lunes, septiembre 14, 2009

Ciudades sin dueño –NYC-Bogotá-

Ellas coquetean, alegran, animan y traicionan, aun así se las arreglan para ser amadas y deseadas.
Los tumultos las invaden, las absorben, las succionan, sacan cuanto pueden de ellas y mueren un poco en el proceso, pierden la calma y la paciencia, la independencia se hace enorme, abrumadora e indispensable.
Son paradójicas, envolventes y amenazantes, su caos es adictivo, incluso sus defectos pueden ser atractivos, inspiran emociones rotundas y opuestas, están llenas de personajes inimaginables.
La vida en ellas transcurre a la ligera, encontrar un refugio en su interior es una labor de minería, una tarea sólo para estrategas maduros y perceptivos.
Son admiradas desde lejos y miles desean parecerse a ellas, ignorando los sacrificios que demanda ser de ese modo.
A veces sus cimientos resuenan, como protesta ante tanta apatía hecha carne, carne que tiembla indefensa, hipócrita y cobarde, rezándole al dios de turno, carne a la que la fe le durará sólo hasta que la tentación de poseerlas aparezca de nuevo.