miércoles, diciembre 02, 2009

Nuestras madres no fueron santas y tampoco putas

En este punto de mi vida he armado un club de apoyo con aquellas amigas que no soportan a sus madres. Pareciera que, ellas, nuestras progenitoras, en el proceso de criarnos y hacernos felices perdieron el rumbo olvidando lo principal: sólo pueden hacerse felices a ellas mismas y, durante el olvido, comenzaron a enloquecernos.

Olvídense de todas esas historias, televisadas o escritas, donde sale una pareja compuesta por madre e hija que se odian, mismas que pasado algún tiempo, derramadas algunas lágrimas y armados unos cuantos berrinches, se convierten en las mejores amigas. Eso en la vida real NO pasa, al menos no en la mía, ni en la de mis amigas más cercanas.

Es verdad que algunas mujeres que conozco tienen relaciones estables y tranquilas con sus madres, que sus caracteres son parecidos o al menos compatibles, por ello se toleran o, en el peor de los casos, no se agreden mutuamente, pero también es cierto que la gran mayoría de las duplas madre-hija no son ejemplos dignos de mostrar para ilustrar cómo debe ser la amistad perfecta.

Con frecuencia me he encontrado en conversaciones en donde una hija me da quejas de su madre y yo le doy quejas de la mía, en parte porque mis amigas más cercanas son mujeres, como yo, solteras o casadas pero aún sin hijos, además, sin ganas de tenerlos precisamente por las pobres relaciones que tenemos con nuestras mamás; y también porque no entendemos cómo tantas otras, sinceras o no, andan por la vida súper orgullosas de la “amistad” que tienen con la suya.

En mi galaxia, o por lo menos en mi lado del planeta, la amistad no es compatible con la relación mamá e hija. Para mí es un invento de aquellas mujeres que se esforzaron por satisfacer todos los deseos de su madre y llegaron a convencerse de que nada en el mundo cambia, que esperan lograr, por arte de magia, una amistad incondicional con sus hijas, olvidando o ignorando en el imaginario que las relaciones no se materializan con una varita mágica, es más, no son materiales, sino que deben construirse de forma abstracta, en el mejor de los casos, basadas en el respeto.

Parece que muchas mujeres, apenas se enteran de que están embarazadas, se convencen de que el lazo genético que tienen con la criatura que esperan, se extenderá a las relaciones que tendrán con esta apenas nazca, que así como crece su cuerpo, estando afuera de ellas, crecerá también el afecto y la confianza que esa hija siente hacia ella, pero el mundo no funciona de ese modo, por más de que El Secreto nos quiera convencer de lo contrario, que basta con desear las cosas para que lleguen a nuestra vida, la realidad es que si sólo las deseamos sin hacer nada para conseguirlas, nunca pasará nada, por más dolores de cabeza que nos causen las extensas horas de meditación concentrada.

Para mí la relación madre e hija es incompatible con la amistad entre dos mujeres. Yo a mis amigas les cuento todo lo que no quiero que sepa mi mamá, les hablo de mi vida para que me escuchen sin criticarme, sin reprenderme, converso con ellas para liberar tensión, para saber cómo pensaría yo si no estuviera tan alterada o para contrastar mis reacciones con otra mujer parecida a mí, pero si hiciera eso con mi madre muy seguramente comenzaría a preocuparse porque le serví el café a un amigo en una taza desportillada, mientras espera ansiosa mi más pequeño silencio para contarme que Pepita Pérez compró una casa nueva, pero que parece una cárcel y que es el colmo que haya recibido 2 gatos más cuando ya tenía 5 y un marido.

Yo para amigas busco a mujeres parecidas a mí, aquellas a las que no les da miedo pensar, las mismas que no soportan pasar más de media hora en la peluquería o tirar media tarde hablando de los más recientes métodos de depilación definitiva. Luego no se extrañen de que tengamos más amigos hombres que mujeres, porque buscando, buscando se encuentra más fácilmente a un hombre con algo en la cabeza que a una mujer celebrando la alegría de su condición.

Es cierto que a nadie le dan un manual apenas pare un hijo, aunque deberían o al menos deberían prohibirle a ciertas personas tener hijos, así como a ciertos médicos deberían prohibirles hacer tratamientos de fertilidad a aquellas mujeres que, de maternidad, sólo saben cuánto cuesta, pero como ya estamos grandes, crecidos, no sé si maduros, es conveniente reconocer que la felicidad propia están en las propias manos, que no podemos echarle la culpa a los demás si nuestra vida es un asco.

Que paren ya nuestras madres de decirnos que son miserables porque no las queremos, que no las queremos porque no soportamos a sus amigas y que están solas por culpa nuestra. Si ellas no pudieron construir amistades profundas, alcanzar logros lejos de sus hijas y hacerse una visión propia del mundo, no es nuestra responsabilidad sino de ellas. Que recuerden, además, que si bien no son santas, tampoco son putas, aunque sus allegados piensen que nosotras las hijas, somos unas hijas de puta por no permitir que nos controlen la vida, por no permitir que jueguen a las muñecas con nosotras para que así puedan creer que su vida se completa cuando cumplimos los sueños que ellas tenían.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Leer esto me dio lástima, entiendo que las madres están lejos de ser perfectas, pero me da lástima pensar que usted se está perdiendo de una relación tan fuerte como es la que sólo se puede tener con la mamá. Qué pesar que usted nunca vaya a saber lo que se siente confiar en la mujer que le dio la vida.
Le pido el favor que no generalice, que no hable por todas las mujeres al decir que nuestras madres intentan manipularnos y hacernos sentir miserables. Aunque sea el caso suyo y de sus amigas, créame, es posible tener una buena relación con la mamá. Eso de hablar en plural es una magnífica excusa para descargar sus propios problemas como si hablara en nombre de la humanidad, pero a mí no me monte en ese bus.
PD: Qué gracioso que alguien que no hace más que ufanarse de su “perfecta ortografía” salga con una burrada como “Barita mágica”.

Licuc dijo...

Anónimo, gracias por la corrección, yo también tenía la duda de si era barita o varita. Ya hice el cambio.

El Marqués de Carabás dijo...

¡Bien por anónimo!

¡Y que vivan las mamás! La mía, por lo menos.

Aún no lo sé, pero para seguir con el chiste malo y clásico, sería decir "que viva la mamá de mi pareja (pero bien lejos)".

:)

Licuc dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Licuc dijo...

Marqués te recomiendo leer este artículo:
Soy mala y me gusta serlo

realmente inspirador para no negar quien se es, a pesar de todo y con todo.

Si pudieron ellas ¿por qué no nosotros que somos "más buenitos"? ;)

Espero que ahora sí quede bien el enlace.

ApoloDuvalis dijo...

Primero que todo, celebro que los comentarios estén nuevamente habilitados y por cuenta de ello esta página vuelva a ser un blog. :)

Segundo, estoy completamente de acuerdo. Muchas mamás no se dan cuenta de que los hijos crecen y que llega un punto en que ya no cabe la misma relación madre-hijo sino que se debería transformar en una más adulta-adulto. Por eso muchas veces ayuda que los hijos se vayan de la casa (en mi caso hizo maravillas por la relación con mi mamá) para los dos adultos (madre e hijo) se relacionen desde otros ofrecimientos distintos a los de madre-hijo chiquito.

Licuc dijo...

Apolo, luego de muchos conflictos internos y externos, con algunos sujetos por ahí ;) decidí darle, nuevamente, espacio a la opinión de otros y acá voy, aprendiendo de nuevo a recibir de todo.
Y sí, el grado de adulto se da cuando el hijo se va de la casa y se hace cargo de sí mismo, por completo, está bien tener el apoyo de los papás, pero la idea es ser independiente, para que la mamá, que suele ser la manipuladora, pero papás también los hay, tenga menos control sobre la vida de su retoñito y aprenda a respetarlo como lo que es, otro adulto.