domingo, junio 28, 2009

Diva Wannabe

Una mujer de cabello muy rizado y flotante corría por la estación, apenas dando tiempo de ver que era castaña y no pelirroja. Llevaba puestas unas botas largas de cuero negro, una minifalda ajustada y unas medias largas, negras también.
Su frente iba alta y sus audífonos dejaban oír a los que pasaban por su lado sonidos característicos de música electrónica, de esa misma que se usa en las pasarelas de moda.

Como ella hay muchas que se visten del modo en que indican los diseñadores, otras más incluso se peinan como proponen los estilistas capilares y poco a poco se van convenciendo así se van convenciendo de que merecen los mismos privilegios que reciben las divas. En ocasiones, cada vez más frecuentes, exigen ser tratadas de ese modo.

Uno de los escenarios donde se encontrará a uno de estos especímenes es el pasillo de cualquier oficina, mientras responde alguna llamada, durante ella aceptará completar una función específica que hace parte de su trabajo, más tarde esperará a que su asistente imaginario – para el caso sirve un cliente o su superior – se la recuerde, se la repita, se la explique porque sólo así será capaz de completarla.

Días más tarde cuando se encuentre con el autor de la petición, sin intento de sonrojo y con aires de realeza, preguntará por qué no se le ha recordado lo que se le pidió que hiciera depositando así la responsabilidad de su falta en el creador de la solicitud.

Otro de los ambientes donde puede observarse a las de esta especie es el restaurante donde se vende almuerzo ejecutivo. No debe uno dejarse confundir por las vestimentas, la diva wannabe tiene una amplia capacidad de mimetizaje, fácilmente puede verse como una gerente media o como una estrella de pop, copiando superficialmente hasta el más pequeño de los detalles. En este lugar estará rodeada de sujetos tan desabridos y tan condimentados como ella, en modalidades lo suficientemente similares como para no chillar: zapatos, bolsos, morrales, maquillaje parecidos y sus conversaciones se dejarán oír desde casi cualquier punto del salón cuando sean mantenidas a través de un teléfono celular, pero cuando hablen con una persona a su lado exhibirán falso recato y sólo subirán el tono cuando quieran exagerar su escasa esencia con estruendosas carcajadas.

Saber de qué habla una diva wannabe cuando está reunida con su elenco no es difícil en demasía, es sólo un ejercicio de imaginación en el que uno se deshace de principios, como la responsabilidad, la lógica y el control emocional, especialmente de la empatía para que el proceso de visualización fluya sin tropiezos.

Una vez sentado en la silla de ella, el imaginador sentirá que lo más importante es cumplir los deseos propios, las necesidades de los demás son caprichos sin sentido y su función única es absorber recursos limitados que tienen que ser usados para lograr felicidad.

El imaginador concienzudo debe soltarse durante este ejercicio, entre más olvide los propios valores mejores resultados logrará al intentar penetrar y descifrar la mente de la diva wannabe, sin embargo es saludable limitar tanto la frecuencia como la duración de esta actividad para evitar correr el riesgo de adoptar permanentemente las posturas y vicios del personaje representado.

El éxito del análisis estará dado por el aumento en la velocidad de detección de individuos pertenecientes a la especie acá descrita, así como por la creciente facilidad en el alejamiento de estos cuando los niveles de paciencia y tolerancia desciendan a límites peligrosos e incompatibles con formas de vida no inteligente.

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