jueves, febrero 08, 2007

Un cuento mientras se lee otro (5)

Su mente estaba siendo buenita con ella, le ayudaba a entender poco a poco que las coincidencias que antes se esforzaba por entender como designios divinos eran únicamente el índice en el libreto de su vida, le daban pistas acerca de lo que ocurriría pero no eran sentencias acerca de hechos fijos o probables, eran como el preview de su vida.

Laura creía que las palabras de la astróloga de Daniel sólo habían dicho lo que él quería oír, pero como Laura aún se sentía atraída hacia él era muy difícil saber si lo que creía era la base para darle rienda suelta a sus emociones o una premonición auténtica, de todos modos no tenía ánimos para descifrarlo así como no le preocupaba el haber olvidado una de las ciudades francesas que mencionó durante una cena que compartió con él, le había hecho gracia la risa de Daniel cuando llamó su atención sobre el modo en que las nombró, una en español y la otra en francés.
En ese punto creía que esas coincidencias que ella estaba apenas aprendiendo a interpretar podrían ser muchísimo más confusas para una persona que se denominaba a sí misma como “ignorante” en el terreno de la espiritualidad y las leyes universales, sabía por experiencia propia que sólo se aprenden ciertas lecciones al vivirlas y que ya había cometido varios errores con él al darle las respuestas a preguntas que él ni siquiera había llegado a hacerse, pero de nuevo, no podía devolver el tiempo o no le era permitido, sólo podía ser paciente, algo que le costaba hasta el alma, para esperar cómo seguían desarrollándose los hechos, porque estaba claro que había ganado un amigo muy valioso y el una amiga muy valiosa, por lo que ninguno de los dos estaba dispuesto a perder la pista del otro. Mientras pasaban los años se daría cuenta de si estaba en lo cierto y de si Daniel estaba en lo cierto, en cuanto a quien consideraba la mujer de su vida, Laura de momento no veía a nadie que pudiera llevar ese título, de momento… quizás allí pudiera renacer la fe que tenía tan muerta por esos días.

Entre las confirmaciones que podía hacer estaba la de que Daniel creía que no podría suplir las necesidades de Paula, al menos no del modo en que ella estaba acostumbraba, esa era una de las causas de su constante aflicción encubierta, una de esas facetas de él que negaría incluso si se le pusieran en frente pruebas de ella. Estaba notando que era capaz de ver a través de él emociones e incluso sentimientos a los que Daniel llegaría sólo varios días después, por eso la sorprendía tanto que él no la hubiera gritado o incluso echado de su casa mientras estuvo allí, pues al fin al cabo si alguien se lo hubiera hecho a ella su reacción habría sido mucho más airada y violenta que las diplomáticas sonrisas acompañadas por silencios que él emitía cuando tocaba puntos que Laura consideraba críticos. Tenía la sensación de que le era fácil percibir cuando se estaba adentrando en espesas selvas emocionales. Entre más entendía y más analizaba, más deseos sentía de compartir con Daniel sus conclusiones o quizás con otros para que disfrutaran de lo que ella, nada humildemente, consideraba una muy buena composición literaria, quizás hasta podría ayudar a algún desconocido a entender los hechos de su vida, todo por esa maldita o bendita manía de querer ayudar hasta a quienes no se lo pedían, misma que sentía, la convertía en alguna especie de santa a la que el Universo no le permitía portarse ni un poquito mal porque tarde o temprano se lo cobraría, de hecho estaba sorprendida porque no le había pasado nada atroz luego de meterse en terrenos que al parecer sólo le correspondían al poder mayor. Igual ¿qué sentido tendría mostrarle sus conclusiones?, sólo estaría repitiendo el error del que ya se estaba arrepintiendo. El proceso de Daniel era único e irrepetible, sólo él podía atravesarlo como, cuando, donde y con quien debía, si Laura insistía en interponerse podría echarse encima una carga con la que no podría seguir adelante, pues para sí ya tenía mucho con lo qué lidiar.

Conforme iba avanzando por las páginas del cuento que Daniel había escrito para Paula, Laura podía darse cuenta de que era una oda al amor que había sentido por ella y que ahora pataleaba en el interior de él negándose a morir. Leer una gran larga plana en la que se leyera “Daniel ama a Paula” tendría el mismo significado, pero Daniel se las había arreglado para hacer que ese sentimiento tomara giros interesantes y se expresara de modos mucho más creativos y amenos que los garabatos de un niño de 5 años que está aprendiendo a comunicarse de forma escrita. En ese momento Laura estaba impedida para determinar si este cuento era más cursi que el anterior o si sólo lo sentía así luego de los sucesos recientes. Se preguntaba ¿por qué no había visto antes lo conectado que estaba Daniel con su parte femenina?, pues por el modo en que escribía era obvio que su entendimiento de la naturaleza femenina sobrepasaba con mucha ventaja el que ella misma tenía de su género opuesto, por eso le habría gustado tener la oportunidad de relacionarse más con hombres durante su pubertad y su adolescencia, estaba convencida de que eso le habría ayudado a comportarse más adecuadamente en presencia de quienes le atraían, pero por otro lado sabía que justamente su crianza y los escenarios que rodearon su crecimiento moldearon la característica personalidad que parecía atraer a personas interesantes, mismas que sentía sólo llegaban a atisbar un poquito de ella como los asistentes a una feria que entran durante unos minutos a maravillarse con el aspecto de la mujer barbuda, mismos que más tarde abandonan el sitio con una mezcla de alivio y temor al saber que no tendrán que encontrarse con una rareza así a menos que ellos así lo decidan, no a esas personas no les gustaría entablar amistad ni ninguna otra relación duradera con un fenómeno de esos.

2 comentarios:

*Blue*Princess* dijo...

interesante historia!

Licuc dijo...

Gracias, me alegra que la disfrutes.