lunes, diciembre 29, 2008

Delirios de vacaciones

Mientras la ciudad se desocupa, el clima se seca y muchos descansan yo sigo aquí haciendo entrevistas y teniendo fantasías.

A veces me encuentro en un bus soñando despierta, imagino que paseo por las calles de Cartagena, el calor de la tierra y la luz del sol me abrazan… abro los ojos y sigo con la mano aferrada a un tubo para no caerme a causa de los bruscos movimientos de la bestia de metal que me transporta.

En otras ocasiones, cogida por la tarde, decido subirme a un taxi para aprovechar la fluidez de las calles bogotanas en ésta época del año.
Mientras un conductor abnegado se encarga de llevarme a mi destino me concentro en el ruido de los carros, más especialmente en el de un Transmilenio que pasa al lado, visualizo un avión, me parece que el sonido es muy fuerte como para salir de un vehículo terrestre, por más grande que este sea, entonces me veo a mí misma en el aeropuerto lista para irme de viaje a algún lugar paradisíaco. Unos segundos más tarde el taxista interrumpe mis ensoñaciones al preguntarme si apruebo la ruta que me propone para que pueda llegar a la siguiente entrevista.

Los goterones que amenazaban con convertirse en un gran aguacero se han secado. Mientras recogía los resultados de un examen médico de mi mamá el sol típico de esta época ha espantado a los nubarrones grises que querían robarle protagonismo. Al llegar a la sala de espera, del consultorio al cual debo entrar, el olor a habitación de hotel recién aseada me toma por sorpresa, para nada debería ser así, estoy en una clínica, ni mi cansancio, ni el hecho de que casi todas las personas que conozco estén de vacaciones, ni la luz amarilla y natural que me ilumina desde atrás cambiarán ese hecho.

Aún me falta entrevistar a 5 especialistas, incluido el que espero, suena un celular igual que el mío cuando me llaman por temas de trabajo, pero no me inquieto, en la carrera de esta tarde lo he dejado en un bolsillo del suéter con el que hice ejercicio más temprano. En la voz de la mujer que habla, reconozco el agradable acento valluno que a veces parece el de mi ángel de la guarda, casi a todos los sitios que voy hay al menos una persona que habla de ese modo, me recuerda la posibilidad que tendré en breve, de visitar tan adorable tierra, todo por motivos de trabajo, pero no importa, ya hallaré el modo de sacarle un poco de descanso para hacer realidad algunas de mis fantasías mientras llega el momento de las vacaciones grandes, las de semana santa.

3 comentarios:

ApoloDuvalis dijo...

¡Qué bonito! Es muy agradeable perderse en las ensoñaciones que nos ayudan a soportar la dureza de la cotidianidad. Pero sin duda lo mejor es estar haciendo lo necesario para convertir esas ensoñaciones en realidad.

¡Bien por ti!

Andrés M. dijo...

Secundo lo que dice mi tocayo... es agradable soñar despierto, pero aún mejor es hacer que esos sueños se conviertan en realidad :) Y pues ya sabes que Cali siempre te espera con los brazos abiertos ;)

Yaya "Numeralia" dijo...

Soñar es sumar con numeros queno existen.... y de eso se trata todo!