jueves, febrero 19, 2009

Bendita Soledad



- Sometimes Christmas without anybody, like a significant other, it can be better than with someone. -

Esta frase estaba maltrecha y desarreglada en uno de los cuadernos donde escribo de todo.

Me he propuesto limpiarlos, liquidarlos, es decir, quiero desarrollar todas esas ideas sueltas de un modo medio sistemático para cultivar la constancia que me hace falta en pos de convertirme en una mejor escritora. No todos los ensayos saldrán bien, como le ocurre a los pasteleros con sus gastronómicas creaciones, pero me servirá como ejercicio de entrenamiento para fortalecer mi capacidad de redacción con calidad en tiempos reducidos.

Y ahí está la materia prima: la soledad.

Poco a poco se me fue convirtiendo en mi lema el “prefiero estar sola antes que mal acompañada” y esa frase abandonada de un diciembre viejo lo refleja claramente. En miles de ocasiones he optado por quedarme en compañía de mí misma antes que juntarme con mentes confusas o con almas vacías sólo para decir que estoy con alguien.

La soledad antes que ser un monstruo deforme y amenazante puede convertirse en ese bálsamo necesario para digerir mejor tantas experiencias, sensaciones y presencias que casi lo emborrachan a uno.

Últimamente me he dedicado a salir con varias personas, a hacer actividades sencillas y divertidas, con diversos personajes mas no por eso desecho la soledad. La soledad es una presencia eterna, un catalizador necesario para fijar los aprendizajes que se hacen en compañía, un escenario distinto para conocerse a sí mismo, un aire limpio, fresco, útil para averiguar quién se es y que permite contrastar esa identidad con la que surge cuando se está en compañía.

Para mí la soledad es bendita, es imprescindible, requiero de horas conmigo misma para recargarme, para cultivarme, para tener algo que ofrecer a quienes quiero cuando me encuentro con ellos, si estuviera con ellos todo el tiempo no sabría dónde terminan ellos y dónde comienzo yo.

Se aprende a estar con la gente estando con la gente, así como se aprende a motar en bicicleta montando o a escribir escribiendo, pero también es obligatorio para el ser humano saber quién es con el fin de que no se le embolate la identidad revolviéndola con la de otros.

Tengo muy clarito quién soy gracias a mis horas como ermitaña, pero paradójicamente esos largos ratos en mi compañía me han oxidado las habilidades sociales que ahora estoy ejercitando con cierto éxito, forzosamente, en presencia de otros.

El reto es interesante, y costoso, salir exige un presupuesto estable y motivaciones firmes, de lo contrario se condena rápidamente.

Sí, estoy saliendo y por ende siento ese bajonazo, ese contraste cuando vuelvo a quedarme conmigo misma, sola dirían algunos, a esos los estoy entendiendo mejor, prefieren tener la vida llena de gente para nunca tener que darse la cara a sí mismos, sí, los entiendo, pero no por eso los respeto más.