viernes, junio 19, 2009

Carta al tonto hermoso

Hombre tonto (aunque no lo parecías) me preguntas ¿cómo puedo sentir tanto si sólo te conozco un poquito?

Déjame iluminarte, las mujeres vivimos en el planeta de los sentimientos, de las emociones, de los sentires, estamos acostumbradas a interpretar los latidos del corazón y los ritmos de la respiración, en cambio ustedes…

Los hombres se hacen felices entre asuntos mundanos, mentales, materiales, duros, pesados y por eso cuando llega una de nosotras a hacerle temblar el piso miran para otro lado, buscan a la modelo, buscan a la vecina linda, arregladita, a la que no piensa, la que elige a la perfección la marca de tintura que debe usar para hacerse iluminaciones en el pelo, a esa que se entretiene con plata porque la plata compra helados, compra hamburguesas, idas a cine, rumba y un enorme etcétera de características parecidas.

Las mujeres inteligentes, las valientes, las que dudamos poco y sentimos mucho, aún a pesar de las posibles consecuencias, somos capaces de darlo todo: nuestros corazones, nuestras almas, nuestro sexo y lo demás con tal de sentirnos vivas, auténticas, lo hacemos así para recordar frecuentemente que esa es la vida, que caminar sin sentir no es vivir, que andar sin arriesgar es cualquier cosa menos existir con plenitud.

Y perdemos…

Perdemos muy a menudo porque sentimos que son pocos los hombres interesantes que quedan, si es que alguna vez los hubo. Quiero creer que así fue.

Perdemos, ofendemos, arriesgamos cada vez que nos atrevemos a abrir la boca para decir lo que pensamos porque sabemos que somos más que culo y tetas, nos ponemos en peligro incluso entre mujeres porque otras no quieren ser sacadas de su letargo y cada vez que hablamos, cada vez que decimos algo medianamente pensado esas zombies conformes sienten que las ofendemos, que las regañamos cuando nunca tuvimos ese objeto en nuestra lista de tareas pendientes. Pero así son las bellas durmientes,
Las bellas durmientes quieren vivir eternamente entre sueños, desean que todo sea rosadito y con olor a flores frescas, niegan la basura del mundo, lo caótico, lo sucio, lo vomitivo, quizás hasta miran para otro lado cada vez que van al baño porque nada tan impuro es digno de sus cuerpos… no sé.

No sé ser tonta, linda, bonita arregladita, manipuladora, coqueta ambigua y mucho menos sé cómo pasar por bruta, tampoco me interesa aprender. Poco a poco he aprendido a convivir con estos millones de neuronas que me llenan el cerebro y que me hacen pensar constantemente, incluso soy feliz siendo una mujer pensante, aunque muchos piensan que eso es una contradicción.

Lo siento hombre tonto, tampoco sé cómo ser concisa, sólo puedo decirle que me enamoro de la inteligencia, de la cabeza, de los pensamientos, que prefiero coleccionar cerebros hermosos antes que cuerpos hechos en gimnasios y consultorios de cirujanos, que si un hombre sale lindo por dentro y además lindo por fuera lo considero una gloriosa coincidencia.

Me encantaría dejar de ser una loba esteparia, no porque tenga algo contra las lobas sino porque es más divertido arruncharse en compañía sobretodo en domingo, además porque en el fondo de esta mujer, en apariencia tan liberada, hay una princesita dispuesta a dejarse mantener para dedicarse a esto que tanto la hace feliz: escribir, entre otras cosas cartas de amor y manifiestos izquierdosos para hombres como usted, hermosos pero tontos.

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