jueves, enero 28, 2010

Casada con Calvin Klein

Hace semanas paseaba con un amigo por un almacén de departamentos. Él llamó mi atención para que observara algo, era suave, maleable y tibia. Yo no pude evitar el sentir atracción instantánea hacia ella. Era única, nunca antes vista y bien podría acurrucarme bajo ella en las tardes lluviosas. Si tuviera esa cobija de diseñador no necesitaría un hombre nunca más.

No sé si sea Dios quien en su infinita sabiduría ha impedido que tenga 120 dólares libres para comprar aquella cobija con textura de osito de peluche, o si mi falta de planeación financiera ha sido la responsable, lo que sé es que aún no puedo abandonar mi feliz soltería para casarme con ese objeto del deseo.

Una de las razones que me empujan a buscar pareja de vez en cuando, es la satisfacción que me produce el calor de otro cuerpo, especialmente en las tardes de lluvia, lo sé, no es original pero soy mujer, eso tampoco es único, quizás sea por eso que ahí está una de mis debilidades. El sentir un hombre a mi lado abrazándome, acalorándome mientras veo televisión con él es una de esas actividades que extraño de cuando caminaba por el mundo en plural, en nosotros.

Todo lo puedo hacer sola. Cocinar, lavar (planchar no, eso es criminal hacerlo incluso en compañía) ir a cine, hasta arruncharme, enrollarme en medio de las cobijas, con la cama toda para mí, pero debo reconocer que algunos detalles hacen mejor el plan, como un hombre o esa cobija si pudiera comprarla. Descansar, dedicarme a no hacer nada es un placer que cada vez puedo darme menos, no por falta de tiempo o de interés sino porque la vida se me ha llenado de otras alegrías, sin embargo sé que para esos momentos no hay nada como una buena compañía.

Esa cobija de diseñador, como el chocolate, tiene la ventaja de ser muda, de no hacer reclamos, de estar siempre lista y no inspirar celos. Creo que el máximo problema que puede inspirarme es preocupación al momento de lavarla, pues quisiera que su perfección permaneciera de modo constante. Ahora que lo recuerdo puede incluso sustituir a la sábana, uno de sus costados es absolutamente.

Lo sé, soy irracional y parcial. Tuve un enamoramiento al primer contacto, no logro encontrarle defectos a esa manta. Quiero casarme con ella, quiero tener su dulce y tranquila compañía. Antes que un hombre atractivo pero insípido prefiero pasar mis noches con ella. Sí, acepto si ella quiere casarse conmigo.

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