miércoles, octubre 21, 2009

Reflexión acerca del amanecer de las palabras

Luz gris, ventana pequeña y opaca, casi cuadrada,
¿cortina para qué?
recinto rugoso y estrecho, ajeno aunque propio,
tibio y familiar,
privacidad existente mas no nutricia,
soledad ocupada y tumultosa,
posesiones desperdigadas, regadas, revueltas,
desconfianzas fundadas y esperanzas calladas, con violencia y dolor.
Estufa muerta, guantes vacíos, platos sin sal y frutas sin dulce,
lecho duro, plegado, incierto,
teléfonos que hablan mudos o a señas dibujando formas con sus cables,
calendarios viejos con días marcados que tampoco fueron felices,
trozos de tela, bolígrafos con tinta seca, lápices con puntas partidas, ropa antigua y agujereada,
capítulos de una novela inconclusa y olvidada,
el argumento siempre externo, impropio, casi improperio,
la salvia seca, molida, polvorienta, llevada por el viento furioso y sanador.
Aparecen los gritos aún no emitidos, planeados soterradamente, la vida vibrante que altera el orden aburrido.
Las letras de los libros cerrados se confunden entre sí,
las hojas amarillas de los árboles vuelan con sus formas graciosas inspirando la danza de las libélulas de fuego,
los pájaros brincan sobre el verde del suelo,
el tiempo pasa a prisa, ganando la carrera a la vacuidad y entonces los sueños vuelven a nacer,
el cielo se llena de nubes sólo para que el sol pueda hace una entrada digna, majestuosa.