lunes, marzo 17, 2008

El Reflejo del Ermitaño


Había quedado todo tan lindo pero es que esto de trabajar en computador ajeno es una mamera. No conozco bien este teclado y borré lo que tenía listo para publicar. En fin, trataré de re escribirlo.

Decía que desde niña mi mamá me inculcó la costumbre de enfrentar los problemas con el argumento de que no se les puede huir eternamente. A regañadientes me fuí convirtiendo en una persona muy responsable y hasta creía que había madurado mucho, mas la verdad es que aún siento ganas de salir corriendo cuando aparecen los obstáculos y últimamente me he dado cuenta de que este rasgo tan fuerte de mi personalidad me ha influenciado al punto que acepto compromisos cortos para darles respuesta, evitando así responsabilidades a largo plazo. También me pasa que cuando discuto con alguien me gusta irme, alejarme para luego no tener que arrepentirme por las cosas que en momentos de furia pude haber dicho.

Yo disfruto mucho mi soledad, mi cueva, mi casa, mis pensamientos y a veces me hace falta compañía, pero no cualquiera, me hace falta sentirme aceptada, valorada, con amigos reales, en confianza y como eso no suele ser algo frecuente prefiero estar sola porque me siento más segura así. Quizás por ser hija única y crecer entre adultos aprendí a desconfiar de los grupos grandes, pues desde mi papel de espectadora juiciosa descubrí que siempre existen subgrupos y rencillas entre ellos. Aún hoy en día sólo mantengo unos pocos amigos de verdad y pertenecen a distintos ambientes. Los intentos de combinarlos no han resultado muy exitosos que digamos.

Por estos días también me ha cuestionado mucho un libro que estoy leyendo, al punto de replantearme planes y sueños. Apenas voy saliendo de una crisis de fe importante pero tengo claro que aún no es tan fuerte como para convencerme en ausencia de pruebas, al fin y al cabo de eso se trata la fe, de que el karma funciona, pues como no creo en la reencarnación y sólo viéndola en acción se puede comprobar, pues como difícil.


Así que aquí voy yo con mi reflejo del ermitaño tratando de encontrar la senda media y recordando la frase que pude rescatar entre garabatos, una tarde que tenía refundida la inspiración:




Las cosas que se necesitan son muchas menos de las
deseadas.

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