martes, enero 27, 2009

Viaje relámpago a Villavicencio

Alguna vez leí en un blog que su autora estaba tan cansada que cuando caminaba por la calle le daban ganas de echarse al suelo para dormir, así, ahí mismo y sin más. El blog luego desapareció, no sé si por aburrimiento o por ocupaciones varias de la dueña, mas sus palabras siguen sonando en mi cabeza con mayor fuerza en esta época que estoy viviendo.

Muchas veces escuché a las personas decir que les gustaría tener días de 30 horas para que les alcanzara el tiempo, porque tenían una cantidad tan grande de tareas por hacer que no les quedaba más remedio que sacrificar horas de sueño, descanso y/o placer para completar –aunque sea a medias- todas sus responsabilidades. A pesar de saber de estas situaciones nunca imaginé, mucho menos deseé estar en una de ellas, pero los acontecimientos del último año me fueron llevando a este punto.

Oficialmente estoy agotada, aun así el pasado fin de semana acepté un trabajo adicional siendo fiel a mi filosofía de ganar experiencia, pero no teniendo en mente que ella me pueda llevar a cargos más altos sino recordando que no sé cuando moriré, por eso es súper valioso vivir la mayor cantidad de sucesos antes de ese momento… para que el viaje gane sabor.
Y ya hablando de viajes el trabajo que acepté se trataba de evaluar a unas personas que aspiran a un empleo en Villavicencio, como la sede de la empresa es nueva y pequeña -aún no tiene departamento de recursos humanos no psicóloga- me llamaron para hacer parte del proceso de selección.

Nunca había estado allí y es relativamente cerca de Bogotá (150kms aprox.), lo acepté teniendo en cuenta que podría quedarme una noche, conocer un poco la ciudad y aprovechando el clima, saciar mis ganas de asolearme y meterme en una piscina, luego de más de 2 años sin hacerlo.

Todo salió muy bien, salvo por incidentes menores que ocurren en todos los viajes, más cuando estos se organizan de un día para otro. Me divertí muchísimo, descansé poco y, como suele ocurrir, volví con más de lo que llevé, excepto plata.

Materialmente llevé poco y regresé con poco sumado a un trisito*, pero personal, espiritual, anímicamente volví más grande, es decir mis expectativas se cumplieron. Cada vez que salgo de viaje espero que la experiencia me cambie de algún modo, antes lo hacía de modo inconsciente.

Ahora pasemos a las imágenes, reflejan muy bien porque no estuve echada en la cama viendo tele durante horas:

Lo primero que me llamó la atención a la hora del almuerzo fueron los cartones que usan los cuidadores de carros para evitar que estos se calienten por dentro. El sol en Villavicencio puede ser muy picante.


Si uno va al llano y no come carne a la llanera no hizo la tarea completa. He aquí la prueba de que a mi visita a la región no le faltó nada.


Como no fue posible que me sirvieran media porción, además me gusta la carne pero no para tanto como para comer sólo eso, me quedó para el desayuno del día siguiente.


Al final del almuerzo llegó la invasión asiática, se intentó retratarlos para preguntarle a un amigo japonés de dónde eran. Físicamente parecían japoneses, cuando estuve relativamente cerca a ellos me sonaron como chinos, a lo mejor eran coreanos, entonces lo dejo en asiáticos por lo de ser políticamente correcta.

Antes del almuerzo ya había ido a registrarme al hotel, uno pequeño, acogedor, de ambiente familiar y con piscina, requisito indispensable.











(Esta es la ‘sala’ de Internet por la que pasaba sólo para ir a mi habitación.)

Después de la tarde en la piscina, que disfruté hasta tiritar de frío, ya cuando el sol bajó, me fui a conocer uno de los centros comerciales de la ciudad.

Unicentro de Villavicencio tiene un logo distinto al que conozco en los centro comerciales de Bogotá y Cali. Por dentro tiene unos diseños contemporáneos, interesantes, hechos a base de piedra y agua.





Me causó mucha curiosidad que la lado de un restaurante hubiera una peluquería. No sé si será por mi característica psico-rigidez o qué, pero para mí es mejor ver la zona de comidas organizada y aparte del resto del comercio.



Para terminar debo darle crédito a la señora LXH, la gerente de la empresa a la que le presté el servicio allá en Villavicencio, me llevó y me trajo en Naranjita, su moto, que coincidencialmente tiene en la placa las mismas letras de las iniciales del nombre de su dueña. Ella es de las personas de Armenia que le recuerdan a uno que el paisa no es siempre un montañero.

4 comentarios:

ApoloDuvalis dijo...

Qué bueno que te hayas podido pegar "la rodadita" ya no hacia el Huila sino hacia el otro lado de la cordillera. Yo creo que si más bogotanos conocieran el resto del país, se darían cuenta de que es posible vivir bien en condiciones muy diferentes a las que están acostumbrados.

¿Lo que encontraste en el supermercado es una salsa de chocolate o algo así?

El Marqués de Carabás dijo...

La historia y las fotos revelan lo más relavante del paseo. Faltó, claro, la foto en traje de baño.

Sobre el logo de Unicentro, coincidencialmente caí en cuenta de lo mismo: todos los centros comerciales cuentan con uno distinto para cada ciudad.

Lo del supermercado, si mal no recuerdo, es un jugo que viene en esos envases plásticos de osito.

Buen viaje. Que nos aproveche cada uno de ellos que hagamos.

Zereth dijo...

Ah pero qué bien disfruta uno tu viaje.


Saludos

Paradoja Humana dijo...

Apolo bien clarito lo tengo, yo en tu tierrita viviría feliz de la vida, aunque Villavo es muy chiqui todavía, no lograba desprenderme del aire vacacional que tiene la ciudad aun cuando iba en plan trabajo, pero eso fue bueno para mi descanso.

El osito está lleno de refresco, como bien lo dice el Marqués.

Marqués la foto existe, pero muy seguramente no lo satisfacerá el verla porque no es de cuerpo completo y acá no iba a publicarla porque no es el momento ni el lugar.
En cuanto a los logos no es del todo así, el de Unicentro es el mismo en Cali, Medellín y Bogotá, acá cambia el de Unicentro de Occidente, pero ese es como de mentiritas digo yo que vivo tan cerca de el.

Zereth me alegra muchísimo que algo de la diversión que tuve te la haya transmitido, yo también disfruto mucho de tus aventuras.