viernes, agosto 28, 2009

El texto que se manda solo

Ha llegado el momento de gastar los perfumes, los olores, los placeres guardados, el instante de estrenar los sueños hechos a tu medida.
Es el ahora de los encuentros.
La espera terminó, los granos de arena han engordado el reloj, las distancias son menores y el tacto se hace posible.
Los pasos ya se escuchan en la puerta y la ropa se desespera por caer, los dedos juegan nerviosos, el corazón palpita ya sin miedo, con certeza.
Las escenas creadas en la mente se cristalizan despacio, los deseos se solidifican, los cuerpos dejan de ser fantasmagóricos, los límites se diluyen, las esencias se funden. La línea que separa las ilusiones de las realidades se desvanece.
Comienza de nuevo la apuesta, la rueda ha vuelto a girar, toda la fuerza va a un número mágico que en esta historia el final contará.



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