sábado, marzo 17, 2007

Descifrando el acertijo (7)

Llegamos a la oficina en medio de las absurdas dos horas de almuerzo que determina el horario laboral de esa organización pero con muy poco tiempo para comer. De nuevo ingerir alimentos muy rápida pero nada sanamente y luego ir a atender a otra persona que tenía citada para las dos de la tarde. Durante el almuerzo mi jefe me contó cómo había creado la empresa y cómo se había ganado la oportunidad de tener una educación superior.

Poco a poco noté algo del resentimiento social que siente hacia personas que tuvimos la dicha de estudiar una carrera profesional sin hacer tanto esfuerzo. Ella está convencida de que todos los profesionales somos iguales, que nada nos puede quedar grande y que en lo posible debemos convertirnos en adictos al trabajo para demostrar que nos merecemos el privilegio que tuvimos.Yo traté de disentir diciéndole que me parecía muy loable su esfuerzo porque no todos los profesionales crean empresa, aunque a mí también me parece lo ideal, mas le aclaré que el ser profesional no se logra sólo con pasar por una universidad sino permitiendo que la universidad pase por nosotros, cosa que muchísimos no logran.

El carácter de mi jefe ya se había hecho evidente en la mañana, cuando presencié un regaño a una de sus empleadas por una borrachera mal manejada. Su actitud fue como la de una madre con una hija, pero francamente no sé para qué me hizo estar ahí. Desapruebo la forma en que se comportó esa jovencita pero me dio pena ajena el comportamiento de mi jefe.
Así iba comprobando poco a poco que cuando su esposo murió ella se refugió en el trabajo y en la vida de los demás.
El esfuerzo de tanto tiempo, el que ella junto al dueño, que también es su tío político, hicieron para crear esa compañía hoy está en juego pues ellos no creen en la competencia de sus primos e hijos, respectivamente, para que continúen con el legado que ellos en algún momento les entregarán. Entre más se tiene, más hay que trabajar para mantenerlo. Ella poco de vida tiene afuera de su oficina. Vive sola y está pendiente en exceso de sus padres. Su única motivación para levantarse por ella misma es el trabajo que hace a diario y se queja de dientes para afuera porque nadie logra ayudarla a llevar tal carga sobre sus hombros, pero la verdad es que si alguien se ofrece a hacerlo le exigirá que siga su ritmo y que se deje absorber por el modo en que ella está convencida, tienen que hacerse las cosas.

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