viernes, enero 26, 2007

De los sueños (1)

Estoy en una de esas rachas en las que quiero escribir tanto que quizás podría lograr una novela entera… o al menos intentarlo. 

Por estos días he decidido dejar de dar clases para dedicarme a acumular experiencia en el área de investigación de mercados y para darle cabida a mi oficio de “averiguavidas” especializada en el arte de “meterse en el rancho ajeno”, es decir, enfrentarme de cara con los demonios de la naturaleza humana practicando a tiempo parcial el área de psicología clínica. 

Con el fin de completar el ciclo que comencé con mis antiguos alumnos, me he propuesto para este año escribir 48 artículos de temas variopintos, apuntando todos al conocimiento de sí mismos, esperando que eso tenga impacto en la vida de alguien, además de la mía. 

Hago yo los honores y me sumerjo en un tema que me apasiona: los sueños. Hablaré de los más extraños que he tenido, no tanto en su contenido sino por sus características, poco a poco me iré haciendo entender mejor, que los hacen resaltar entre los que tengo todas las noches, porque el ser humano sueña todas las noches así no recuerde el contenido de esos viajes nocturnos. 

Se dice que cuando una persona recuerda con mucha claridad y con mucha frecuencia sus sueños no está descansando bien, pues la fase de sueño profundo en la que los ojos se mueven rápidamente – de allí su nombre MOR, Movimientos Oculares Rápidos – es para completar el ciclo de descanso pero no para ser recordada todas las veces, al menos eso es lo que dicen quienes le explican de este modo, pero yo creo que si uno descansa bien, es decir, que al despertar se siente fresco y despejado y además recuerda sus sueños puede aprovecharse de ellos para entenderse mejor y hasta encontrar guía para los momentos venideros. 

Un punto importante a la hora de dormir es el saber encomendarse a una fuerza superior o divina para que nos proteja mientras descansamos. 

Es frecuente que se tengan experiencias llamativas durante ese estado, algunas son agradables y otras poco menos, para evitar las segundas es que se debe pedir al ser en el que creamos que nos proteja y nos acompañe con especial cuidado en esos momentos, incluso se le puede pedir que nos lleve a sitios donde podamos aprender lecciones valiosas que luego aprovecharemos cuando estemos despiertos. 

En quién o qué se crea importa poco, lo valioso es la fe pues ella es la que obra efectos, por eso es tan válido pedirle protección y guía al Ángel de la Guarda o a Mahoma en esos momentos que estamos algo indefensos. 

Estas líneas nacen de la experiencia, yo misma las he probado y me han traído sueños tranquilos cada vez más ricos en significados. 

Es importante comenzar poco a poco para no saturarse de información, pero también es recomendable comenzar alguna vez, de lo contrario el exceso de datos puede llegar a ser contraproducente y lo digo por experiencia.

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