.
Ya antes he hecho apuestas riesgosas y he ganado, las dos veces que me presenté a la universidad no tenía opción B, creo que debería tener más confianza en mí misma y en el Universo que me ha cuidado toda la vida y lo sigue haciendo.
Entretanto la gente sigue opinando acerca de mi vida, cuando digo que me gustan los animales dicen que debí estudiar Medicina Veterinaria y así siguen, con el tiempo he aprendido a hacer oídos sordos a aquellas palabras porque en últimas la única persona que estará conmigo toda mi vida soy yo misma y es a la única que tengo que hacer feliz, así en el proceso mi mamá siga fregándome la vida y echándome cosas en cara por encontrarnos en esta jarta incertidumbre que consiste en ser hija “bon brill”.

martes, mayo 16, 2006

¿Será tan malo querer ser mantenida?

Esta es una pregunta que me he hecho desde hace rato, de forma más o menos reiterativa desde que leí un par de libros (Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas, y, Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran de Allan y Barbara Pease) que explican a profundidad y en lenguaje sencillo los porqués de las diferencias entre mujeres y hombres.
Estoy de acuerdo con ellos en que los dos géneros son distintos, yo no me creo esa charada progresista, a veces feminista y hasta política de que somos iguales, para mí es obvio que somos distintos, somos orgullosamente complementarios. Es cierto que en casos extremos podemos intercambiar roles pero en condiciones promedio, habituales la distribución de actividades sigue un patrón predecible, cosa que no se da por simple capricho sino que responde a una explicación lógica, en mi caso le doy la denominación de evolucionista.
Creo que cuatro millones de años de evolución no le van a ganar a 90 años de “liberación femenina”.
A diferencia de la señorita Padawan creo que las mujeres sí somos menos violentas que los hombres, también por evolución. Imagínense que un cazador cavernícola hubiera tratado de convencer a un animal de que lo mejor era dejar de resistirse a la muerte, en lugar de atacarlo con toda la furia de la que era capaz, muy probablemente nuestro antepasado habría muerto en tal intento así como quienes hubieran osado imitarlo. La agresividad que en aquella época era tan útil tuvo que encontrar otras formas de manifestación, una de ellas constituida por los conflictos armados, que en su mayoría han sido iniciados por hombres. Para comenzar una guerra hace falta estar en una posición de poder y las posiciones de poder con frecuencia han sido ocupadas por los hombres, hasta antes de la Primera Guerra Mundial aproximadamente, cuando las mujeres debieron salir de sus hogares y asistir a las fábricas donde trabajaban sus maridos para continuar la producción, por ende, el desarrollo de las naciones.
Antes de este acontecimiento nadie se preguntaba, o pocos, si era conveniente o no perpetuar las labores que tradicionalmente le habían correspondido a su género, el grueso de la población seguía los patrones prefabricados que aprendieron de sus padres por modelamiento, forma de enseñanza muy efectiva.
Luego del conflicto armado que mencioné líneas atrás, las mujeres tuvieron la oportunidad de comparar su labor dentro del núcleo familiar con las ocupaciones que se realizan “independientemente” de este.
Pasada la guerra los hombres volvieron a ocupar sus antiguos trabajos pero el mundo ya no era el mismo, ellos traían consigo traumas creados en el conflicto y ellas la experiencia de ver cómo es el mundo fuera de casa. De forma consecuente con este fenómeno, los ideales y expectativas cambiaron, en especial las femeninas, porque al fin y al cabo los hombres han estado acostumbrados y hechos para el combate desde el principio de los tiempos, la guerra es un tipo distinto de combate pero combate al fin.
Las mujeres somos un cuento y ser “aparte”. Si nos engordamos más fácilmente es porque nuestros cuerpos han sido diseñados para acumular grasa que después será leche que alimentará a nuestros bebés.
Desde la Primera Guerra Mundial pasaron muchas cosas, entre ellas otra guerra que recordó lo aprendido en la anterior y un movimiento de liberación femenina que todavía se siente.
Hoy en día a muy pocas mujeres se las cría para cuidar una casa y atender un hogar, yo misma no fui educada para ello. Si bien me enseñaron a hacer oficios varios el ejemplo que me han dado apunta más a que sea una profesional de éxito alejada de las faenas caseras, las cuales quizás deba conocer para indicarle al servicio doméstico el mejor modo en que deben ser realizadas, pero si no lo sé no pasa nada. Tener más de una empleada también es sinónimo de “éxito”. Tanto me monté en este paseo y me creí la película que se me estaba olvidando algo importantísimo: ¡soy mujer!, las relaciones y la familia son primordiales para mí.
Mientras estuve en la universidad el estudio fue mi prioridad cabeza de lista, como consecuencia el final fue muy relajado, me permitió dedicarme a actividades extracurriculares que antes no me permití. Ahora que ya casi se van a completar dos años desde mi graduación puedo ver con mayor perspectiva el impacto de esa experiencia en mi vida.
Seis meses después de haber recibido mi diploma llegó una llamada del decano de mi facultad avisándome que debería asistir a una nueva ceremonia de grado para recibir un reconocimiento por haber quedado entre los diez primeros puntajes en la prueba del ECAES, fui, sí, mi mamá también y nadie más, yo ya no me sentía tan feliz, estaba pasando por un momento tensionante en la relación con mi novio y prefería miles de veces estar bien con él que tener ese documento con mi nombre en el y firmado por la ministra de educación, pero esa era la recompensa a mi esfuerzo, durante cinco años me dediqué a estudiar más que a otra actividad y allí estaba el resultado. En ese momento y ahora mientras escribo recuerdo un capítulo de Ally McBeal en donde en medio de una pijamada con sus compañeras de oficina las regañaba con razón, les decía que si querían tener una pareja estable debían dedicarle a la búsqueda del hombre indicado y luego al mantenimiento de la relación que logren con él, en caso de que todo salga como lo desean; un tiempo considerable, similar, igual o mayor al que le dispensaban a sus actividades laborales en donde tenían tanto “éxito”, mismo que paradójicamente no las satisfacía.
Estas divagaciones a veces las hago en compañía, creo que la última vez fue con Andrés mi mejor amigo, cuando llegué a esta conclusión se rió mucho, como de costumbre, me decía que era la primera mujer a la que oía aceptar algo que es obvio, para mí tiene razón. Él dice que las mujeres se esfuerzan en exceso tratando de convencer a los demás (durante el procedimiento también tratan de convencerse a sí mismas) de que su trabajo, su profesión es todo lo que necesitan para sentirse plenas, satisfechas y realizadas en la vida y que si se les hace tarde para tener hijos porque no pueden darse el lujo de suspender su espectacular, meteórico ascenso laboral, pues luego el mundo profesional les pasaría la cuenta de cobro con intereses, mas la verdad es que en su fuero interno el instinto maternal grita y ellas tienen que hacer montones de peripecias para acallarlo. Bueno, no sería justo darle todo el crédito a él. Algunas de estas ideas también las he extraído de una antigua versión del programa radial La Hora del Regreso.
Sea de quien sea la idea la esencia es que si bien hay mujeres completamente convencidas de que su centro será el área profesional, o con mínimas dudas al respecto, pues veo esta como una mejor forma de expresarlo, también existen algunas que tienen mínimas dudas de que su centro es la familia y para llegar a ella un paso lógico es la vida en pareja.
Partiendo de mi contexto, este país y esta época, soy consciente de que para vivir del modo en que me gustaría tendría que aportar económicamente a mi familia, pero también sé que si deseo tener hijos bien formados y con valores claros, profundos, es necesario que alguno de sus padres pase mucho tiempo a su lado.
Sé que el centro de la vida de un hombre es su trabajo (al menos la mayoría de ellos), eso no lo discuto, sólo pido que ese hombre que esté a mi lado saque tiempo para mí y para la familia que arme conmigo.
Ja, sí, sobretodo va a ser sólo eso lo que pido, más bien lo dejo en que es lo que pido en mi área afectiva.
Aunque en los hombros de las mujeres recae un gran porcentaje de la responsabilidad de la crianza de la descendencia eso no excusa a los hombres para que se desentiendan de este importante asunto. Los niños y las niñas necesitan modelos masculinos y femeninos claros pues marcan su desarrollo. Nosotras las mujeres tampoco podemos desentendernos de las obligaciones laborales, empresariales según el caso. No pasa nada si ayudamos, aprendemos y/o hacemos parte de las actividades remuneradas de nuestras parejas.
Yo creo que disfrutaría indefinidamente trabajando del modo que lo hago actualmente. Tengo tiempo libre para leer, escribir y hacer vueltas y si tuviera hijos, para criar. Si estuviera junto a alguien que necesitara más tiempo yo podría ayudarle con algunas de sus actividades, cosa que no me haría menos mujer, todo lo contrario. Por el modo en que fui criada no me siento cómoda dependiendo de un hombre económicamente, al menos no por completo, pero tampoco anhelo tener que estresarme porque la casa se puede venir abajo si dejo de trabajar, así concluyo que del todo no me disgustaría ser mantenida.

lunes, mayo 01, 2006

¿Por qué?

Porque cuando lo llamo siento un vacío en el estómago, porque cuando lo veo me tiemblan las piernas, porque aún sueño con él, porque llevo más de 2 años pensando en él a diario, porque cuando no está lo extraño, porque el sabor de los domingos no es el mismo sin él a mi lado, porque me hace falta el arrunche de fin de semana viendo televisión, porque tengo ganas de ver películas viejas de terror a su lado, porque escucho una y otra vez las canciones que bajó a mi PC, porque digo PC como él, porque me gustaría que él caliente mis pies cuando los tengo fríos, porque cuando pienso en él mientras no está siento un nudo en la garganta, porque se me encharcan los ojos cuando siento el nudo en la garganta al verme recordarlo tan intensamente, porque he escrito cartas dolorosas para que comprenda lo que siento, porque he borrado las cartas dolorosas que le he escrito, porque me duele leer las palabras dolorosas que le he escrito, porque leo sin falta lo que publica así sea a escondidas, porque el arroz chino no sabe igual si me lo como sola o con otra persona, porque estar tan flaca no tiene gracia si él no lo disfruta, porque extraño que me prepare papas saladas en el microondas, porque en mis conversaciones con otras personas él sale a la luz tarde a temprano, porque aún me pregunto si alguna vez piensa en mí, porque me pregunto si me desea, porque extraño verlo mientras la consiente, porque extraño sus besos, porque me pregunto si movería sus contactos para ayudarme a publicar mis escritos, porque me gustaría que hiciera una conexión desde mi PC al equipo de sonido, porque me gusta verlo lavar la loza, porque me gusta que disfrute lo que yo cocino, porque le doy besos a mi toro pensando en él, porque me gusta destender la cama con él, porque me gusta hablar con él de tarot y runas, porque me gusta su forma de ver el mundo, porque echo de menos sus clases improvisadas de música y deportes, porque me encanta estar en su casa solo con él, porque me gusta que llueva estando con él, porque me gusta sentir frío junto a él, porque su indecisión me enseña y fortalece mi fe, porque el dolor de su ausencia es un karma que me sirve para pagar mis viejas deudas, porque su buen inglés me motiva para mejorar el mío, porque es más competitivo que yo, porque es emprendedor, porque su sonrisa me desbarata, porque sus reservas me encienden la curiosidad, porque sigo descubriendo señales positivas en todas partes, porque su gesto para invitarme a estar junto a él es encantador, porque su olor es fascinante, porque es uno de los hombres más inteligentes que conozco, porque a su lado me siento segura y casi invulnerable, porque la abstinencia de él es una completa porquería, porque me cuesta recordar qué me gusta recibir de él, porque me gusta mucho darle, porque estar a su lado me hace mejor persona, porque vivir sin él al lado es posible pero muy difícil, porque casi casi sería mejor no haber vivido lo vivido con él que tener esta tristeza constante, porque deseo que sea realmente feliz, porque le deseo lo mejor del mundo así sea lejos de mí, porque no he vuelto a verlo tan feliz con otra mujer como lo estuvo a mi lado, porque extraño sus correos cortos y dulces, porque extraño su escuchar atento, porque no me gusta tener que pensar dos veces antes de llamarlo, porque me gusta confiar en él, porque me gusta que confíe en mí, porque el amor puro no conlleva circunstancias negativas, porque pido muchos consejos pero en últimas hago lo que se me da la gana, porque a veces dudo, porque su presencia hace mi ambiente cálido, porque tiene mirada y manos de niño, porque sus caricias son hermosas, porque sabe guardar secretos, porque su pasión por las cosas inspira, porque a su lado los silencios son tranquilos así haya música de fondo…

Por todas estas razones es que si quisiera encontrar la forma de olvidarlo ya la habría encontrado, como no quiero no la encuentro, es más, no la busco.

Suena:
White Flag – Dido
King of Pain – The Police
Shape of my Heart - Sting