lunes, noviembre 30, 2009

Conociendo a los padres de los textos

Me pasa que al leer a una persona, durante mucho tiempo, me hago una imagen mental de ella, muy exigente, siempre. Al conocerla me estrello, la mayoría de las veces. Tiendo a creer que el hijo se parecerá al padre, que será muy limpio, ordenadito y hasta divertido, pero cuando estoy cara a cara con el creador de la criatura me siento frente al padre adoptivo del niño que me mostraron antes, ahí, invariablemente, me decepciono.

Así como algunas personas sufren por ser conformistas, les traen sopa en lugar de soufflé, habiéndolo pedido, y no dicen nada, quieren un pantalón azul pero sólo hay verde perico e igual lo llevan o reciben el café frío porque igual se va a enfriar, yo tengo problemas por esperar más de todo. Cuando me dijeron que Kate Moss era hermosa me imaginé una diosa espectacular a la que todo lo que quedaba divino, una mujer absolutamente odiable por la envidia que me inspiraría, pero cuando finalmente vine a unir el nombre a la cara, descubrí que yo era la supermodelo.

He tenido situaciones en las que espero con ansiedad presentar los resultados de mi trabajo. Ya he conseguido el videobeam, he revisado un millón de veces las diapositivas, cazando letras rebeldes que se rehúsan a salir de mis cuidados párrafos, he atravesado, durante horas, ríos de indecisión frente a una fuente Arial y otra Tahoma que me tientan como lo harían unos deliciosos bizcochos con un diabético, para que al final, cuando todo está listo y puesto a punto, me llame un superior a decirme que confía lo suficiente en mí como para obviar la presentación, lo que también puede significar “no pienso atravesar media ciudad sólo para ver tu perfecta ortografía, con lo que has hecho es suficiente para mí”. Entretanto yo exhalo humo por mis orejas y me voy arrastrando los pies a donde el administrador de recursos físicos, para cancelar la reservación que hice de la sala de reuniones.

Con los blogs no es distinto.

Hubo una época de mi vida en la que apenas leer un buen texto me disponía a leer todo, literalmente TODO el contenido del blog que lo acogía, no sólo las entradas hechas por el autor sino cada uno de los comentarios, buscando más de la inagotable sabiduría o ameno estilo de quien había propuesto el tema inicial, bien se sabe que un diligente autor de blog responde a sus comentadores con respeto y constancia.

Después de haber consumido cada uno de los elementos que componían al blog, esperaba emocionada a que se organizara una reunión de bloggers para tener la oportunidad de conocer a los autores que me habían entretenido tanto alguna tarde, alguna noche, alguna semana y, en general, algún período de vida donde lo virtual era más entretenido que interactuar con el mundo 3D. Llegado el momento asistía muy arregladita al evento sin saber lo que me esperaba.

Con desazón recuerdo estas reuniones como réplicas de una sesión terapéutica de adictos a algo. A su turno cada quien decía el nombre que usaba para publicar, el nombre de su blog y las razones por las que había decidido abrirlo, luego todos intentaban hablar mientras el organizador intentaba con éxito o sin el, dependiendo de su naturaleza para el liderazgo, moderar las intervenciones. Invariablemente aparecía alguien que quería enseñar a otros los misterios escondidos del html, el css, el periodismo ciudadano o las mejores técnicas para la escritura de guiones, es decir, había alguien que quería demostrar qué tan chiquito lo tenía inflando sus habilidades técnicas, literarias o lo que sea que destacara en su blog. Más o menos, a las dos horas, si uno era lo suficientemente paciente o tenía la fuerza de voluntad suficiente para evadir el suicidio, aparecía alguien medianamente ameno y así el sentimiento de haber perdido el tiempo se diluía a la velocidad de una tortuga.

Tras estar en varios eventos como estos, luego de escuchar promesas de leer mi blog porque les parecía “súper interesante mi propuesta”, cansada de explicar de dónde salió el Licuc pude concluir que el mejor modo de conocer a alguien es cara a cara, así el contacto inicial sea por medio del blog, el correo electrónico o el Messenger.

Yo también quise hacer amigos a través de las redes sociales, pero la experiencia de asistir a distintas actividades relacionadas con los blogs me dejó con la sensación de que mi tendencia a igualar por lo alto es contraproducente, suelo tener grandes expectativas y al llegar me estrello. Los golpes me han enseñado a separar los textos de los autores y así entiendo que, como los días, hay unos nublados borrosos mientras otros son brillantes y claros. Para evitarme más decepciones prefiero pasar, lo más pronto posible, de lo virtual a lo real, con aquellas personas que me parecen muy interesantes, así no tengo tanto espacio para fantasear con lo divino que será el intelectual del cual nacen semejantes ideas o cuán inteligente será la madre de esos niños-textos que podrían jugar con los míos.

Ahora leo a muy pocas personas, en realidad no leo blogs todos los días, pero escribo todos los días y en general leo todos los días, no siempre libros, a veces son series, películas y personajes; me fijo más en la ficción o en cómo las personas reales podrían ser personajes, logro reírme hasta de aquellos que ven, con ojos de seguidor de secta, a las popstars de la blogósfera local, y sí me río más, me río mucho más de todos, comenzando conmigo.

En general, a pesar de las buenas experiencias, creo que es mejor ser cauto con los autores de blogs que se decide conocer en lo material, a muchos es mejor dejarlos en el reino de lo virtual para que no pierdan el encanto. A otros, si se los conoce primero de todos modos decepcionarán, antes de leer sus textos.

viernes, noviembre 27, 2009

Escribir y otras formas de asesinato

Cuando he estado en etapas de catarsis no importa nada, los volantes que reparten en la calle, los recibos de supermercado y hasta los espacios en blanco del periódico son superficies esclavas que deben resistir los abusos que les doy. Incluso el teclado de mi computador ha sido víctima ocasional de mis estallidos emocionales, lo he azotado sin misericordia, olvidando que el día que deje de funcionar estaré en graves problemas. Sin embargo, todo vale la pena porque al final estoy en equilibrio.


Recuerdo con exactitud la escena, ella llevaba puesto un abrigo café con lunares rosados, un jean azul claro, zapatos negros, planos, el pelo liso como asiática y un bolso azul y blanco tejido, que obviamente no le combinaba, él estaba como siempre, chaqueta azul y pantalón negro, negros también los eternos tenis. La llevaba de la mano y yo sentía cómo mi temperatura iba en ascenso, igual que mis ganas de asesinar.
En contra de todos los consejos y pronósticos había decidido ir a verlo, a esa hora en que ninguna amiga, de las que vivían en su mismo barrio, estaba presente para detenerme. Ese día no tuve más remedio que esconderme de ellos y regresar a casa dejando que mis pensamientos le ganaran la partida a mis emociones, para seguir libre, para evitar cometer un asesinato en plena avenida 19 con calle 147.


Sólo he sentido furia asesina dos veces en la vida, la que acabo de relatar es una, la otra no la he asimilado lo suficiente como para ponerla en letras, pero las dos tienen en común el haberme dejado en tal grado de alteración que no podía pensar en nada más, impidiéndome hacer otra cosa que darle vueltas una y otra vez a la misma situación, sabiendo que eso no cambiaría nada y que sólo me provocaría gastritis, úlcera, colon irritable o cualquiera de esas enfermedades modernas que llevan al éxito.

Más tarde me obligué a calmarme lo suficiente para escribir. Así como algunas personas se expresan a través de la ilustración y otras por medio de la danza, yo elaboro mis momentos difíciles con palabras.

He vivido ocasiones en las que lo único capaz de devolverme un poco de la paz mental que tenía, antes de un evento fuerte, ha sido agarrar un bolígrafo y agredir al papel como si fuera el más bajo, rastrero, ruin y miserable ser humano, lo he vejado de formas indecibles, incluso lo he apuñaleado, desgarrado, quemado, manchado y dañado de formas completamente irreversibles, pero aún así no sé si ese ha sido el peor de los males, en ocasiones he dado a conocer públicamente textos que sólo deberían existir en un diario personal con llavecita y olor, guardado en el armario, junto a todas las cartas cursis de amor y los papelitos de chocolatina, recibidas de los niños que me gustaron, así no haya llegado a nada con varios de ellos. Ese tipo de textos, los catárticos, deben valorarse por la función que cumplieron con el autor mientras fueron creados, pero no tendrían que estar quemándole la retina a los lectores web que visitan los blogs.

Tras varias depuraciones del contenido de mi blog he dejado aquellas líneas que me parecen más merecedoras de atención (¿o quizás menos merecedoras de vergüenza?). Durante el proceso de clasificación he encontrado párrafos criminalmente aburridos que me hacen pensar tengo más amigos de los que creo, de otro modo no sé cómo alguien puede leer completa una entrada que comienza describiendo en detalle mis estados fisiológicos de carencia alimenticia y mis posibles opciones gastronómicas para modificarlos, en otras palabras, no creo que a nadie le interesara saber si tenía mucha o poca hambre y qué tenía en la nevera para saciarla, pero aún así lo leyeron.

Ahora veo al lector con un poco más de respeto, creo que se merece entradas más terminadas, sin tantos hilos volando y sin detalles acerca del proceso creativo que atraviesa un texto antes de ser publicado. En este momento los desahogos emocionales, los sueños escatológicos y las depresiones producto del síndrome premenstrual van directamente a la libreta de borradores o al diario de papel.

Basta ya de artículos mediocres, salidos de transcribir una discusión que tuve con mi jefe desquiciado, que salgan de ahí las ideas, pero que no sean esos los contenidos.

jueves, noviembre 26, 2009

Orgasmos textuales

Cada quien tiene un modo particular de lidiar con sus problemas, yo escribo. Cuando lo hago hasta que me duelen las manos quedo feliz, siento que el día valió la pena e incluso, en ocasiones, me parece que el chocolate es un alimento de quinta, nunca podrá provocar los efectos que me producen las sesiones masturbatorias con letras.

Entiendo la escritura como una herramienta para decirles algo a las personas, como un medio de comunicación que me permite contarles lo que me pasa usando los elementos justos. Cuando escribo me fijo en las palabras que uso, en sus significados y en el orden, para que al ser leídas se entienda, lo más fielmente posible, la idea que quería expresar.

Para lograr transmitir un mensaje limpia y claramente es frecuente que haga borradores, textos caóticos o tenga conversaciones, con mucha emocionalidad, que me sirven para concebir las líneas que más adelante cobrarán vida en mis productos finales, corregidos, recortados y pulidos, pero estoy convencida de que la materia prima está hecha de tripas.

Una vez me siento a escribir, para descargar un tema que me tiene en líos emocionales, me largo en prosa como si fuera una conversación con alguien más, pero con la ventaja de que no tengo que ser cortés con el otro, no tengo que esperar a que diga algo para que me toque hablar a mí, puedo hablar 4 horas seguidas sin temor a pasar por grosera, egocéntrica o simplemente delirante. Nadie esta para callarme y puedo decir todo lo que quiera.

Mientras escribo soy una con el texto, mis letras son una extensión de mis dedos, por ende un puente de mis neuronas al mundo exterior, así el resultado refleja lo que me pasa en el momento que fue creado, por más que me esfuerce en suavizarlo o disfrazarlo. Mis líneas suelen tener tanta fuerza que, pasados meses o años, logran recordarme con exactitud la situación por la que pasaba cuando fueron escritos y el modo en que me sentía, además de haberme ayudado a procesar, en su momento, todo lo que no podía digerir.

Gran parte de mi salud mental y de mis amistades sólidas se la debo a la escritura, pocas personas existen hoy en día con tanta paciencia como para escuchar cataratas verbales sin que se les pague un peso, por ello escribir es para mí una alternativa invaluable, me permite darle orden a la madeja de pensamientos que siempre cargo conmigo, al tiempo que les doy vacaciones de mi voz y mis problemas a mis amigos.

Si bien no siempre tengo a alguien de cuerpo presente cuando escribo, es más, mi forma favorita de escritura es en soledad, como un onanista consagrado, en ocasiones me es útil tener una oreja ajena a la cual dirigirme, la imagen de una o varias personas a quienes les estoy hablando, para monitorear mi texto, para darme cuenta de si estoy logrando o no el objetivo de dar a entender lo que tengo para decir.

Así como los textos catárticos, tipo diario personal de papel, logran darme una sensación de paz, alivio, serenidad, los otros textos, los más trabajados, imaginativos e impersonales me dejan con la satisfacción del esfuerzo hecho para procesar un tema, para digerirlo, para aprehenderlo, para apropiarlo, obligan a mi cerebro a hacer gimnasia y él suelta sustancias que me hacen sentir mejor de lo que estaba antes de crearlo, así que en algo se parece la sensación orgásmica, luego de luchar cuerpo a cuerpo con el texto llego al clímax y junto a el.

miércoles, noviembre 25, 2009

Criando buenos textos

Aún tengo miedo a los comentarios ajenos, soy como una madre sobreprotectora y mis hijos son mis textos, soy enfermiza, cuando los critican a ellos me siento ofendida. Para colmo quiero vivir de ellos, quiero explotarlos, quiero que me paguen a mí por el trabajo suyo, así que no me queda más remedio que prepararlos bien, y luego, dejarlos a su suerte para que los lectores hagan lo que quieran con ellos.

Yo escribo por diversas razones y me ha tomado mucho tiempo el descubrir por qué publico en un blog, he pasado por las etapas de catársis, quiero-hacer-amigos, me-pondré-misteriosa-porque-creo-que-me-estoy-empelotando-mucho y lo-hago-gústele-a-quien-le-guste. Ahora lo hago con la esperanza de encontrar un editor que me quiera publicar en otros medios, con ganas de dedicarme sólo a escribir, a crear, apostándole a poder vivir de hacer lo que amo, pero por muchas razones, entre ellas una conferencia de Carolina Aguirre (Bestiaria), entiendo que el éxito en la búsqueda de lectores no se puede medir sólo por la cantidad de comentarios, porque no todos los que leen comentan. Reflejo de mi confusión y de mis dudas en el uso de los blogs es que he cambiado de dirección, he abierto y cerrado los comentarios, además de muchos otros comportamientos erráticos como borrar y agregar contactos a mis perfiles de redes sociales, conforme quiero o no lectores.

Sé que el texto no soy yo, a veces el texto se presenta a otros más peinado y arreglado de lo que yo salgo a la calle, otras me da pena ajena cuando lo veo pasados unos días, es como esos niños que salen a comprar lo del desayuno en pijama y chancletas, quiero mirar para otro lado y no reconocer que es hijo mío. Con el tiempo he aprendido a divertirme con ellos, a dejarlos ser, pero no sin tener breves episodios psicóticos en los que me autocastigo por ser una autora descuidada, por no haber leído o investigado lo suficiente acerca de X tema, permitiendo que la emoción le ganara a la razón. Sin embargo he crecido.

Con la ayuda de constantes lecturas y cientos de páginas redactadas en el computador y en papel, he mejorado la velocidad, la calidad y hasta la capacidad de tipeo con la que produzco textos. Lo que no he logrado es dejar de personalizar los comentarios.

Digo bendecir a aquellas personas que me dicen lo que piensan sin vacilar, sin dudar, sea positivo o negativo, así sé a qué atenerme con ellas, pero basta con que alguien se meta con mis ideas, con mis pensamientos, con esos garabatos que publico en la red para que me sienta profundamente ofendida y me dé por cerrar el espacio para que los lectores opinen, y sí, sé que no logro nada con ello, soy como una sordomuda que cierra los ojos para no ver cómo otro la insulta con lenguaje de señas, pero tiendo a sentirme más segura de ese modo.

Nuevamente estoy dispuesta a hablar con el otro, a dejar de ningunearlo y a permitir que insulten o elogien a mis hijos según se porten, voy a hacer la terapia de asistir a las reuniones donde los profesores me cuentan cómo van en el colegio, pero ya sin el tono conciliador y suplicante de otras épocas. Es hora de que me ponga a la altura de esos comentadores que aportan algo a la discusión.

Mis hijos han crecido y yo también.

martes, noviembre 24, 2009

La pensión: un cuento de hadas para menores de 45

Alberto
¿Me parece o Bogotá es una ciudad cada vez más… como más competitiva, como más…?

Yo
No sólo más competitiva, más pobre, más violenta, más brutal, más jodida y llena de desplazados que se comen la plata del distrito, porque el gobierno [central] no les resuelve nada.

Alberto
Oye pero ¡es tu ciudad!

Yo
Sí, linda la condenada pero al paso que vamos pues… esa plata que se están tragando los desplazados de hoy es la que iba a ser la de los pobres de mañana, o sea de nosotros.

Alberto
Pero si tú no eres pobre.

Yo
No todavía.

Alberto
A ver ¿cómo así?

Yo
¿Tú cuántos años tienes?

Alberto
32

Yo
Bueno, ahí tienes, para ti y para mí, para los de nuestra generación, para todos los que tenemos menos de 45 esa vaina de la pensión es un cuento de hadas, y yo en esos ya no creo, ni en esos ni en los que ustedes los tipos le echan a las viejas para comérselas, pero bueno, en lo que estábamos.

Alberto
No, pero mira que si uno tiene la pensión con el seguro [ISS], con el gobierno tiene más oportunidad que si la tiene en un fondo privado, al menos uno después, cuando ya le vaya a tocar puede poner una tutela para que se la den.

Yo
¡¿Tú crees?! Esa gente [los políticos] se van inventando peros, cotos para que no nos toque nunca, nos van a decir algo así como “¿se acuerda de esa plata que usted metía en el fondo de pensiones?, bueno, pues nosotros la usamos para pagarle la pensión a los viejitos de hace 40 años, luego no quedó nada, así que le aconsejamos aproveche las nuevas leyes laborales y las facilidades que hay ahora para montar negocios, así va a tener con qué mantenerse mientras se muere”. Eso más o menos nos van a terminar diciendo, y si les llega a quedar algo obviamente se lo van a robar, encontrarán el modo de justificar esa plata con pagos por, dizque, pensión.

Alberto
No, no exageres, mira, si uno mete la pensión con el gobierno más tarde puede decir “ustedes se responsabilizaron de mi plata, así que me responden o los demando” y demanda contra el gobierno vale más que contra una empresa privada. La privada en ese caso va a contestar “qué pena con usted pero la plata que le teníamos se perdió en la bolsa” y uno no puede hacer nada.

Yo
Más plata se te va poniendo la demanda, pagando el abogado…

Alberto
Espera. Uno demanda, y puede que se le demore pero sale, al final un juez dice “sí señor, usted tiene derecho a esta plata por estos años de aportes”.

Yo
No sé, a mí eso me suena como la pirámide del futuro, que al final te van a dar lo que hoy son mil pesos, porque va a haber tanta gente reclamando que la plata no va a alcanzar para nada.

Alberto
Pues yo prefiero estar adentro de la pirámide que afuera, así sea para que me den algo de lo que he pagado de impuestos.

lunes, noviembre 23, 2009

El final es inminente

Las sanguijuelas de dos patas se cuelan por los resquicios que destellan, ansiosos por succionar la vida que corre burbujeante a través de las arterias de los anormales que disfrutan el ardor de una consciencia clara, nítida.

Criaturas gelatinosas verdes y grisáceas, despiadadas, acorralan a aquellos personajes capaces de cerrar los ojos y respirar lento, inspirados eternos, que van por el mundo dentro de esferas violetas, invisibles.

Verdes y grisáceas se arriman, convirtiéndose en una masa amorfa, violenta, cruel, sangrienta que arrincona a los inspirados eternos, buscando hacer estallar los globos sagrados dentro de los cuales existen, usando espinas afiladas.

Ellos, los santos resisten imaginando, creando y creyendo en otras realidades, aguantando pruebas que parecen imposibles, siempre convencidos de que el camino elegido es el correcto y no alguno más.

viernes, noviembre 20, 2009

De estados zen y anorexia sexual

Hay días en que preferiría que me contaras acerca de tus amores, del sexo que compartes con otras, pero no hoy, hoy no siento deseos por ti ni por nadie, hoy no me complace hablar de ti o de tus triunfos, me basta tu ausencia para saber que no quiero estar a tu lado.

jueves, noviembre 19, 2009

La navidad es un domingo eterno

Entrevista a una persona que odia salir en domingo:

Entrevistadora

¿Hace cuánto tomaste la decisión de no volver a salir los domingos?

Odiadora de domingos

Ni idea, sólo sé que hace meses evito por todos los medios posibles salir a la calle ese día o cualquier festivo que se le parezca. Es que es un asco, sale uno y va a un centro comercial a comer algo y está ahí todo… todo lleno de gente, de familias en patota, almorzando, comiendo helado, bueno al menos no me toca como a otros… ida a la tienda con fijo grupo de borrachos tomando pola al final del partido de fútbol, ojalá para completar con los pies sudorosos al aire, en plena calle ¡guácala!

Entrevistadora

¿Cuándo fue la última vez que saliste en domingo?

Odiadora de domingos

Mmm… a ver… hace como dos semanas, creo que por eso todavía estoy cansada.
Ese día me tocó acompañar a una amiga para que se regresara a la casa, como de mi edad, con 3 niños y otro en casa, me parece que ese día decidí que no quiero tener hijos nunca. Ella es una guerrera, mamá consagrada pero yo no quiero que la vida se me vaya criando chinos, yo prefiero dedicarme ese tiempo y esa energía a mí, a ser feliz yo, a gozarme yo la vida, prefiero ser mi propia mamá.

Entrevistadora

¿Hay algún lugar que te guste para ir los domingos?

Odiadora de domingos

Creo que el ideal es mi casa, así, sola. Prefiero estar sola en la casa, sin que nadie me diga nada, ni qué hacer ni qué no hacer, salir a cualquier lado es un asco, hasta prefiero pedir el domicilio desde el sábado y guardar comida para el domingo.
Si pides un domicilio el domingo se te demora como 40 minutos, el doble y el triple de lo que se demora cualquier otro día de la semana y si sales a comprar algo es igual, por ejemplo si vas al centro comercial parece que fuera navidad cada 8 días, la gente comprando comida como marranos, los niños haciendo reguero igual, cual cerditos dejando todo sucio para que las aseadoras lo levanten, pobres señoras con ese trabajo miserable de limpiarle las porquerías a los muchachitos ajenos.
Es eso, como te digo, gente gastándose la plata que no tiene, comprando lo que no necesita, malcriando a los niños el fin de semana por la culpa que les produce no estar con ellos el resto de los días, y uno, a uno lo miran feo porque es soltero, porque no se le da la gana ponerse “la pinta” para ir a comprar el almuerzo, como que se sienten ofendidos porque uno les daña el escenario en su plan especial de fin de semana, como que no está a la altura. No saben que ya les está haciendo el favor de la vida al soportar a su prole, que no tiene porque aguantárselos pero que igual lo hace con tal de no morirse de hambre ese día.

Entrevistadora (haciendo paciencia)

¿Por qué te disgusta la navidad?

Odiadora de domingos

Pues por lo que te decía. Los domingos básicamente me recuerdan esa época del año en que la gente pone cara de ponqué por obligación, los papás se aguantan las pataletas de los niños llorones y gritones porque hay que mantenerles la ilusión del niño dios, porque infancia no hay sino una y qué pesar que no la vivan bien, pero para ellos vivirla bien es llenarlos de cosas que no necesitan. Entre tanto paquete, entre tanto juguete se pierde la verdadera, o lo que se supone que era la verdadera esencia de ésta época, la unión, el reconocimiento del otro, eso ya no es y pues no te lo voy a negar, el hecho de crecer con papás separados no ayudó, uno era como la pelota que se rifaban en esas épocas, que si te toca contigo o conmigo y hasta los sobornos con dulces y juguetes para ganarse una fecha más que no le tocaba.
A mí no me convence la familia moderna, me parece que es más para llenar la foto, para llenar las casillas de los formularios, un requisito, la gente ni la piensa a la hora de tener hijos, los tiene porque cree que hay que tenerlos y ya, pero bueno, ya me fui de tema.

Entrevistadora (cansada y aburrida)

Entonces hubo alguna época buena, ¿alguna vez te gustó la navidad?

Odiadora de domingos

Mira, me queda más fácil decirte que en general me gusta el resto del año, todo calmado, las ventanas oscuras pero bueno, voy a…creo que cuando era más pequeña, cuando mis papás aún estaban juntos y yo creía que el niño dios era real, esa época fue mejor, siempre y cuando no tuviera que estar con la familia de mi mamá, con ellos siempre me sentí extraterrestre, todo lo que dijera estaba mal y la cosa no cambió con los años, de hecho… de hecho hace unos años decidí celebrarlo a mi manera, con unos amigos que sentía más familia que la familia en sí. Nos reunimos todos en la casa de una amiga, llevamos vino, comida, en fin, de todo y la pasamos deli. Fueron como los aliados que necesitaba para que “la guerra” no fuera tan dura.

Entrevistadora (resignada)

¿Cómo es ahora tu relación con esos “aliados”?

Odiadora de domingos

Pues con algunos ya no es… se abrieron, nos abrimos, no los soporto más, no sé qué sea de la vida de ellos y ellos tampoco saben de la mía, cosa que me alegra.
Otros se han ido del país y nos hablamos sólo por Skype, a ratos, pero hablamos. Algunos se han ido casando, haciendo familia, como que se domesticaron y pues nos dejamos de hablar mucho porque están en otra onda, yo la verdad no creo en eso de madurar o formalizarse, nos vendieron muy mal esos productos a varios de mi generación. Pero ven… como te decía, algunos sí siguen ahí sin importar la distancia, me gustaría verlos más seguido pero la plata no da para tanto y así estamos por todos lados, en general a ellos les guardo mucho cariño, son como esa familia que uno escoge acá, la que tú eliges, no la que te toca aguantar.

Entrevistadora (feliz porque ya va a terminar)

¿Se te ha ocurrido una solución para que ésta época deje de ser tan vacía?

Odiadora de domingos

Para comenzar habría que dejar de pagarles a los pobres para que tengan hijos, es una barbaridad, les dan colegio gratis, comida gratis, subsidio, les pagan la casa cuando están viviendo en zona de alto riesgo y a los ricos tendrían que subirles los impuestos, pero como ellos pagan los votos con mercados para seguir haciendo las leyes que les dejan en nada los impuestos como complicado, realmente los que estamos jodidos ahora somos los clase media, al paso que vamos también vamos a recibir subsidios para todo, pero qué horror ¡vamos a ser pobres! porque nosotros les pagamos todo a los que son pobres ahora, a ver me organizo.
El punto es que la navidad es la máxima expresión del consumismo, la gente cree que es una época de candor, de paz, de alegría pero en realidad es una idea bien comercializada y difundida por los medios de comunicación, tendrían que inventarse una navidad sin regalos, sin comprar basura, sin regalar perritos que luego van a terminar en las calles porque crecieron y nadie los quiso, pero a los comerciantes no les va a dar por publicitar semejante cosa, ellos lo que necesitan es cuadrar sus ventas, recuperarse, más en un año como este en el que hubo crisis.
Y bueno, no te charlo más porque te debo tener borracha de tanta cosa.

Entrevistadora (¡Por fin!)

Gracias.

miércoles, noviembre 18, 2009

Señor expatriado

Señor expatriado:

Le sugiero que recuerde su tierra, mas no que la añore, acá los monstruos no dejan de maltratar y les encanta disfrazarse de personas todo el año.
No se pierde usted de nada cuando la lejanía le impide asistir a aquellas reuniones donde bastardos se llaman inteligentes, brillantes e interesantes entre sí, se lo aseguro yo que he estado ahí más veces de las que quisiera recordar, ellos son sólo fantasmas incapaces de ser corpóreos delante de otros durante mucho tiempo, prefieren permanecer en sus túneles como topos y cuando se encuentran a un semejante, desprecian a aquellos que no conocen los mesmerismos virtuales.

martes, noviembre 17, 2009

No me gusta sabina, como pan y bebo leche

Años enteros estuve buscando un sitio al cual pertenecer, lo encontré y sentía como esas series gringas que me hipnotizaban siendo niña, más niña. Llegaba la dueña y sabía exactamente lo que quería comer, yo la llamaba por su nombre y ella sabía el mío aunque nunca lo usaba para referirse a mí.

Pasaron los meses y gente mala, de esa que se cree buena porque va a misa todos los domingos, comulga y le da limosna a los pordioseros de la familia cuando la necesitan (todo el tiempo); decidió que tenía más derecho que ella, que la señora que atendía mi hallado refugio, derecho a llenar ese espacio haciendo lo mismo pero sin candor, entonces ella se fue y se fue el sentimiento de seguridad, la exactitud en la predicción a la hora del almuerzo y las conversaciones apacibles, burlándonos de esa ciudad de la que hacíamos parte pero que parecía ocurrir, vivir a millas de distancia.

Hace mucho que se fueron esas tardes y pareciera que ahora son sólo un producto del recuerdo.

Apareció otro refugio, con seres extraños, fenómenos que hacen parte del circo que ahora conformo, vienen de distintos orígenes y no somos todos iguales, por fortuna somos distintos hasta entre nosotros mismos. Ellos, varios de ellos, oyen a Sabina y disfrutan de la poesía de sus letras, yo lo soporto y si estoy expuesta demasiado tiempo a su efecto entro en depresión profunda, más existencialista que de costumbre comienzo a ensayar, mentalmente, diversos métodos de suicidio.

Algunos han comenzado a repudiar la carne y hasta la leche de vaca. La alternativa es el derivado de la soya, yo opino que sabe rico con café porque le da sabor a vainilla, también creo que es una buena alternativa para los jugos de cajita que la incluyen entre sus ingredientes, pero más allá de eso no la cambiaría por el blanco líquido, a mí me gusta la leche de vaca aunque me produzca gases, se convierte en una razón más para disfrutar a fondo la bendita soledad.

Y el pan, la mayoría come pan de trigo, blanco, otros optan por distintas preparaciones a base de maíz y/o de soya pero yo sigo disfrutando de los carbohidratos, no muchos ni en todas las comidas, pero en la vida nada hay como una buena almojábana o un paquete de papas fritas rizadas, muy frescas.

Ellos son ellos, yo soy alguien que necesita reconocer su esencia cada tanto y homenajearla con Aisha Duo y All India Radio en los parlantes, sin licor ni humo en el ambiente, ni propio ni ajeno. Se aceptan inciensos y velas, no cigarrillos y copas.

lunes, noviembre 16, 2009

Ruidos de televisión

Alguien viene repitiéndome con frecuencia que el hogar está en el corazón, que las palabras originalmente fueron dichas por Krishnamurti pero que de nada sirve conocerlas, que es necesario interiorizarlas, trascenderlas. Me parece que la última vez que lo logré fue hace casi 2 meses, descutía de nuevo, sin esperanza, sin significado, como repitiendo una escena cliché, cuando decidía mandarla al diablo:

-¡Al pedo con tus problemas! No soy amiga tuya y prefiero seguir leyendo a Caparrós. Pagále a la psicóloga para que te escuche.

Me fui a la cocina, sola y tranquila, bueno, dentro de lo que cabía. Sabía que me tenía a mí, a mí y a nadie más en ese lugar que no era mío, en ese lugar a donde no pertenecía.

He vuelto a la ciudad, a la que se enloquece con la lluvia, a aquella donde se puede llorar en la multitud sin temor a ser consolado, pero no he regresado a casa, ese lugar aún no existe, llevo conmigo mi hogar, el interior, ese que se enciende cuando escucho la salida a comerciales del canal rojo de la televisión por cable, el que sonríe cuando aparecen los títulos del final en una serie favorita, esa que se descarga en el laptop porque el televisor propio está lejos y desconectado.

No, ya sé que el anhelo por las posesiones materiales no es zen, no hace parte del asesinato del ego pero la recuperación de la pura esencia sí lo es. Extraño sensaciones, siento melancolía de estados mentales y por ello me esfuerzo para construir espacios que pueda compartir conmigo misma. Deseo sueños, dormir a mi lado, mi piel, mis manos, mis brazos, mi olor, mi pelo enredado, hasta las manchas conocidas en mi almohada, con todo y lo trillado de esa palabra. Me deseo a mí.

Llegan los ruidos, vuelven los recuerdos, anuncios de tiempos más felices que estuvieron y que volverán. Antes no me gustaba repetir nada, todo lo quería nuevo, hasta los capítulos de mis ‘novelas gringas’, hoy me recuerdan las alegrías que viví y que seguramente volverán. Lo sé, eso lo sé también.

No me gusta sabina, como pan y bebo leche

Años enteros estuve buscando un sitio al cual pertenecer, lo encontré y sentía como esas series gringas que me hipnotizaban siendo niña, más niña. Llegaba la dueña y sabía exactamente lo que quería comer, yo la llamaba por su nombre y ella sabía el mío aunque nunca lo usaba para referirse a mí.

Pasaron los meses y gente mala, de esa que se cree buena porque va a misa todos los domingos, comulga y le da limosna a los pordioseros de la familia cuando la necesitan (todo el tiempo); decidió que tenía más derecho que ella, que la señora que atendía mi hallado refugio, derecho a llenar ese espacio haciendo lo mismo pero sin candor, entonces ella se fue y se fue el sentimiento de seguridad, la exactitud en la predicción a la hora del almuerzo y las conversaciones apacibles, burlándonos de esa ciudad de la que hacíamos parte pero que parecía ocurrir, vivir a millas de distancia.

viernes, noviembre 13, 2009

Advertencias acerca de la vida con mujeres salvajes

Ten presente que el carácter de las mujeres salvajes es altamente contagioso, por eso piénsalo bien antes de tocarlas, una vez las beses y te metas en la cama con ellas no volverás a ver a los seres domésticos del mismo modo en que lo hacías antes.

Debes saber que los instantes en que desearás sacarlas de tu vida aparecerán, invariablemente, obligándote a pensar si quieres continuar del modo en que venías, pero ya con una inexorable sensación de pérdida o si prefieres convertirte en un guerrero permanente, que alcanza sus victorias a base de lucha.

Si te asustan las fieras decididas, independientes, astutas y valientes es bueno que te hagas a la idea de buscarte un amita de casa genuina, de aquellas que se emancipan a los 30, podrán resultar tremendamente aburridas y predecibles pero al menos se peinan bien y saben qué está de moda.

La plata que te ahorrarás en joyas, vestidos, perfumes y vacaciones lujosas cerca a algún famoso te la gastarás en libros, acuarelas, plumas, papeles de colores y juguetes para hacer burbujas. Las mujeres lobas no crecen del modo estipulado, son consentidas pero conscientes y te demandarán crecimiento interior constante.

Habrá días, muchos, ocasionales y sin aviso en los cuales se esconderán tras el encanto de una puerta abierta, sintiéndose tan felices de estar consigo mismas, que tu presencia no tendrá nada para agregar.

No pretendas que pasen todo su tiempo contigo, esa esencia tornasolada que te fascina probar, se prepara en largos cocimientos con chefs extraños, oscuros, lejanos, quienes hacen parte de una mitología en la que tú tienes un lugar único e irremplazable.

Si sientes que te desplazan, todas ellas o alguna en particular, esa que has elegido para que sea tu pareja, dedícate a tus asuntos, no te engañes, no has elegido a nadie, ha sido ella quien te ha permitido que la acompañes.
Vuélcate en tus pasiones, esas que no dependen de ella, ya verás que cuando salga de su concha sagrada y no te encuentre, irá vagarosamente a buscarte.

Cuando ocurra eso de que te observe sin verte, no corras a buscar un experto en vitrales, para que adorne el cristal del que parecerá estar hecho tu carne, mejor aprovecha para salir con tus amigos, incluso con tus amigas, pero no te quejes cada dos minutos porque descubres constantemente que todas no son tan sabias como ella.

Ahora que has escuchado las advertencias de una de su especie, recuerda que vivir con fieras es una tarea desafiante y plena de obstáculos, medita bien la decisión que estás por tomar, una vez hayas elegido la senda, las opciones de arrepentimiento desaparecerán.

Ensayo de poesía relacionado:
A la una, a las dos y a las tres

jueves, noviembre 12, 2009

Atrapada en la sala de cristal (7)

Resulta que las divisiones no van hasta el suelo ni hasta el techo, por lo que había considerado salir a rastras, así, de la sala de espera. No quise hacerlo antes en parte para guardar la compostura y porque quería dejar que alguien más se enterara de la ineptitud de la secretaria que me recibió.

Una vez afuera me puse los zapatos, me sacudí la ropa y recogí mis pertenencias, fui a buscar el ascensor y de rumbo a la primera planta mi teléfono volvió a sonar, era él preguntándome dónde estaba, los guardias lo habían llamado de nuevo luego de llegar al sitio donde me encontraba, furiosos, convencidos de que todo había sido una broma, tuve que regresar a mi jaula temporal para verificar su versión, luego regresé con ellos al ascensor, citándoles una a una las fallas que tenía su sistema de seguridad, obviando, mi intento fallido de forzar la cerradura de una puerta.

Al final llené un reporte de quejas acerca del servicio prestado por la administración del edificio, dejando bien claro el número de la oficina donde trabaja la secretaria descerebrada.

De camino a casa llamé a ‘mi rescatista’, quien no desaprovechó para insinuarme la forma en que me cobraría el favor, le contesté que lo dejaríamos para otro día en que no tuviera que explicarle a su esposa por qué se había levantado en medio de la cena para estar media hora al teléfono.

Yo llegué a casa 2 horas después de lo previsto, al menos cuando ya había pasado el momento de la noche de mayor congestión.

miércoles, noviembre 11, 2009

Atrapada en la sala de cristal (6)

Seguí pensando y recordé a alguien, a ese que sólo me busca con la esperanza de meterse en mi cama alguna noche, retomé el tono de desesperación que había usado con mi jefe y lo llamé. Fingiendo llanto le describí atropelladamente la situación, él me pidió que me calmara, al fondo oí ruido de restaurante. Le di los datos del edificio donde me encontraba, lo apuré para que llamara a la administración y al servicio de vigilancia, en realidad me aterraba perder una noche de mi vida durmiendo mal en un edificio corporativo, ya estaba planeando mi escape pero me negaba a salir callada, quería que los dueños notaran al menos una de las fallas que tenía su edificio planeado con tanta sabiduría.

Mi aspirante a amante dijo que me llamaría de nuevo, en 10 minutos, haría las llamadas necesarias para mi rescate. Apenas se cumplió el plazo mi móvil volvió a sonar, 3 guardias de seguridad iban camino al piso señalado para sacarme de mi encierro, al colgar me preparé.

Moví un par de sillas apoltronadas, me quité los zapatos, dejé en el suelo mi cartera y el portapapeles que llevaba, calculé el espacio, me acosté y comencé a deslizarme por debajo de una de las paredes de cristal.

martes, noviembre 10, 2009

Atrapada en la sala de cristal (5)

Esperé 10 minutos pero nada ocurrió, nadie vino a interrogarme. Imaginé cómo sería pasar la noche durmiendo en sillones de sala de espera, pero no me gustó lo que vi.

Resolví llamar a la asistente de mi jefe pero no respondió, eran más de las 8 de la noche y a esa hora se desconecta de los asuntos oficinescos, a regañadientes decidí llamar a mi jefe, detesta que lo busquen para resolver asuntos ridículos, pero tenía la esperanza de que conociera a alguien en el edificio que pudiera ayudarme.

Me contestó y tras decirme cortantemente que para eso, para resolver problemas insulsos está Marta, la asistente, me colgó después de recordarme que el informe de esa entrevista lo necesitaba para el final de la semana.

En ese momento estaba a punto de llorar de la rabia, hasta deseé tener un novio, un sujeto cualquiera de esos que encuentran las transeúntes cuando van por la calle, esos mismos con los que se casan y tienen hijos el día que se aburren de estar solteras, quise con afán tener en mi teléfono el número de un hombre que corriera a sacarme de ese aprieto, de esa sala de espera con paredes de cristal, literalmente, pero no había nadie así.

lunes, noviembre 09, 2009

Atrapada en la sala de cristal (4)

Al intentar abrirla me encontré con lo que no esperaba, estaba cerrada, las luces eran tenues, ni la secretaria, ni el personal de aseo estaban ya presentes.

Mi mente comenzó a maquinar, pensé en llamar por teléfono a alguien para que avisaran a seguridad que estaba encerrada y fuera alguien a rescatarme, luego creí que era mejor idea golpear con fuerza la puerta que acababa de cerrar parra llamar la atención del entrevistado, me abriría y yo podría salir por la puerta reservada para el personal autorizado. No funcionó, me cansé de golpear y juntar mi oreja con la madera esperando alguna reacción del otro lado.

Volví a la idea del teléfono pero tenía un inconveniente, la grandiosa secretaria no sólo me había encerrado a mí, el aparato también estaba indefenso dentro de un espacio cerrado, asegurado con llave, ahí mi memoria saltó a la segunda versión de Kung-Fu, serie televisiva donde aprendí que al cubrir una llave con un pedazo de plástico/polietileno se podría burlar una cerradura.

Busqué en mi cartera el manojo de llaves que suelo tener, probé algunas en la puerta que había cerrado cuidadosamente, encontré una que entraba y busqué en el cesto de la basura la bolsa vacía que había dejado el personal de aseo, arranqué un pedazo y con él envolví la llave elegida, recordaba que así había logrado acceder, alguna vez, al contenido de un cajón de un viejo escritorio. Teniendo presente el anécdota, como amuleto comprobado, me lancé a la cerradura convencida de que funcionaría otra vez, pero no, la llave entraba, más ajustada que antes, negándose a girar. Para ese momento comencé a rogar que un guardia de seguridad estuviera monitoreando las imágenes que transmitía la cámara de vigilancia, deseaba que me creyera una delincuente novata y que decidiera llamar a un compañero suyo para que revisara la situación.

viernes, noviembre 06, 2009

Atrapada en la sala de cristal (3)

Volví a anunciarme y me indicó una silla diciéndome que dentro de poco me haría seguir, con desconfianza fundada, seguí su instrucción. Pasada la hora acordada me llamó y me hizo pasar. Antes de eso la había visto arreglando sus pertenencias para dejar la sala de espera luego de anunciarme, entretanto yo había evadido con éxito las sonrisas comunicativas de los últimos visitantes de la sala de espera y había presenciado el trabajo del último turno de limpieza.

Crucé, por fin, el umbral a la derecha del escritorio de la secretaria y doblé a la izquierda por un pasillo corto con un par de puertas al lado opuesto, derecho, me aseguré de llegar a la oficina correcta y golpeé la madera, esperé la autorización de avance, para encender mi encanto de falsa relacionista pública, entré.

Encontré a un hombrecillo alto, delgado e inseguro, reacio a hablar con la grabadora andando, sin embargo mi sarcasmo natural, acentuado por la larguísima espera, retó a su ego que gustoso aceptó el desafío de ser entrevistado dejando pruebas materiales de su discurso. Pasado el intercambio de ritos sociales, donde él intentaba deslumbrarme con sus conocimientos y yo fingía ignorancia genuina, mientras predecía fácilmente en mi mente sus respuestas, me levanté y me despedí, quitándome anticipadamente la careta de entrevistadora profesional. Seria le di la mano y me despedí de pie en la puerta, salí y cerré.

Desande mis pasos, llegué al umbral más exterior, ahora a mi derecha, que me llevaría a la sala de espera, después a la salida, la abrí, con rapidez crucé el umbral, luego me aseguré de dejarla bien cerrada y me dirigí, con decisión a la siguiente barrera, de vidrio, ya no de madera.

jueves, noviembre 05, 2009

Atrapada en la sala de cristal (2)

Estando afuera busqué la ruta que me llevaría más rápidamente al lugar de la primera entrevista y llegué sin contratiempos, en realidad con mucho tiempo de sobra, incluso comencé a fantasear con tomar una siesta en uno de los cómodos sofás de la desierta sala de espera, ubicada dentro de un nuevo y lujoso edificio con alrededor de 10 televisores con pantalla plana en cada piso, todos, absolutamente todos en el mismo canal, sin posibilidad de hacer modificación alguna. Agradecí que al menos no estuvieran sintonizados en uno de televisión nacional.

Busqué el sitio más apartado posible, después de anunciarle mi llegada, a la secretaria del personajillo a entrevistar. Me senté donde nadie deseoso de conversación me tuviera a su alcance, quería adelantar la lectura del libro que llevaba e incluso escribir un poco, las únicas interrupciones que soportaría serían las provenientes de la asistente de mi jefe, llamándome para avisarme las posibles modificaciones en mi cronograma o sólo controlándome, para justificar esa bonificación mensual que le pagan por hacerlo.

No tardó en sonar mi móvil, era ella, la asistente diciéndome que el hombre, a quien esperaba para entrevistar, se demoraría en atenderme, que fácilmente se me iría toda la tarde, hasta llegaría la noche antes de que pudiera verme, pero no debía preocuparme, la otra cita que se esperaba yo cumpliera ese mismo día, había sido cancelada, me pedía que me concentrara sólo en entrevistar al sujeto que esperaba. Colgué.

Vi gente pasar, más de una vez, toda repetida, lamenté no llevar conmigo la cámara fotográfica para registrar el hermoso atardecer que vi desde el piso alto de ese edificio. Se fue el sol. Terminé de ver una película que ya conocía, esperé con ansias el concierto que aparece al final donde un hombre guapísimo canta una canción pegajosa. Hice el borrador de mi próxima columna, leí un par de capítulos del libro que traía, adelanté un informe que encontré, inconcluso, en mi carpeta de la oficina, devolví el cassette que usaría para grabar la entrevista, apunté gastos en mi control diario y me dirigí, faltando 10 minutos para la hora acordada, al escritorio de la secretaria, aún sin entender por qué no me había comunicado ella misma la demora de su jefe.

miércoles, noviembre 04, 2009

Atrapada en la sala de cristal (1)

No voy a comenzar con tonterías del tipo “el día era oscuro y gris, algo extraño se podía oler en el aire, por ello no quería salir de la cama”, más bien era un día normal, aunque nunca sé cómo usar correctamente esa palabra, era el escenario para una de esas correrías cáoticas de ciudad, en la que debía entregar algunos informes en la oficina donde trabajaba, escribir una carta a una amiga, llevarla a casa de sus padres, quienes se la entregarían cuando fueran a visitarla, junto a un libro que le había comprado.

Me levanté, me arreglé para salir y verifiqué que todos los elementos necesarios para la jornada estuvieran listos y metidos en mi cartera, salí, bajé los 5 pisos de todos los días y me dirigí al paradero donde tomaría uno de los 5 buses que me transportarían ese día. Llegué a la oficina sin novedades, entregué los documentos que esperaban, recogí el material que necesitaba para las entrevistas de la tarde, aproveché el tiempo que me sobraba para pasar a tinta la carta que había escrito en borrador, marqué con alguna gracia el sobre que recibiría mi amiga, envolví el libro, me despedí de la asistente de mi jefe y me fui.

Luego de almorzar llegué a la casa de los papás de mi amiga. Antes había llamado para asegurarme de que estuviera alguien que pudiera recibir mi encomienda, por lo que sabía estaría el ama de llaves, quien me recibió tan bien como siempre, por lo que tuve que entrar diciendo adiós y recordándole, cada vez que podía, mis obligaciones laborales para después de la visita, tenía la esperanza de que así me despediría pronto, sin amenazar el delicado equilibrio de mi agenda vespertina.

Algo de éxito tuve en la tarea, me demoré poco menos de una hora entregándole la carta y el libro, recibiendo una bebida suplementaria que insistió en regalarme al darse cuenta de que no tendría tiempo para prepararme jugo fresco de frutas. Salí disimulando el asco que me produjo el saber que la cicatriz, de su más reciente cirugía, se había complicado tomando el aspecto del tocino cocido a medias.

lunes, noviembre 02, 2009

Hoy amanecí mejor, siendo otra, recordando que existen más seres, diferentes a ti, más parecidos a mí, más viejos y sabios que también tienen la habilidad de hacerme sentir en casa, que permanecen a mi lado, que no aprovechan su cercanía para darme puntapiés cuando estoy vulnerable y mal herida.

En este instante ya no me duele tanto tu ausencia, ya veo con más claridad la sabiduría que me acompañó cuando te ayudé a hacer las maletas, y te llevé a la estación de trenes para que compraras tu pasaje de ida sin regreso.

Me dí la vuelta y caminé para no ver, para que fuera mi espalda, la que le mostrara los ojos a esa nube oscura y sucia que te llevaba lejos.

Creo que no parabas de sonreír.

Alcancé a oír los murmullos que salían de los vagones, miserables hablando de autógrafos, éxito y fama, mostrándose lentejuelas entre sí, como si se tratara de piedras preciosas.

Apuré mi paso y me erguí, al dejarte mis hombros se liberaron del peso que cargaron durante tanto tiempo, muchos, demasiados días estuve tratando de sostener intenciones sin futuro.

La luz está afuera y guía mis pasos, no me dejaré intimidar por los mares de gente que se apresuran, que corren para alcanzar la plataforma y subir a los trenes rumbo a la nada.

Ahora que vuelvo a concentrarme en mi figura, fantasmagórica, mis pies sienten más plenamente la firmeza bajo ellos.

Me esperan en la entrada los fenómenos de circo, la música con cantos de sirena me cautiva, mis neuronas le hacen cosquillas a mi cráneo, como alas de mariposas y voy olvidando hasta tu nombre.