jueves, diciembre 03, 2009

En tu hogar, aún en contra de tu voluntad

En un bus llegando a Filadelfia.

Amelia (despertando)
¿Dónde estamos?

Raquel
En el norte, llegando ya.

Amelia
Dormí buenísimo.

Raquel
Sí, me di cuenta, nos detuvimos como 20 minutos, no sé por qué, había muchos carros y tú ni te enteraste.

Amelia
¿Sí? ¿A ver qué hora es?... Claro, íbamos a llegar a las 5 y media y van a ser las 6.

Raquel
Te detesto, yo no pude dormir nada, escasamente dormité un rato y nada más.

Amelia
Lo siento, yo soy de las que se suben a un bus y queda profunda, no importa si antes dormí bien o no, creo que el movimiento me arrulla.

Raquel
No importa te detesto igual.

Amelia
Mira, ya estamos pasando el puente… mmm no ¡qué pereza!

Raquel
¿Qué pereza qué?

Amelia
Siento que estoy llegando a mi casa.

Raquel
¿Y eso qué tiene de raro? Lo raro sería que no te sintieras así, llevas 5 años viviendo acá.

Amelia
Sí, pero no quiero, mi casa no es aquí, es allá en Bogotá. Yo no debería sentir esto.

Raquel
Nada que hacer, ya lo sientes, es normal. Llevas mucho tiempo acá, has vivido un montón de cosas, lo raro sería que no te sintieras así.

Amelia
Pero yo no sé si me quiero quedar o si me quiero devolver.

Raquel
Eso no importa, ya te acostumbraste a esta ciudad y por eso la sientes como tu casa, ya conoces el transporte, sabes moverte, has vivido sus ritmos, todo eso.

Amelia
Sí… pero no me gusta, yo no quiero sentirme así.

Raquel
Nada que hacer, ya lo estás sintiendo.

Amelia
Sí, pero es raro, es como que me gusta sentirme acostumbrada a esta ciudad pero no, no sé cómo explicártelo, es como tener ganas de regresar a Colombia pero no estoy segura. Yo me quedaría si hubiera algo muy, muy bueno aquí pero aún no hay, entonces creo que es mejor devolverme, pero lo que tengo acá me gusta, mi independencia, mi trabajo, la universidad, aich, todo, todo eso me gusta. No sé.

Raquel
No te preocupes, igual tienes todavía dos años para pensar qué quieres hacer.

Amelia
Sí, pero igual quiero pensar en algo más, en qué voy a hacer. A veces pienso en llegar allá y conseguir un trabajo rápido, yo quiero estar en Bogotá pero seguir viviendo sola, como ahora.

Raquel
¿Ves porque sientes que estás llegando a tu casa?

Amelia
Jum, sí, ya sé.

Raquel
Acá eres dueña de tu vida, no le das explicaciones de nada a nadie, eres más libre que allá.

Amelia
Pues sí, eso sí.

Raquel
Uno se siente en casa donde está en paz, donde puede elegir a quién le abre las puertas y a quién ni la dirección le da, yo ya he pasado por eso, he estado en sitios donde no quiero apegarme, de donde quiero salir corriendo pero no puedo, porque no hay nada nuevo, nada que me espere en otro lugar y salir así, hacia la nada, ir a la deriva no me gusta, a mí me gusta tener un destino marcado un rumbo fijo.

Amelia
Sí, es cierto, yo acá estoy estudiando algo que me gusta y mientras acabo tengo claro lo que voy a hacer, luego veo qué decido. ¿Y qué pasó después?

Raquel
¿Después de qué?

Amelia
Después, después de que te sentiste así, como con ganas de irte corriendo.

Raquel
Ah, pues me tuve que calmar, no me quedó más remedio, cuando me quise ir descubrí que no podía hacer nada más que quedarme, que esperar pacientemente hasta que el rumbo apareciera, hasta que el norte fuera claro para poder armar las maletas de nuevo e irme hacia el.

Amelia
¿Y te gustó?

Raquel
La espera no, sentía que me volvía loca, pero cuando el norte se descubrió y cuando llegué a el me encantó. Ahora me encanta verme al espejo, pero no de vanidosa, es que me gusta ver a la persona que me mira a los ojos, me fascina ver que llegué a ser la persona que quería ser hace unos años.

Amelia
¡Qué chévere!

Raquel
Sí, y eso te va a pasar a ti también, vas a ver.

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