viernes, junio 12, 2009

Desnudarse en público


Desde hace años he sentido pena ajena cada vez que asisto a una obra de teatro. Una vez empieza la obra me imagino automáticamente que soy yo la que está en el escenario gesticulando exageradamente, moviéndome sin gracia y pasando la vergüenza de la vida. Realmente no entiendo cómo eligen los actores dedicarse a ese oficio que para mí sólo parece una tortura pública y sin sentido.

Paradójicamente no le temo a hablar en público, es más, me gusta, me parece magnífico poder hablar de lo que sé, transmitir el conocimiento de algún tema a un auditorio o simplemente mostrar cómo sustento, con argumentos, alguna opinión que tengo de un asunto de la vida pero reconozco que cuando debo leer mis textos delante de gente, esos que registran cada una de las fibras que me hacen quien soy, temo.

De forma un poco suicida, autolesiva y masoquista decidí aceptar la invitación que me hicieron para estar en un taller de lectura dramática de textos, supongo que servirá para matar algunas cucarachas emocionales que todavía patalean y además me ayudará a reafirmar una idea que recorre las circunvoluciones de mi cerebro cada tanto:

La intimidad depende más de la pérdida del temor a revelarle al otro la propia debilidad, el propio miedo, que de la presencia o ausencia de ropa.

Así que a partir de mañana estaré quitándome la ropa en el Teatro Cádiz, a ver qué sale de esa experiencia.

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