miércoles, junio 03, 2009

Espantando demonios

El concepto budista de que los demonios son aquellas características propias que se manifiestan una y otra vez amargándonos la vida me parece muy sensato, lógico, no como esas ideas juedocristianas donde uno ya nace pecador por lo que hicieron un par de personajes que muy seguramente ni sabían cómo se llamaban, que ni siquiera se puede probar que existieron como lo cuenta la Biblia.

Creo que el imaginar a los demonios propios como entes combatibles y derrotables me facilita la vida, me da poder y confianza en mí misma porque me hace posible pelear contra ellos y ganarles, puedo ir a esas batallas contra los defectos con más armas que las que necesitaría si creyera ciegamente que un ser superior o una persona más capacitada es indispensable para salir victoriosa.

A pesar de que con cada enfrentamiento contra los demonios personales me siento más fuerte suele pasar que, luego de algún tiempo, debo volver a encontrarme con viejos enemigos, viejos disgustos, miedos, carencias e inseguridades que se disfrazan para ponerme a prueba nuevamente, cuando creía que tenía dominada la situación, regresan con más fuerza y con más mañas como diciéndome “¿entonces creías que ya todo había terminado?” recordándome de inmediato la canción de Lenny Kravitz, It ain’t over ‘till it’s over porque este juego sólo se acaba con la extinción de la vida, que no siempre es la muerte.

Tener amigos igualitos a uno es aburrido, no se tiene con quién pelear, discutir, crecer, comparar o desafiar, pero es cierto que busco gente parecida a mí en algunos aspectos para sentirme acompañada y muy conscientemente me alejo de aquellas personas que siento aburridas, vacías y tontas, más todavía de esas con las que no se puede debatir en un ambiente respetuoso, con esas no hago concesiones, por eso digo esas y no ellas, a esas las fulmino automáticamente y no reconsidero si pueden hacer parte de mi círculo social.

Pero a veces reconsidero.

Reconsidero cuando siento que me estoy perdiendo de algo, cuando tengo buenos recuerdos de personas, experiencias o lugares y me doy cuenta de que me he alejado de esos elementos, me pregunto si podría estar aprendiendo algo de todo eso en el presente, entonces la cuestión me lleva a la respuesta, al masoquismo, a la conclusión de que debo exponerme a esos factores para hacerme más fuerte, para evolucionar, para sentirme más rica y más equilibrada.

2 comentarios:

El Marqués de Carabás dijo...

Por lo que dices y por lo que todos hemos pasado en nuestras luchas internas por dejarlos a un lado, atrás, se me ocurre pensar que los demonios son como las cucarachas: "Entre más las sacas más se meten" (la idea es esa, como dice El Chavo).

Sigamos intentando. Qué tal que de tantas batallas ganemos la guerra?

Licuc dijo...

Marqués gracias por la idea, estoy usando mucho la palabra demonios en mis títulos, intentaré cambiarla por cucarachas a ver cómo me va.

Sigue en la lucha, yo te acompaño. ;)