miércoles, octubre 17, 2007

Estar conmigo y otras formas de perder el tiempo





Soy totalmente consciente de que a la hora de elegir un hombre para comprometerme con él exijo muchísimo y por eso ahora estoy soltera. Conformista es una de esas palabras inútiles para describirme, sólo sirve para denominar listados de cosas simplonas y sin futuro en mi vida, cosas que me niego a aceptar. Conformistas son aquellos hombres que, como la gran mayoría, se sienten atraídos de primera mano por la belleza física, pero que no tienen para ofrecer magníficos cerebros, interesantísimos intelectos y estupendas personalidades.



Con alguna dificultad he comenzado a aceptar que para atraer a personajes completos en cuerpo, alma e intelecto es necesario verse bonita, pues la apariencia agradable es necesaria para acercarse a ellos. Sin embargo es imperfecta y allí nacen mis problemas.



Si salgo a la calle sin maquillaje, ropa oscura y sin cepillarme el pelo es poca la atención que consigo, lo cual me permite pasar desapercibida, situación que me da cierta comodidad. Cuando decido acentuar mis gracias y esconder mis defectos las miradas vienen a mí con alguna facilidad, pues naturalmente tengo características que me alejan del promedio nacional, sin embargo las miradas vienen de variados sectores, algunas de las cuales francamente me gustaría poder pasar. Para nada disfruto de los comentarios groseros, de por poner un ejemplo, los obreros de la construcción. Para ellos no me arreglé y lo último que espero es que les parezca una mujer despampanante, pero ahí están. Cuando uno decide adornarse debe aceptar las consecuencias, tristemente lidiar con la falta de educación y de respeto de las clases bajas suele ser una de ellas.



Con algo de suerte también podré robarle unas miradas a los tipos que me interesan, pero dados los porcentajes de existencia de ellos, es mucho más probable que pase un día entero teniendo que soportar estupideces antes que invitaciones a salir provenientes de tipos valiosos.



Intentando ser optimista imaginaré que un hombre ha pasado el filtro inicial, me ha invitado a salir y he decidido aceptar. Resulta que tenemos una primera cita agradable y parece ser un buen hombre, pero de química cero. ¿Cuál es mi siguiente paso? Conociéndome como me conozco lo más probable es que no mueva ni una pestaña para volver a salir con él, porque para mí la química es instantánea y si no se da desde el comienzo el tiempo no ayudará para que aparezca. Yo sé que esta posición puede sonar muy radical para algunos, incluso lo fue para mí durante algún tiempo, pero después de experimentar un poco con ella quedé convencida de su fuerza.



He sido cuestionada por invertirle tanta energía a un solo hombre durante largo tiempo, pues al final, en varias ocasiones la inversión se ha venido abajo. Se me ha presentado, como una alternativa más ventajosa ante este tipo de situaciones, el caerle a varios tipos al tiempo para tener planes de respaldo, así en caso de que una de las conquistas fracase tendré la posibilidad de triunfar en una de las alternativas restantes, lo que me permitiría distribuir de un modo más eficiente mis recursos.
Desde el punto de vista lógico es una muy buena propuesta, mas la verdad es que tiene varios inconvenientes desde el ángulo emocional, como suele suceder con los temas de relaciones.



Sólo en rarísimas ocasiones me he visto conociendo más de un hombre del espécimen que me hace enamorar apasionadamente, por otro lado pasar de echarle todas las ganas a un solo tipo para echárselas a varios pero repartiditas requiere de un procedimiento gradual para el cual creo carecer de capacidades suficientes.



Para darle chance a Cupido he optado por esperar 6 meses más o menos con cada hombre con quien salgo, me guste mucho o no, a ver si en ese lapso ocurre algo y hasta le doy sus empujoncitos en las salidas para luego no arrepentirme por no haber puesto de mi parte, pero si después, con todo y eso, se llega el plazo y nada sucedió con el fulano, chau y que te vaya bien, porque la ventana para una relación de pareja se cerró. En la teoría todo suena precioso, pero en la práctica debo reconocer que el tema se complica y harto.



Existen otras situaciones en que el hombre con el que salí me sigue gustando pero la atracción no es recíproca o por lo menos no en la misma medida, el tipo que tengo al frente es mucho muy interesante y ningún otro similar aparece en mi panorama, por lo que se me hace complicado en demasía alejarme de él, pues es divertido tener aunque sea una ilusión de compañía mientras la próxima oportunidad real de una relación romántica llega. Supongo que el mantener esa amistad de forma sana depende en gran parte de la madurez de los implicados y con sana me refiero a que más adelante no se vuelva un obstáculo para vivencias con más probabilidades de éxito en el largo plazo.



Hay otro punto que debo tocar y es el de porqué prefiero estar así, metida en una amistad confusa y no en una relación tranquila con un tipo cualquiera.



Tengo amigos que a veces se quejan por haber desaprovechado oportunidades mediocres de compañía pues creen que algo es mejor que nada así sea de mala calidad. Estoy totalmente en desacuerdo con ese modo de pensar. Entrar en una relación con alguien sólo por no desaprovechar lo que hay, ante mis ojos luce como la receta perfecta para el desastre.



Si yo me involucro con alguien de forma seria, a sabiendas de que esa persona no me llena y que siempre voy a estar buscando afuera a la indicada, al tiempo que me quejo de mi mala fortuna porque “esto fue lo que me tocó” o me siento mis cualidades “sólo alcanzaron para esto”, o porque “agradezca que le estoy haciendo el favor de estar con usted porque yo en realidad me merezco a alguien mejor”, la amargada y causante del desastre seré yo y sólo yo, porque el otro no se comprometió solo, yo tuve que participar para que él lo lograra.




Entonces, en resumen y para acabar este sermón, por respeto, simpatía y solidaridad con el otro prefiero rechazarlo, dejarlo de lado y no comprometerme con él si no me llena a plenitud. Por su bien y por el mío prefiero dejarlo libre para que una persona a quien le guste profundamente tenga la posibilidad de disfrutar su compañía y hacerlo feliz. ¿Quién sabe?, hasta de pronto él se termina enamorando de esa ella que no soy yo y son felices para siempre.



Sinceramente no tengo la menor idea de lo que vaya a ocurrir en mi futuro amoroso por eso las conclusiones que saco vienen de lo que llevo vivido hasta ahora, sólo seguiré disfrutando en semisoledad de escribir análisis inteligentes de este tipo de situaciones en la compañía lejana de mis amigos mientras llega un bizcocho de hombre justo para mí, dispuesto a borrarme el pasado del corazón.

0 comentarios: