martes, noviembre 10, 2009

Atrapada en la sala de cristal (5)

Esperé 10 minutos pero nada ocurrió, nadie vino a interrogarme. Imaginé cómo sería pasar la noche durmiendo en sillones de sala de espera, pero no me gustó lo que vi.

Resolví llamar a la asistente de mi jefe pero no respondió, eran más de las 8 de la noche y a esa hora se desconecta de los asuntos oficinescos, a regañadientes decidí llamar a mi jefe, detesta que lo busquen para resolver asuntos ridículos, pero tenía la esperanza de que conociera a alguien en el edificio que pudiera ayudarme.

Me contestó y tras decirme cortantemente que para eso, para resolver problemas insulsos está Marta, la asistente, me colgó después de recordarme que el informe de esa entrevista lo necesitaba para el final de la semana.

En ese momento estaba a punto de llorar de la rabia, hasta deseé tener un novio, un sujeto cualquiera de esos que encuentran las transeúntes cuando van por la calle, esos mismos con los que se casan y tienen hijos el día que se aburren de estar solteras, quise con afán tener en mi teléfono el número de un hombre que corriera a sacarme de ese aprieto, de esa sala de espera con paredes de cristal, literalmente, pero no había nadie así.

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