lunes, noviembre 09, 2009

Atrapada en la sala de cristal (4)

Al intentar abrirla me encontré con lo que no esperaba, estaba cerrada, las luces eran tenues, ni la secretaria, ni el personal de aseo estaban ya presentes.

Mi mente comenzó a maquinar, pensé en llamar por teléfono a alguien para que avisaran a seguridad que estaba encerrada y fuera alguien a rescatarme, luego creí que era mejor idea golpear con fuerza la puerta que acababa de cerrar parra llamar la atención del entrevistado, me abriría y yo podría salir por la puerta reservada para el personal autorizado. No funcionó, me cansé de golpear y juntar mi oreja con la madera esperando alguna reacción del otro lado.

Volví a la idea del teléfono pero tenía un inconveniente, la grandiosa secretaria no sólo me había encerrado a mí, el aparato también estaba indefenso dentro de un espacio cerrado, asegurado con llave, ahí mi memoria saltó a la segunda versión de Kung-Fu, serie televisiva donde aprendí que al cubrir una llave con un pedazo de plástico/polietileno se podría burlar una cerradura.

Busqué en mi cartera el manojo de llaves que suelo tener, probé algunas en la puerta que había cerrado cuidadosamente, encontré una que entraba y busqué en el cesto de la basura la bolsa vacía que había dejado el personal de aseo, arranqué un pedazo y con él envolví la llave elegida, recordaba que así había logrado acceder, alguna vez, al contenido de un cajón de un viejo escritorio. Teniendo presente el anécdota, como amuleto comprobado, me lancé a la cerradura convencida de que funcionaría otra vez, pero no, la llave entraba, más ajustada que antes, negándose a girar. Para ese momento comencé a rogar que un guardia de seguridad estuviera monitoreando las imágenes que transmitía la cámara de vigilancia, deseaba que me creyera una delincuente novata y que decidiera llamar a un compañero suyo para que revisara la situación.

0 comentarios: