lunes, noviembre 30, 2009

Conociendo a los padres de los textos

Me pasa que al leer a una persona, durante mucho tiempo, me hago una imagen mental de ella, muy exigente, siempre. Al conocerla me estrello, la mayoría de las veces. Tiendo a creer que el hijo se parecerá al padre, que será muy limpio, ordenadito y hasta divertido, pero cuando estoy cara a cara con el creador de la criatura me siento frente al padre adoptivo del niño que me mostraron antes, ahí, invariablemente, me decepciono.

Así como algunas personas sufren por ser conformistas, les traen sopa en lugar de soufflé, habiéndolo pedido, y no dicen nada, quieren un pantalón azul pero sólo hay verde perico e igual lo llevan o reciben el café frío porque igual se va a enfriar, yo tengo problemas por esperar más de todo. Cuando me dijeron que Kate Moss era hermosa me imaginé una diosa espectacular a la que todo lo que quedaba divino, una mujer absolutamente odiable por la envidia que me inspiraría, pero cuando finalmente vine a unir el nombre a la cara, descubrí que yo era la supermodelo.

He tenido situaciones en las que espero con ansiedad presentar los resultados de mi trabajo. Ya he conseguido el videobeam, he revisado un millón de veces las diapositivas, cazando letras rebeldes que se rehúsan a salir de mis cuidados párrafos, he atravesado, durante horas, ríos de indecisión frente a una fuente Arial y otra Tahoma que me tientan como lo harían unos deliciosos bizcochos con un diabético, para que al final, cuando todo está listo y puesto a punto, me llame un superior a decirme que confía lo suficiente en mí como para obviar la presentación, lo que también puede significar “no pienso atravesar media ciudad sólo para ver tu perfecta ortografía, con lo que has hecho es suficiente para mí”. Entretanto yo exhalo humo por mis orejas y me voy arrastrando los pies a donde el administrador de recursos físicos, para cancelar la reservación que hice de la sala de reuniones.

Con los blogs no es distinto.

Hubo una época de mi vida en la que apenas leer un buen texto me disponía a leer todo, literalmente TODO el contenido del blog que lo acogía, no sólo las entradas hechas por el autor sino cada uno de los comentarios, buscando más de la inagotable sabiduría o ameno estilo de quien había propuesto el tema inicial, bien se sabe que un diligente autor de blog responde a sus comentadores con respeto y constancia.

Después de haber consumido cada uno de los elementos que componían al blog, esperaba emocionada a que se organizara una reunión de bloggers para tener la oportunidad de conocer a los autores que me habían entretenido tanto alguna tarde, alguna noche, alguna semana y, en general, algún período de vida donde lo virtual era más entretenido que interactuar con el mundo 3D. Llegado el momento asistía muy arregladita al evento sin saber lo que me esperaba.

Con desazón recuerdo estas reuniones como réplicas de una sesión terapéutica de adictos a algo. A su turno cada quien decía el nombre que usaba para publicar, el nombre de su blog y las razones por las que había decidido abrirlo, luego todos intentaban hablar mientras el organizador intentaba con éxito o sin el, dependiendo de su naturaleza para el liderazgo, moderar las intervenciones. Invariablemente aparecía alguien que quería enseñar a otros los misterios escondidos del html, el css, el periodismo ciudadano o las mejores técnicas para la escritura de guiones, es decir, había alguien que quería demostrar qué tan chiquito lo tenía inflando sus habilidades técnicas, literarias o lo que sea que destacara en su blog. Más o menos, a las dos horas, si uno era lo suficientemente paciente o tenía la fuerza de voluntad suficiente para evadir el suicidio, aparecía alguien medianamente ameno y así el sentimiento de haber perdido el tiempo se diluía a la velocidad de una tortuga.

Tras estar en varios eventos como estos, luego de escuchar promesas de leer mi blog porque les parecía “súper interesante mi propuesta”, cansada de explicar de dónde salió el Licuc pude concluir que el mejor modo de conocer a alguien es cara a cara, así el contacto inicial sea por medio del blog, el correo electrónico o el Messenger.

Yo también quise hacer amigos a través de las redes sociales, pero la experiencia de asistir a distintas actividades relacionadas con los blogs me dejó con la sensación de que mi tendencia a igualar por lo alto es contraproducente, suelo tener grandes expectativas y al llegar me estrello. Los golpes me han enseñado a separar los textos de los autores y así entiendo que, como los días, hay unos nublados borrosos mientras otros son brillantes y claros. Para evitarme más decepciones prefiero pasar, lo más pronto posible, de lo virtual a lo real, con aquellas personas que me parecen muy interesantes, así no tengo tanto espacio para fantasear con lo divino que será el intelectual del cual nacen semejantes ideas o cuán inteligente será la madre de esos niños-textos que podrían jugar con los míos.

Ahora leo a muy pocas personas, en realidad no leo blogs todos los días, pero escribo todos los días y en general leo todos los días, no siempre libros, a veces son series, películas y personajes; me fijo más en la ficción o en cómo las personas reales podrían ser personajes, logro reírme hasta de aquellos que ven, con ojos de seguidor de secta, a las popstars de la blogósfera local, y sí me río más, me río mucho más de todos, comenzando conmigo.

En general, a pesar de las buenas experiencias, creo que es mejor ser cauto con los autores de blogs que se decide conocer en lo material, a muchos es mejor dejarlos en el reino de lo virtual para que no pierdan el encanto. A otros, si se los conoce primero de todos modos decepcionarán, antes de leer sus textos.

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