miércoles, julio 26, 2006

Famosos Anónimos

Desde niña me he preguntado cómo es tener la atención de muchísimos desconocidos sobre sí. Atención tanto positiva como negativa.
Poco a poco he destilado mis pensamientos hasta concluir varias cosas.
Debido a mis proporciones antropométricas y a alguna armonía entre mis rasgos con facilidad cuento con la energía de ojos extraños sobre mí, es decir que difícilmente paso desapercibida aunque me lo proponga, creo que en parte por esto prefiero la ropa de tonos oscuros, esta me permite confundirme, mimetizarme con el fondo de los escenarios donde me muevo. Los colores brillantes en los atuendos son como letreros que dicen “MÍRAME”, “PRÉSTAME ATENCIÓN”, “NO ME IGNORES” o así lo ven mis ojos.
Si una persona se acerca a mí intentando agradarme por medio de la mención de mi pseudobelleza física el efecto será muy pobre u opuesto al deseado, prefiero que la gente note primero mi “contenido”.
Al vivir estas experiencias he notado que siento más admiración por aquellos personajes que logran ser reconocidos por los frutos que generan sus procesos cerebrales y no por las exhaustivas sesiones en gimnasios y centros de estética.
A mi disgusto he tenido que aprender técnicas de arreglo personal para captar la atención que necesito, con el fin de dar a conocer mis puntos de vista, estoy en un mundo muy visual y a menos que modifique mi comportamiento sé que no lograré los objetivos que me he propuesto si me niego constantemente a seguir las reglas tácitas que regulan el trato social.
Luego de largas reflexiones he comprendido cuál es la imagen que quiero proyectar a los demás y porque, aunque a veces soy una paradoja humana, creo que cada día logro sintonizar mi pensamiento, mi sentir, mi acción y mi discurso, viendo en el mundo material los resultados que deseo. La imagen que deseo proyectar es la más cercana posible a la que yo misma tengo de mí, una mujer antipática en principio pero muy dulce con sus amigos, una escritora mediocre de vez en cuando que se alegra de no ser famosa todavía porque así puede escribir por gusto, sin obligación y sin temor de decepcionar a nadie porque precisamente está protegida por su anonimato.
En estas mismas líneas yace la razón por la cual privilegio establecer el primer contacto a través de medios electrónicos y no de otros más personales.

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