domingo, junio 28, 2009

Usando tus zapatos

Creo que sólo 2 veces en la vida, al menos que yo recuerde, he sentido extrañeza del modo en que tú lo has experimentado recientemente.

En 2 de las muchas ocasiones que he caminado por el mundo, como niña confiada, me sorprendo de forma inusual al enterarme de que mis acciones irreflexivas habían dado inicio a fantasías ajenas profundas, tuve dificultades para comprender cómo actos propios, que creía faltos de significados trascendentes, eran capaces de causar ilusiones elaboradas… pero la capacidad de soñar fue más fuerte que la realidad, al menos en un caso, por lo que el mundo etéreo no resistió el contacto con esta y por ello prefirió alejarse.

Ahora comienzo a entender que parece ser mi turno de sonar con historias, posibles o no, en las que los dos somos protagonistas.

Imagino relatos urbanos y otros no tanto en donde nos alegramos la vida, me dejo llevar por conversaciones a distancia que duran hasta la madrugada porque cuando se tiene el alma desnuda da algo más que pereza volver a acorazarla.

No soy yo la única que saca uno a uno secretos incontables para extender la presencia ajena, también eres tú quien me lleva a vergonzosos barrios sonoros, que luego yo visito por mi cuenta con el rostro adornado de carcajadas.

Antes no pediste que me detuviera cuando dejé que me atrapara la inspiración, cuando pensar en ti me hizo flotar hasta alturas inmensas a las que tanto temía por el peligro de la posible caída y tal vez sentiste mi miedo, fue entonces cuando con torpeza me llamaste para que volviera a la tierra.

Mi labor en el espacio y momento presentes es rebotar entre el suelo y el aire, siguiendo el ritmo de tus itinerarios vacilantes.

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