sábado, marzo 25, 2006

Cuando se dió cuenta de que se estaba reescribiendo... rompió la hoja.

Tuvo que escojer entre ella y él...
se escogió a sí misma...
porque se amaba más.

Y así,
decidió un día cerrar las persianas de su ventana para que él no pudiera mirar más su vida.

Aún no estaba contenta, pero sabía que la tranquilidad era un paso hacia la alegría.

Se necesita más valor para cambiar que para seguir igual.

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Un día comprendío que la comodidad de ellos se basaba en su incomodidad... ese día decidío incomodarlos.
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Ya conocía sus plazos y cada vez los cumplía con más puntualidad, incluso inconscientemente.

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