jueves, noviembre 12, 2009

Atrapada en la sala de cristal (7)

Resulta que las divisiones no van hasta el suelo ni hasta el techo, por lo que había considerado salir a rastras, así, de la sala de espera. No quise hacerlo antes en parte para guardar la compostura y porque quería dejar que alguien más se enterara de la ineptitud de la secretaria que me recibió.

Una vez afuera me puse los zapatos, me sacudí la ropa y recogí mis pertenencias, fui a buscar el ascensor y de rumbo a la primera planta mi teléfono volvió a sonar, era él preguntándome dónde estaba, los guardias lo habían llamado de nuevo luego de llegar al sitio donde me encontraba, furiosos, convencidos de que todo había sido una broma, tuve que regresar a mi jaula temporal para verificar su versión, luego regresé con ellos al ascensor, citándoles una a una las fallas que tenía su sistema de seguridad, obviando, mi intento fallido de forzar la cerradura de una puerta.

Al final llené un reporte de quejas acerca del servicio prestado por la administración del edificio, dejando bien claro el número de la oficina donde trabaja la secretaria descerebrada.

De camino a casa llamé a ‘mi rescatista’, quien no desaprovechó para insinuarme la forma en que me cobraría el favor, le contesté que lo dejaríamos para otro día en que no tuviera que explicarle a su esposa por qué se había levantado en medio de la cena para estar media hora al teléfono.

Yo llegué a casa 2 horas después de lo previsto, al menos cuando ya había pasado el momento de la noche de mayor congestión.

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