miércoles, diciembre 23, 2009

Viajes, libros y películas al currículum

Una vez más estoy buscando trabajo, algo más estable, parecido a lo actual, porque los últimos aprendizajes me han reconciliado con aquellas partes, siempre presentes, que no me gustan de lo que vengo haciendo. Quiero encontrar una labor que acabe de llenarme el día y, de pasada, los bolsillos.

Ahora las hojas de vida, los clasificados y las cartas de presentación hacen parte de mi rutina diaria, sobretodo las primeras, que me hacen pensar en todas esas experiencias que podrían incluirse pero que el protocolo impide. Me encantaría hablar en mi currículum acerca de los lugares que he visitado y los logros que he alcanzado visitándolos, además de incluir las situaciones estresantes que he tenido que resolver, aunque no hayan estado relacionadas con el trabajo.

En algunas entrevistas se hacen ejercicios simulados, donde adrede se sitúa al candidato en condiciones desagradables para observar su reacción, confiando en que ésta sea lo más parecida a la que mostraría si el suceso fuera real, pero repito, esto ocurre sólo en algunas. En la mayoría de ellas se sigue un libreto semi-estructurado que no deja espacio para averiguar más, mucho menos se puede esperar de la hoja de vida.

Escenas donde el entrevistado recibe un vaso de agua, tan herméticamente cerrado que no puede abrirlo a menos que le clave un lápiz, o donde se lo somete a una prueba de detección de mentiras, no me son extrañas, sin embargo sigo esperando una, propia o ajena, donde a alguien relate los libros o las películas que más lo han marcado en la vida.

En el currículum escrito suele encontrarse información acerca de la educación y la experiencia laboral, pero esas son sólo dos dimensiones de lo que es una persona, insuficientes para definir la posible adaptación del candidato al ambiente laboral, además plantean una agenda predecible para la entrevista, por ello salir de los esquemas, sorprender con preguntas más profundas, filosóficas y trascendentales sería una forma inusual y hasta divertida de generar ansiedad para ver cómo se desenvuelve alguien, para darse una idea de qué tanto mundo tiene o cuánto lee realmente.

Quizás tenga que volver a hacer una entrevista de selección, en realidad es bastante probable. Cuando eso ocurra recordaré preguntar temas menos populares y más ocurrentes para evaluar a los candidatos, para ver cómo manejan imprevistos y de paso reírme un poco viendo cómo explican que leen mucho y van a cine con frecuencia, pero no recuerdan los títulos de lo que leyeron y sólo narran las películas que pasan en los canales de televisión nacional.

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