sábado, julio 21, 2007

Nunca quise ser presidenta

Cuando era niña mis juguetes favoritos eran los muñecos de peluche, a las muñecas poco cariño les tuve, a excepción de las Barbies y quizás por eso se me atravezó por la cabeza la idea de convertirme durante una corta temporada en cuidadora de zoológico, no veterinaria y así he deseado tener muchos oficios, pues difícilmente se les reconoce como profesiones.

En esta cacería del mamut han sucedido muchas cosas, como por ejemplo que otro cazador más hábil me salió al paso y le clavó su lanza en la yugular con lo que estableció total soberanía sobre la presa, mientras, yo mirando de lejos pensaba “siquiera que no me va a tocar lavarle la sangre al piso de mi cueva”, lo que traduce que me alegro de no haber conseguido tal trabajo porque a pesar de mis actos sé que meterme en una oficina a trabajar equivaldría a firmar mi reserva en una clínica psiquiátrica.

Pasan tales reflexiones y vuelvo a pensar en la época de los animales de felpa, tratando de ubicar lo que me apasiona, lo que realmente me encanta hacer en la vida y me encuentro con cosas tan claras como que nunca jugué a la novia con el mantel del comedor y que una vez con papel cuadriculado hice mis documentos de identidad, incluyendo el importantísimo pasaporte porque yo quería darle unas tres vueltas al mundo de ser posible cada año. Entiendo que lo mío es la investigación, el trabajo de campo, profundizar, hacer cosas que realmente valgan la pena y que tengan sentido para mí, cosas que me inspiren a levantarme por la mañana así haya que madrugar, actividades que parezcan útiles porque últimamente me siento como una mujer de primer mundo viviendo en el tercero y que por eso se niega a hacerse partícipe de rituales sinsentido que tienen por objeto socializar con personas que no le interesan y de las que simplemente no desea aprender nada, a menos que eso tenga impacto en metas más holísticas y que le paguen por eso.

Yo no ayudo por ayudar, menos si eso va en contra de mi bienestar, ya tuve que aprenderlo al comienzo del año y mejor que no se me olvide, porque es más adaptativo ser cínica en muchos casos que andar con el corazón en la mano todos los días. Será por esto que cuando era adolescente no le encontré el chiste a ser presidenta de Colombia, mucho trabajo por tan poca recompensa, así paguen una millonada el precio que se paga en salud, libertad y la presión de tener sobre los hombros tanta responsabilidad decididamente no es algo para mí, menos eso de estar dándole contentillo como sea y por donde sea a todos los grupos que tienen influencia en el país, muchas veces yendo en contra de principios e incluso de la misma lógica. Yo prefiero seguir siendo una doña nadie que se satisface a sí misma y que se deja llevar por los caprichos de la creatividad con la que decide diseñar su día a día.

2 comentarios:

ApoloDuvalis dijo...

¡Amén!

Creo que estamos condenados a hacer lo que nos gusta porque para eso fuimos diseñados. Lamentablemente a veces la cultura y la sociedad en la que vivimos espera de nosotros cosas distintas a la de nuestro propósito en la vida.
Tal vez una sociedad nómada de cazadores-recolectores se la pondría más fácil a los miembros de la tribu, pero nosotros tenemos tantas opciones que es más difícil desprenderse del "qué dirán" que encontrar una carrera o un oficio que nos guste.

ApoloDuvalis dijo...

A propósito, el discurso de Steve Jobs en la graduación de los estudiantes de Stanford me parece totalmente relevante.