lunes, julio 20, 2009

Necesito una tabla ouija para comentar: Del bendito asunto que no deja dormir a tantos bloggers (1)

Quizás porque me siento más identificada con la palabra escritora que con la palabra blogger, no puedo evitar darle la razón a Hernán Casciari cuando argumenta del modo en que lo hizo en Una charla sobre la muerte de los blogs.

Con el recuerdo muy fresco de Campus Party 2009 en Colombia y con los ecos de la discusión acerca de cómo fomentar la aparición de comentarios en las entradas propias, reflexiono acerca del hecho de decir algo acerca del texto de otro autor.

Recuerdo que cuando abrí un blog lo hice para usar la herramienta como medio de difusión de ideas que me parecía merecían ser dadas a conocer, más tarde, al abrir el segundo, lo usé como cientos de miles de personas, para hacer catarsis emocional tras una pérdida. Poco a poco se fue haciendo evidente lo que sabía de forma intuitiva pero inconsciente desde los 6 años: yo escribo porque me ayuda a vivir, porque es parte de mi identidad, porque con la escritura crezco, porque con la escritura me sano, me comprendo. Así planteados los motivos que me mueven a escribir reconozco, como lo hace Casciari, que el blog es una herramienta, sirve de vitrina para los pensamientos propios, para los textos, es un lugar donde uno publica aspectos íntimos, con el suficiente maquillaje como para no sentirse completamente desnudo frente a los ojos de los desconocidos incidentales que recorren los párrafos, sin embargo, no es una herramienta que defina a quien lo usa, es sólo un medio de comunicación.

Escribir no es una acción, una actividad que se de por generación espontánea. Se escribe luego de aprender a leer, no sólo aprender a reconocer los caracteres que aparecen en contraste sobre un fondo, sino luego de aprehender esa virtud que implica elegir un libro entre muchos por puro placer, por gusto, para luego gastar tiempo recorriendo sus páginas imaginando las escenas que dibuja con palabras el autor, al menos esto ocurre con los primeros libros que se leen, cuando se ha dejado el libro álbum lleno de ilustraciones inspiradas en el texto. Si uno se fascina lo suficiente llegará un punto en que quiere provocar ese mismo efecto en otros, sentirá celos de ese autor que, gracias a su cerebro, ha llevado a tantos otros a mundos mágicos y querrá hacer lo mismo, uno se antojará del encanto y querrá escribir para ser leído, así sea en principio, sólo por uno mismo.

2 comentarios:

El Marqués de Carabás dijo...

El saber leer no se refiere únicamente, creo yo en mi papel de lector/escritor desprevenido, a los libros y revistas.

El leer es una condición de observación permanente y atenta del mundo. No sólo entre líneas sino en contextos.

De ahí es que salen, no mis post de blogger, sino mis escritos en esa herramienta que son los blogs.

Licuc dijo...

Marqués, estoy totalmente de acuerdo contigo en ese punto, quien sabe leer las letras también sabe leer el mundo, si no está haciendo la tarea incompleta.

Eres uno de los míos. ;)