jueves, julio 30, 2009

Necesito una tabla ouija para comentar: Del bendito asunto que no deja dormir a tantos bloggers (3)

En esta secuencia el publicar mis textos en blogs es un capítulo más en mi historia con las letras, con las propias y con las ajenas. Al comienzo estaba confundida y no sabía para qué estaban los blogs de los demás, los leía, los comentaba, me comentaban, más tarde me aburrí, dejé de encontrar contenidos interesantes, bien construidos en los espacios ajenos de este tipo, retomé los libros con fuerza – en realidad nunca los dejé – y me dediqué a leer sólo a mis amigos, a aquellos que sabía producían textos de calidad, fluidos, inteligentes, cuestionadores y así sigo. Muchas veces la dinámica consiste en que ellos me mandan correos electrónicos con los anuncios de sus nuevas creaciones, yo puedo leerlos de inmediato y comentarlos, si creo que tengo para decir algo que aporte a la discusión del tema que toca, o bien puedo quedarme callada porque no pienso nada distinto, otras veces dejo que se acumulen sus escritos y un día me paso por allá para ponerme al día en cuanto a lo que han escrito, pero el ejercicio del comentario es el mismo, si tengo algo que decir lo digo si no, callo.

De tanto escribir, de tantas letras juntas me ha pasado que vienen a dejarme, personas completamente desconocidas, que ni blog tienen, frases como “eso que usted dijo lo sentía pero no sabía cómo ponerlo en palabras”, así me halagan sin saberlo y me hacen sentir útil, me dan la sensación de que a veces, sólo a veces, mis palabras le sirven a alguien más además de mí. Y bueno, no voy a mentir, yo también he fantaseado con la idea de que se aparezca por aquí, alguien de una editorial para decirme que me quiere publicar en otro lugar y que me va a pagar por eso, el colmo de la dicha: que me paguen por algo que hago con amor.

Tras 3 años y medio de utilización de la herramienta de los blogs con alguna regularidad he aprendido varias cosas acerca de los benditos comentarios que trasnochan a tantos. Los hay sosos y vacíos al punto que sólo revelan la naturaleza del autor, también los hay pensados, coherentes y no voy a seguir clasificándolos, lo que me interesa en últimas es la persona detrás de ellos, por eso me parecen tan valiosos aquellos dejados acá en los espacios destinados para tal fin, como aquellos que me hacen directamente en mi correo electrónico o en una charla vía Messenger, me parecen valiosos siempre y cuando me digan algo que me haga pensar, que me cuestione, que afirme lo que digo o lo refute desde un ángulo que no había visto.

En Colombia la gente NO lee, digan lo que digan las estadísticas de que estamos mejorando yo lo constato día a día con el trabajo que hago como Promotora de Lectura Voluntaria en el programa de Libro al Viento, así que si la gente no lee tampoco escribe, lo repito, eso viene después. Quienes mejor escriben son aquellos que más leen y no me refiero a que lean los clásicos, sólo literatura o puros libros de autoayuda, para mí escriben bien aquellos que además de leer mucho leen de todos los temas, leen a varios autores porque poco a poco van desarrollando la habilidad para comunicar sus ideas. Con los bloggers eso no pasa.

Los bloggers son sujetos que vieron la herramienta ahí, vieron un medio de decir cualquier tontería y la dijeron porque la comprensión de lectura les alcanzó para entender las instrucciones necesarias para abrir su espacio, pero el hecho de que además de tener un blog, además de publicar entradas tengan uno o más comentarios no quiere decir que escriban bien. Muchos de los blogs que tienen más de un comentario adolecen de montones de vicios que dificultan la lectura, que sacan corriendo luego de un par de visitas y lo envían a uno derechito a leer a Truman Capote o a Ernest Hemingway, eso con tal de quitarse el malestar intelectual con el que uno queda luego de leer textos que parecen una transcripción defectuosa de la conversación que tuvieron dos personas mientras se tomaban un café.
Sí, tenemos espacio para que cualquiera venga y comente, en la mayoría de los casos. Por casi norma, los blogs son públicos y no se necesita una suscripción para poder acceder a su contenido, además hasta donde sé y he averiguado, a nadie le dan un peso por cada comentario que obtenga, de pronto siente que le dan moneditas para alimentar el ego, pero más allá de eso no hay nada.

Los sistemas de publicidad que pretenden monetizar los blogs funcionan con base en las visitas que logra, por ello es también una costumbre muy generalizada el contador de visitas, visible o no, que cada quien usa como le parece pero que tiene como objetivo principal saber si llega o no alguien a donde uno está. Si se ha pasado algún tiempo usando una herramienta de este tipo, se sabrá que es posible establecer si los visitantes vuelven, si se quedan el tiempo posible para leer un artículo corto, no un ensayo como este obviamente, o si llegaron por accidente desde Google. Creo que este elemento es más analítico, por su misma objetividad, que aquellos comentadores de blog – la idea de esta expresión es de él – que te dicen “muy bueno tu artículo, por cierto yo también tengo un blog” y que luego vienen a decir en múltiples ocasiones que muy bueno, que están de acuerdo, que tienes razón con tal de que lo visites porque le pareció que a ti te leen mucho, pero bueno, ese no es mi caso, yo escribo para pocos, para los amigos, para aquellos que creen que algo les queda después de leerme y quizás hasta para los desocupados porque para leer todo esto hay que tener tiempo.

De nuevo estoy en una racha en donde leo mucho, incluso poesía, algo que nunca creí que podría gustarme tanto, yo misma me estoy atreviendo a crear textos de ese tipo o ensayos de poesía, como prefiero llamarlos, entre otros libros estoy recorriendo una biografía de Carson McCullers, escritora norteamericana fallecida hace más de 40 años, aun así me siento cautivada por sus vivencias y me encantaría poder hacerle preguntas acerca de su vida, de su matrimonio, de sus amores pero como está muerta me haría falta una tabla ouija o un espiritista para poder entrevistarla, con Capote me pasaría lo mismo, de nuevo con Carl Sagan, no se pude, se murieron y no les puedo hacer preguntas ni decirles que me parece “muy interesante” lo que escribieron, hipócritamente porque pienso que a los muertos hay que dejarlos tranquilos.

Quien escribe, para no comprometerme con ‘el título de escritor’, lo hace en primer lugar por necesidad de expresión, para sí o para otros, luego lo que busca es ser leído, pero como la lectura no implica escritura es raro que logre un comentario de todos sus lectores. No creo que los autores de best-sellers logren igualar el número de libros vendidos con el número de cartas recibidas de sus admiradores. Es necesario que aclare algo más, el hecho de buscar ser leído no implica a otro, yo puedo buscar ser leída por alguien, por mí misma, porque yo soy alguien, alguien que me importa profundamente, como ocurre con mis reflexiones personales pero cuando hablo de otros temas, como este, me gusta que otros tengan acceso a los productos de mis circunvoluciones cerebrales.

Finalmente si leyó todo esto, siéntase libre de no comentar, yo nunca lo hago cuando me leo.

miércoles, julio 29, 2009

Necesito una tabla ouija para comentar: Del bendito asunto que no deja dormir a tantos bloggers (2)

Siendo niña, me cuentan porque la verdad no recuerdo, hacía dibujos de florecitas en papeles, los coloreaba y escribía cortas frases para luego entregárselos a mis papás, a mis abuelos o a mis tíos – todos paternos – como gesto de cariño. Creo que para esa época tenía como 6 años y lo máximo que había leído era el silabario con el que había aprendido a leer. De ahí en adelante no sé bien qué pasó, los recuerdo que tengo acerca de la escritura aparecen de nuevo a los 13 años cuando, por deber escolar, escribí un cuento que acabé a la carrera pero que me dejó enganchada para siempre con la escritura. De esa época surgieron varias historias y al año siguiente, cuando cumplí 14 comencé un diario personal, de esos de papel de colores, con olor a rosas y con una minúscula llavecita para la cerradura que mantenía la privacidad, costumbre que aún hoy mantengo, aunque en cuadernos menos elaborados.

En la adolescencia me sentía, como muchos, como todos, incomprendida, perdida, desesperada y demás, pero me aliviaba escribiendo, leyéndome al pasar los meses, los años, me comprendía, me reía de mí misma y también seguía leyendo. Como la escritura la lectura ha sido una compañera eterna desde hace muchos años, reconozco, entonces, que primero fue la lectura y luego la escritura.

A los 12 años leí La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, luego otros libros, más para mi edad como Nuevas historias de Franz en la escuela, luego de haberme enterado de la existencia de la colección Torre de Papel en algún programa de televisión. Es probable que luego de esa lectura de García Márquez, que ahora veo como adecuada para una edad más tardía, haya quedado rota para siempre y francamente me alegro, infectarse con el virus de la curiosidad, del saber, es algo invaluable que debe ser visto con ojos de magnificencia. Una de las consecuencias de este contacto con la literatura fue la escritura, no sólo de diarios personales sino de todo tipo de textos que no respondían necesariamente a una clasificación literaria, era escribir porque sí, por gusto, porque cada vez que se escribe se siente que la vida tiene valor, que el día fue productivo.

lunes, julio 20, 2009

Necesito una tabla ouija para comentar: Del bendito asunto que no deja dormir a tantos bloggers (1)

Quizás porque me siento más identificada con la palabra escritora que con la palabra blogger, no puedo evitar darle la razón a Hernán Casciari cuando argumenta del modo en que lo hizo en Una charla sobre la muerte de los blogs.

Con el recuerdo muy fresco de Campus Party 2009 en Colombia y con los ecos de la discusión acerca de cómo fomentar la aparición de comentarios en las entradas propias, reflexiono acerca del hecho de decir algo acerca del texto de otro autor.

Recuerdo que cuando abrí un blog lo hice para usar la herramienta como medio de difusión de ideas que me parecía merecían ser dadas a conocer, más tarde, al abrir el segundo, lo usé como cientos de miles de personas, para hacer catarsis emocional tras una pérdida. Poco a poco se fue haciendo evidente lo que sabía de forma intuitiva pero inconsciente desde los 6 años: yo escribo porque me ayuda a vivir, porque es parte de mi identidad, porque con la escritura crezco, porque con la escritura me sano, me comprendo. Así planteados los motivos que me mueven a escribir reconozco, como lo hace Casciari, que el blog es una herramienta, sirve de vitrina para los pensamientos propios, para los textos, es un lugar donde uno publica aspectos íntimos, con el suficiente maquillaje como para no sentirse completamente desnudo frente a los ojos de los desconocidos incidentales que recorren los párrafos, sin embargo, no es una herramienta que defina a quien lo usa, es sólo un medio de comunicación.

Escribir no es una acción, una actividad que se de por generación espontánea. Se escribe luego de aprender a leer, no sólo aprender a reconocer los caracteres que aparecen en contraste sobre un fondo, sino luego de aprehender esa virtud que implica elegir un libro entre muchos por puro placer, por gusto, para luego gastar tiempo recorriendo sus páginas imaginando las escenas que dibuja con palabras el autor, al menos esto ocurre con los primeros libros que se leen, cuando se ha dejado el libro álbum lleno de ilustraciones inspiradas en el texto. Si uno se fascina lo suficiente llegará un punto en que quiere provocar ese mismo efecto en otros, sentirá celos de ese autor que, gracias a su cerebro, ha llevado a tantos otros a mundos mágicos y querrá hacer lo mismo, uno se antojará del encanto y querrá escribir para ser leído, así sea en principio, sólo por uno mismo.

sábado, julio 18, 2009

Protesta callada en medio del ruido

Escribo para protestar, para mantener la voz, la salud mental, para entenderme, para confundirme, para analizar, para sobreanalizar.

Escribir es tener valor, es atreverse a pensar, a darle palabras a esos sonidos que inundan la cabeza desde adentro, es darle parlantes a las ideas que resuenan en el cerebro.

Siempre hay ruido y al parecer nunca hay suficiente, las personas siguen ideando modos nuevos de ahogar la voz interna, la que dice la verdad, la que hay que traducir para entender, con la que hace falta familiarizarse para no sentir miedo cuando habla, para darle significado a sus pausas, a sus silencios.

Más hablan los callados, más dicen sus mentes, sus corazones cuando permanecen en silencio, escuchándose a sí mismos, más palabras valiosas juntan para el momento de expresarse, en voz alta o en voz callada, por medio de la escritura.

La ciudad suena, está llena de ruidos, de pendejadas, de vacíos llenos de sonido pero faltos de significado, la gente está enferma pero se siente sana en el quebranto, ha escondido durante tanto tiempo sus olores, sus gestos y sus formas que los ha olvidado; cuando alguna vez se los encuentra por accidente en la mañana, en el espejo del baño, en la pijama o en una carrera descuidada rumbo al trabajo se aterra, se resquebraja, se da cuenta de que está rota pero en vez de buscar el arreglo se afana por astillarse, por romperse más, por perderse más, corre para desaparecer.

viernes, julio 17, 2009

Enredado en las neuronas

Sigues enredado en mis neuronas, ocupando algunos de mis pensamientos, entreteniendo el hambre de emoción, contando días, imaginando escenarios posibles, perdiendo el tiempo de modos dulces.

El límite era un día y después ya no, la fecha fue movida sin siquiera preguntárseme si estaba acuerdo con ella, se fijó y luego se me informó, yo, obedientemente, sigo observando los cuadros del calendario, haciendo conjeturas, resolviendo asuntos inexistentes y otros más palpables.

Ocupo los días con acciones más trascendentales que banales, algunas mentales y otras materiales, guardo esperanzas, en ellos en los otros y en nosotros, hago un esfuerzo cotidiano por asumir responsabilidades largamente aplazadas así sólo crezca en ellas durante corto tiempo antes de llegar a sitios a los que no creía ser capaz de llegar, sitios a los que sin embargo me estoy acercando.

jueves, julio 16, 2009

En modo multitarea no se escriben buenos textos: acerca de la escritura colectiva

Desconozco el modo en que algunos “escritores contemporáneos” chatean por algún servicio de mensajería instantánea, leen las noticias, escuchan música, redactan correos electrónicos y a la vez escriben sus columnas.

No creo que a eso de hacer todo al tiempo y de paso todo a medias, todo mal, se le pueda llamar un ejercicio de escritura colectiva donde uno pone las ideas, el otro la atención y un tercero las letras enlazadas, es más yo no creo en la escritura colectiva.

Así como me es difícil pensar en participar en una orgía me cuesta muchísimo pensar en escribir a más de 2 manos, puede ser por aquello de que la escritura es un ejercicio en comienzo íntimo, que a veces por accidentes siniestros resulta en las manos y en los ojos de los demás.

Escribir para mí es como verme el cuerpo que no se ve, con apasionamientos, con contradicciones, con lástima, con orgullo, con compasión, con ojos nuevos cada vez, por eso no concibo un texto bien escrito al tiempo que se responden tonterías a quienes preguntan cómo estás y si ya se te pasó la depresión dominical.

A un texto hay que honrarlo, hay que darle el tiempo, la energía, el espacio que merece, eso en caso de que uno quiera firmarlo sin pena, de lo contrario cualquier ejercicio de copiar y pegar, sin importar la fuente, será suficiente para publicar algo en cualquier medio.

Este texto se escribió con música de fondo pero con el Messenger desconectado.

Los rituales de la soportabilidad

Hay pequeños rituales que hacen más llevaderos esos días pesados y densos, esos a los que parece que no se sobrevivirá, aquellos en los que parece más probable quedar en coma de puro aburrimiento que seguir adelante detrás de los sueños.

Levantarse de la cama con modorra, entrar al baño a oscuras por propio gusto, escuchar a gente extraña hablar tontamente, dormir sólo de un lado de la cama en una cama doble, cepillarse los dientes contando cada uno de los movimientos, jugar al rompecabezas con los objetos de la mesa de noche, observar a las personas pasar a través del ojo de la puerta, imaginar que los carros más abajo son hormigas.

Los rituales de la soportabilidad son todas aquellas acciones que para un observador carecerían de sentido, que lucirían como movimientos absurdos e inútiles que sólo malgastan el preciado tiempo, un ir e ir e ir a cualquier lado nada importante, son esos pequeños conjuntos de espacio, tiempo y contenido que permiten a quien los celebra sobrevivir hasta el día siguiente.
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Update: Estoy convencida de que la canción Ritualitos de Marta Gómez tuvo todo que ver con este poema.

viernes, julio 03, 2009

La despedida del caballero

Poco a poco me decepciono, más y más, con cada palabra, con cada contacto, con cada sonrisa, la ilusión se desvanece, ya nunca más es la misma, los colores se deterioran, los vacíos se llenan de pesadas certezas que a su vez se convierten en las bases de nuevos sueños.
Ahí estás tú, patético, perdido, cobarde, pensando mil modos de evadir la oportunidad de amar y yo te veo partir, te hago las maletas y te despido porque prefiero a un compañero de viaje temporal pero valiente, decidido y realmente interesado antes que a un reluciente caballero que teme quitarse la armadura, que se siente aterrorizado frente al solo hecho de bajarse de su radiante caballo blanco.
Me iré entonces con algún vagabundo, más interesante, quizá menos guapo pero en todo caso más interesado en estar conmigo, más interesado en vivir que en ver a las experiencias pasar mientras está al lado del camino.