sábado, marzo 17, 2007

Descifrando el acertijo (4)

Al llegar a mi casa confirmé que mi jefe había preparado mi traslado a la oficina para la mañana siguiente.

Dormí un poco pero para las cuatro de la mañana ya estaba despierta otra vez. Hacia las cuatro y cuarto sentí un fuerte pero corto temblor que me asustó, algo estraño pues suelo gozar cuando la tierra se mueve, con mayor razón al vivir en un piso alto, se siente más y me agrada la sensación de vacío que me provoca.

Cuarenta minutos después al saber que no sería mucho más lo que podría dormir me levanté y arreglé mi cama, en contra de mi constante costumbre de hacerlo casi cuando voy a dormir. Pasé a la ducha cuando todavía era de noche, me vestí e hice todo lo demás tan rápido como pude para no llegar tarde al punto de encuentro donde me recogería una de las hermanas menores de mi jefe para llevarme a la oficina. Tanto correr sirvió y salí caminando rápido, pero dentro del cronograma.

Llegué a la portería del conjunto donde ella vive y ya era de día. Una abuela y el portero de la unidad residencial hablaban del temblor mientras yo me quejaba para mis adentros del frío que me hacía doler las orejas. Por suerte allí estaba la bufanda verde que un amigo me había regalado para mi cumpleaños, calentándolas alguito.

Al poco tiempo, poco que pareció eterno, ví a la hermana de mi jefe haciéndome señas para que entrara al parqueadero. Se veía más seria que cuando me recibiera algo más de una semana atrás en la oficina de mi superior, pero no podía quedarme meditando el asunto si quería que me llevaran de forma algo cómoda al que sería mi nuevo sitio de trabajo.

Subimos al carro y fuimos a donde una de sus hermanas para que dejaran a su hijo, pues ella es su niñera mientras trabaja. Tomamos rumbo al trabajo entre comentarios cortos y conformes con ese tipo de vida. Al fondo sonaba la emisora Candela Estéreo con chistes flojos y de doble sentido que para el piloto y la copiloto eran muy graciosos. Ah, cómo se divierte la gente simple.

Llegamos a nuestro destino con veintiséis minutos de sobra.

Estuve en la oficina de la hermana de mi jefe mientras ella llegaba, hablando de todo y justo tocamos un tema que me dio una pista. Ella preguntö:

-¿Qué hubiera hecho si no hubiera pasado a ninguna de las dos universidades a las que se presentó cuando quiso estudiar?
-¿Para qué pensar en eso si finalmente pasé?, fue mi respuesta pero no reflexioné mucho al respecto.

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