jueves, junio 12, 2008

Soy inmadura...


...al menos para algunas cosas.

La verdad es que el tema de la madurez no me acaba de convencer.

De niña me decían con frecuencia que mi nivel de madurez era admirable porque para ser tan joven me controlaba muy bien, pensaba con cuidado mis decisiones, era responsable, honesta y evitaba, en general, buscar problemas.

Con el tiempo mantuve algunas de esas características y hasta comprendí que mi forma de ser ha sido en gran parte el resultado de haber crecido entre adultos, con poquísimos niños a mi alrededor, pero no tengo muy claro si avanzo o retrocedo en el camino de la adultez, sobretodo en algunas áreas, la laboral y la crediticia por ejemplo.

Por una práctica organizacional muy atropellada quede con 0 ganas de ser empleada y decidí trabajar por mi cuenta de modo indefinido, pero ahora que llevo unos años haciéndolo así he notado que no tengo las habilidades requeridas para ser una mujer de negocios y francamente no me importa. Estoy harta de competir con empresas que ofrecen servicios de mala calidad a precio de huevo y de rogar para que me paguen a tiempo cuentas de cobro con cifras ínfimas.

Trabajando así independiente he descubierto cuanto se complica seguir estudiando, algo que me encanta, y cómo se llega a aislarse por estar recortando gastos de áreas no básicas, la social entre ellas. Ya estoy aburrida de trabajar para Sanitas y próximamente para Protección, gracias al cuento de hadas que nos echa el gobierno para descontarnos plata dizque para la pensión, cuando un número cada vez más creciente de personas de mi generación tiene súper claro que ese privilegio lo disfrutarán por última vez la de nuestros padres y nadie más, porque de aquí en adelante a punta de reformas constitucionales y demás triquiñuelas jurídicas, seguiremos pagando impuestos pero para que otros se retiren.

Una vez entendí esta situación decidí hacerme el lavado de cerebro correspondiente y necesario para meterme en otro negocio, ese al que se mete la mayoría, el de ser empleado, uno que al parecer es de bajo riesgo y ganancias aceptables, porque para tener grandes utilidades es necesario atreverse a mucho. A decir verdad este no es el caso.

Siento que ser empleada es involucionar un poco, es regresar a la etapa en que se debía pedir permiso cada vez que se quería salir y en donde el buen comportamiento era recompensado con la mesada, que en este caso sería el tan anhelado sueldo.

Sé que no todos los empresarios son dignos de admiración, aún así siento eso por aquellos que trabajan honradamente, por esas personas que luchan para vencer obstáculos y en el proceso crean empleos y espacios para sujetos como yo.
Por los empleados siento respeto y en este momento me respeto a mí misma por este papel que estoy jugando.

Estoy aprendiendo que con los trabajos estables, en cualquiera de sus versiones, típicas de estos tiempos en que el porcentaje variable de las remuneraciones va en crecimiento y el fijo se va extinguiendo, dan cierto sentido/sensación de seguridad que permite hacer planes a mediano plazo y que desplaza la mentalidad del día a día típica de épocas de supervivencia, quizás hasta promueva un cierto abandono a las situaciones y un crecimiento de la fe porque se va ganando confianza en la continuidad de los eventos y en el ritmo, que si bien están ajustados, como todo en la vida, a la ley del cambio, permitirán llevar a cabo planes acariciados durante algún tiempo.