sábado, marzo 17, 2007

Descifrando el acertijo (6)

Mientras íbamos de vuelta a la oficina comencé a darles los informes de mis apreciaciones a mis superiores, luego desde el celular de uno de ellos llamé al dueño de la segunda casa visitada para informarle que había sido elegido para cubrir uno de los cargos vacantes, por lo que debía acercarse a la empresa para comenzar el proceso de contratación. La alegría en su voz fue evidente por lo que creo que pensó que el tiempo que esperó en la sala de reuniones, casi hora y media, bien había valido la pena. No dirá lo mismo el otro hombre, menos si nadie lo llama a contarle los resultados de la visita.
En esta ocasión me aseguré de que supiera que podía almorzar con tranquilidad pues tenía tiempo antes de ir a comenzar el papeleo. No quería que volviera a sentirse inútil como en la mañana. Por más que fuera a ocupar un cargo operativo merecía tanto respeto como el dueño de la empresa.

Ese pequeño proceso de selección en el que yo había participado, salía justo como lo había presentido antes en la sala de reuniones.

Luego de hacer esta llamada mi jefe me dijo que una de los procesos adicionales que debía cumplir era la actualización de los manuales de funciones. Me quedé callada pero mi naturaleza guerrera empezó a preparar el contraataque. Más tarde en el mismo trayecto le pregunté si podría trabajar con mayor intensidad entre semana para evitar ir a la oficina el sábado a lo que se negó diplomáticamente argumentando que la actividades y el personal que debía ser atendido no podría ajustarse a mi pedido. Obtuve también una respuesta negativa cuando le dije que si al menos podría salir una hora antes los días que su hermana no tenía pico y placa y que por ende no me acercaría a mi casa.

Para este momento la cosa comenzaba a ponerse delicada. Ahora que me tenían segura en el cargo comenzaban a sacar las garras lentamente.

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