viernes, noviembre 06, 2009

Atrapada en la sala de cristal (3)

Volví a anunciarme y me indicó una silla diciéndome que dentro de poco me haría seguir, con desconfianza fundada, seguí su instrucción. Pasada la hora acordada me llamó y me hizo pasar. Antes de eso la había visto arreglando sus pertenencias para dejar la sala de espera luego de anunciarme, entretanto yo había evadido con éxito las sonrisas comunicativas de los últimos visitantes de la sala de espera y había presenciado el trabajo del último turno de limpieza.

Crucé, por fin, el umbral a la derecha del escritorio de la secretaria y doblé a la izquierda por un pasillo corto con un par de puertas al lado opuesto, derecho, me aseguré de llegar a la oficina correcta y golpeé la madera, esperé la autorización de avance, para encender mi encanto de falsa relacionista pública, entré.

Encontré a un hombrecillo alto, delgado e inseguro, reacio a hablar con la grabadora andando, sin embargo mi sarcasmo natural, acentuado por la larguísima espera, retó a su ego que gustoso aceptó el desafío de ser entrevistado dejando pruebas materiales de su discurso. Pasado el intercambio de ritos sociales, donde él intentaba deslumbrarme con sus conocimientos y yo fingía ignorancia genuina, mientras predecía fácilmente en mi mente sus respuestas, me levanté y me despedí, quitándome anticipadamente la careta de entrevistadora profesional. Seria le di la mano y me despedí de pie en la puerta, salí y cerré.

Desande mis pasos, llegué al umbral más exterior, ahora a mi derecha, que me llevaría a la sala de espera, después a la salida, la abrí, con rapidez crucé el umbral, luego me aseguré de dejarla bien cerrada y me dirigí, con decisión a la siguiente barrera, de vidrio, ya no de madera.

0 comentarios: