jueves, diciembre 10, 2009

Baje de peso leyendo

Conozco pocas dietas y he intentado muchas menos, no he completado ninguna, pero me he esforzado al comenzarlas para entender mejor qué se siente hacerlas. Es cierto que mi objetivo no era inmenso: perder 2 kilos y medio, sin embargo, a la altura del kilo 56 y medio renuncié. Tenía un humor tan amargo, causado por el hambre constante, que ni yo me soportaba, en ese punto ataqué el primer paquete de galletas que cruzó mi camino. Desde entonces no he vuelto a intentar regímenes similares, más bien me he dedicado a buscar otras formas de quemar calorías para no pensar tanto en lo que como, de esta forma descubrí que una de ellas es la lectura.

Estando en la universidad empecé a notar que la actividad intelectual, especialmente cuando me exigía deformar los cajones de mi cabeza, para meter nuevos y complejos saberes, me generaba gran apetito, fue también en esa época cuando aprendí que los 3 elementos principales para el buen funcionamiento del cerebro son el agua, el oxígeno y el azúcar, si alguno hace falta su metabolismo podría complicarse, apareciendo desde un dolor de cabeza hasta una pérdida permanente de habilidades.

Basada en mi experiencia y en mis conocimientos llegué a asociar el consumo calórico con la lectura.

Las siguientes ocasiones en las que sentía gran necesidad de comer, observé si estaban precedidas por episodios durante los cuales mis actos mentales demandaran elevados procesos o, en otras palabras, mucho revoloteo neuronal. No se trataba de un registro pormenorizado de cada bocado entre comidas, sino de un seguimiento informal de aquellos entremeses, precedidos por la elaboración de la copia que usaría en el próximo examen o la lectura, concentrada, acerca de las aplicaciones mi carrera a la manipulación del novio de turno.

He ahí la clave, lentamente descubrí una relación entre mis antojos y mis lecturas, era mi cuerpo pidiendo azúcar a gritos, cada vez que yo insistía en acabarme, a toda prisa, la dosis anterior.

Luego de este experimento informal, entiendo mejor porqué gasto tanto en comida. Mi obsesión con la inteligencia y las letras me producen un hambre tal, hambre de alimentos no sólo de conocimientos, que necesito comer cuando estoy asimilando ideas nuevas y complejas.

Sé que la estabilidad en el peso corporal depende de muchos factores, entre ellos la genética, la dieta, la salud y la cultura, por ello se realizan tantos estudios científicos buscando el origen de la obesidad, entonces ¿por qué no darle el beneficio de la duda a la dieta de la lectura?

No aseguro que se vayan a perder 20 kilos en la primera semana, 10 en la siguiente y así sucesivamente, pero sí estoy convencida de que es una forma mejor de combatir el aburrimiento y las ideas distorsionadas, cortesía de las modelos anoréxicas y los fotógrafos aficionados al photoshop, entorno a los ”deberías” que existen sobre el cuerpo ideal. Seguramente serán pocos los gramos que se pierdan con la dieta de la lectura intensiva, mejor si es de temas como física cuántica o resolución de conflictos étnicos, pero a cambio se conseguirá un cajonero cerebral muy flexible, mientras se realiza un ejercicio perfecto para personas sedentarias y pasivas como yo.

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