miércoles, julio 04, 2007

Apatía

Partiendo del comentario dejado por este señor en esta entrada decidí escribir la presente columna, artículo o como quiera ser denominado, teniendo como objetivo explicar un poco más a fondo la situación.

Estoy totalmente de acuerdo con que en momentos sulfurados lo mejor es dedicarse a tomar calma y cuando ya todo se vea del color normal, sin los filtros de la emoción, decidir lo que se debe hacer a continuación, sin embargo es claro que ella prefirió “resolver” el tema como primero se le vino a la mente, modo de actuar que respeto y que no comparto. En esa conversación intenté negociar y zanjar positivamente el tema, mas era completamente obvio que ella no estaba dispuesta a escuchar ni a dialogar, por lo que desistí y la dejé para que hiciera lo que quisiera.

Una de las cosas más importantes para mí en la vida son los amigos, por eso a veces, con mucha frecuencia, pongo sus intereses por encima de los míos, en parte porque siento que soy muy buena amiga y por otra porque estoy convencida de que ellos son esa familia que uno tiene la suerte de escoger, misma que me acompañará cuando todos mis relativos de sangre hayan fallecido, al menos espero que suceda en ese orden para no quedarme sola.

Creo que la amistad sincera es escasa pero me siento bendecida al contar con pocos pero valiosos amigos. Ella era una de ellas. Era. Ella no es psicóloga, está tratando de sacar adelante su tesis de sociología, en todo caso no es excusa.

Como los ingenieros de sistemas sufren porque cuanta persona que conocen les pide que les mire el computador, los psicólogos cargamos con el sino de que las personas nos quieran hacer consultas gratuitas todo el tiempo y que se nos exija ser muy equilibrados olvidándose de que somos antes que profesionales seres humanos. Entre las filas de políticos y grupos armados también hay psicólogos, además de todo tipo de profesionales, pero igual, primero son seres humanos.

Siento que las mujeres, más que los hombres basamos nuestras relaciones en la cercanía y en la confianza, en esa que nos asegura o al menos nos echa el pajazo mental, de que quien tenemos al lado si bien no nos ayudará en todo momento, no nos dañará apenas tenga la oportunidad. Así me siento yo, como que apenas bajé la guardia alguien en quien confiaba me dañó. A pesar de que con ella manteníamos una relación más parecida a la amistad, que he notado, se da entre los hombres, es decir que no éramos compinches que andan para arriba y para abajo todo el tiempo, la sentía muy cercana, pero en ningún momento sentí que estaba haciendo puntos o generando ganancias con mis acciones. Si eso quisiera me habría quedado en alguno de los trabajos de oficina que me han ofrecido, porque como me lo recordara anoche mi mejor amigo, las empresas no tienen corazón, entonces, si uno no puede confiar en los amigos ¿en quién puede confiar?

Esta traición, porque así la percibí y la sigo percibiendo, llegó en un momento en que siento que estoy harando en el agua. Levantarme en la mañana para intentar generar nuevos negocios resulta para mí una tarea cada vez más titánica, porque por más que trato de hacerlo de forma justa y honrada siento que no estoy logrando nada.

La amistad para mí, más allá de esas viejas credenciales que uno regalaba cuando era un chinito, es uno de esos espacios de distensión en los que se puede hacer cosas y decir cosas sin sentirse juzgado ni evaluado, cuando eso se pierde no queda nada. La amistad simplemente se disuelve. El punto central es la confianza, lo reitero.

Creo que en ese detalle yace tanta violencia, en la falta de confianza, entre otras cosas, la violencia que hay en Colombia. La palabra no vale, todo es por escrito y por cuenta de la innovación de los delincuentes el trabajo honrado se hace más complejo.

Que hoy ni por estos días se me pida que vuelva a confiar en ella. Mi sentimiento de esperanza está en caída en la bolsa de valores humanos, más cuando acabo de leer El Cadáver Insepulto de Arturo Álape.

2 comentarios:

Vladimir dijo...

En unos comentarios que puse en los posts y reruns de meza acerca de la "dreamed mate", le hablaba cómo de para mí lo más importante es la confianza. "the trust".
Estoy muy de acuerdo cuando dices que es lo que más (o mejor dicho realmente) importa. Al fín y al cabo, la amistad verdadera es amor, sólo que sin el componente romántico/sexual. Y en el amor no hay nada más importante que la confianza.
El problema es que a ésta edad uno empieza a darse cuenta de que la confianza es escasa. es difícil de tener. y con la experiencia acumulada con los años uno (es decir todos) se vuelve más receloso, confía menos. La amistad que tenía con mi mejor amiga de colegio, parece hoy algo irrepetible. Incluso, confianza en uno mismo, en que uno "si sea buen amigo", en que uno "no le haga daño a otros", esa confianza también se va fracturando con los años.
La confianza es lo más importante en la vida. es la FE. es la razón por la que batallan ángeles y demonios.
La pregunta que me parece realmente interesante es, "la confianza en que?". "en que es exactamente que quiere poder confiar uno?". "¿en que es exactamente que confiaba uno cuando las cosas sí estaban ok?". "¿en que es que quiere uno poder confiar con el amigo de verdad o la pareja?". Para mí, esa es la pregunta interesante

Paradoja Humana dijo...

Creo que la respuesta te la has dado tú misma, es fe, es creer, confiar en que lo que se hace tiene sentido y yo le agregaría pasión, eso que te saca de las cobijas para ir a trabajar así sea en Bogotá y el cielo todavía no aclare.