miércoles, julio 29, 2009

Necesito una tabla ouija para comentar: Del bendito asunto que no deja dormir a tantos bloggers (2)

Siendo niña, me cuentan porque la verdad no recuerdo, hacía dibujos de florecitas en papeles, los coloreaba y escribía cortas frases para luego entregárselos a mis papás, a mis abuelos o a mis tíos – todos paternos – como gesto de cariño. Creo que para esa época tenía como 6 años y lo máximo que había leído era el silabario con el que había aprendido a leer. De ahí en adelante no sé bien qué pasó, los recuerdo que tengo acerca de la escritura aparecen de nuevo a los 13 años cuando, por deber escolar, escribí un cuento que acabé a la carrera pero que me dejó enganchada para siempre con la escritura. De esa época surgieron varias historias y al año siguiente, cuando cumplí 14 comencé un diario personal, de esos de papel de colores, con olor a rosas y con una minúscula llavecita para la cerradura que mantenía la privacidad, costumbre que aún hoy mantengo, aunque en cuadernos menos elaborados.

En la adolescencia me sentía, como muchos, como todos, incomprendida, perdida, desesperada y demás, pero me aliviaba escribiendo, leyéndome al pasar los meses, los años, me comprendía, me reía de mí misma y también seguía leyendo. Como la escritura la lectura ha sido una compañera eterna desde hace muchos años, reconozco, entonces, que primero fue la lectura y luego la escritura.

A los 12 años leí La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, luego otros libros, más para mi edad como Nuevas historias de Franz en la escuela, luego de haberme enterado de la existencia de la colección Torre de Papel en algún programa de televisión. Es probable que luego de esa lectura de García Márquez, que ahora veo como adecuada para una edad más tardía, haya quedado rota para siempre y francamente me alegro, infectarse con el virus de la curiosidad, del saber, es algo invaluable que debe ser visto con ojos de magnificencia. Una de las consecuencias de este contacto con la literatura fue la escritura, no sólo de diarios personales sino de todo tipo de textos que no respondían necesariamente a una clasificación literaria, era escribir porque sí, por gusto, porque cada vez que se escribe se siente que la vida tiene valor, que el día fue productivo.

2 comentarios:

ApoloDuvalis dijo...

Huy, yo recuerdo la serie de Franz... aunque estaba diseñada milimétricamente para llegarle a los adolescentes, sus historias están tan bien elaboradas que enganchan a cualquiera. Y aunque García Márquez no sea mi favorito, hay que reconocerle que es capaz de hacer que uno acepte cosas inverosímiles con la mayor naturalidad del mundo. Ese es un talento que ya quisiera yo poder desarrollar algún día.

Buenas elecciones para nutrirte como escritora. :)

El Marqués de Carabás dijo...

"Escribir porque sí": interesante lo que dices.

Siempre me pregunto por qué lo hago. Otros han respondido por mí al preguntarles: por vanidad, por ego, por vomitar el alma, por chismoso, por ñoño, por sapo, porque no tengo novia, porque no tengo nada más que hacer... en fin.

Yo no lo sé todavía, pero mientras lo averiguo, tu 'porque-sí' me convence.