viernes, octubre 23, 2009

Instrucciones para decorar una casa

Lo primero que se debe tener presente antes de hacer bocetos y elegir tonos de pintura es concebir a la casa, más que como un lugar físico como un recinto sagrado, un santuario reservado para aquellos seres especiales y extraños parecidos a uno. Una vez se haya interiorizado ésta máxima se podrá pasar al procedimiento de decoración.
Tan importante como crear un espacio con cimientos profundos es escarbar en los recuerdos de tiempos felices y luminosos, por eso es altamente aconsejable hacer una selección de aquellas fotografías tomadas en épocas de alegrías sencillas y baratas, servirán para vestir los muros del lugar que se habitará, recordándole al viviente el modo de ponerle bufanda al espíritu, especialmente en aquellos días cuando olvida con excesiva facilidad que los seres oficinescos son fríos y despiadados.
Entre los elementos indispensables están las rocas, suaves o ásperas, perfectas para aquellos momentos de ensoñación dentro de la hamaca, como bien se sabe los disparates pueden llevarlo flotando a alturas peligrosas, por lo que no está de más tener una buena ancla.
Para cuando, irremediablemente, se le rieguen las lágrimas tenga a la mano sonidos de violoncelos y marimbas, éstas últimas ojalá fabricadas con el vegetal denominado chonta, mejor aún si fue cultivado por un cantaor del Pacífico, padre de doce hijos con tres madres distintas, el origen del instrumento le asegurará tardes en las que recordará que el mejor acompañante para usted es usted mismo. Si aun así insiste en llevar compañía a su nicho, asegúrese de que ésta se bañe a diario, preferiblemente con agua tibia, bien se sabe que la fría sólo es buena para las bestias de carga, menciono lo del aseo porque pocas cosas hay peores que arruncharse en tarde de domingo con alguien que sólo inspira repulsa.
En caso de que se antoje de darle persona a la casa, además de toque personal, acostumbre a su compañero a quitarse los zapatos apenas entrar al recinto, no pueden estar equivocados tantos japoneses, para mí lo que buscan evitar es pisarse los sueños.