martes, enero 26, 2010

Para leer en salas de urgencias


La sola idea de escribir en medio de la gente y el ruido que produce me daba escalofríos. Mi ideal de situación creativa era en medio de la soledad, con música clásica de fondo, incienso de magnolia en el aire y sucesivas tazas de té verde con jazmín. Los meses pasaron y escribir dejó de ser una necesidad para convertirse en una compulsión, un reto propio. Durante esa transformación el ambiente ideal de escritura desapareció, siendo reemplazado por una disciplina oficinezca, que me acompaña de lunes a viernes, en ocasiones también los fines de semana, y que me permite escribir incluso en medio de una sala de urgencias.

Mucho tiempo estuve soñando con la idea de escribir a diario, columnas amenas, sencillas, cortas y llenas de contenido, manteniendo el hábito a lo largo de varios meses. Hice varios intentos, algunos me duraban un par de semanas y otros producían una sucesión de caricaturas con letras que pedían desesperadamente ser asesinadas. Yo con una mezcla de vergüenza y satisfacción las satisfacía.

Después de mis inconscientes ensayos de crónicas, de hace unos años, ahora soy más rigurosa al elaborar frases y párrafos. Ya no me extiendo eternamente, ni pienso 300 veces antes de materializar una idea que parece descabellada, incluso le doy letras visibles y la publico si me parece acorde con el todo.

En mi contacto con los medios escritos avanzo por un camino interesante, profundo e interminable, uno que se mide conmigo obligándome a crecer, en ocasiones a través de la tortura, cuando me hace formar textos completos sólo para verlos morir bajo tachones o las carreras del cursor. El resultado, como el sendero, es complejo, mi creatividad se ha ampliado, soy más capaz que antes de desarrollar en varias cuartillas una idea sencilla y para capturarlas a ellas, las inspiraciones, he adquirido la costumbre de llevar casi siempre conmigo lapicero y papel, cuando no, me las arreglo con el celular para grabar lo que no quiero desperdiciar. También me he vuelto recursiva.

Aunque todos los logros anteriores no son menores, sí son poco sorprendentes. Cualquier aficionado a las letras podrá conseguirlos con un poco de constancia y otro tanto de paciencia, en cambio la habilidad de escribir incluso en medio del ruido más monstruoso raya en lo meditativo, o al menos en un grado superior de antipatía.

No noté lo extraordinario de esta capacidad hasta que un amigo llamó mi atención sobre ello. Nos reunimos en un café y mientras lo esperaba me acompañó una de las múltiples libretas que uso, al llegar, al verme escribiendo en medio de conversaciones ajenas, ruido de platos y vasos se sintió impactado. Él, como muchas otras personas es capaz de producir textos laborales o académicos, pero para ello necesita condiciones mínimas, por lo que le parece inusual que alguien con una educación similar a la suya, sea capaz de ordenar sus ideas en medio de ambientes tan caóticos.

Esta destreza mía para escribir en medio de condiciones extremas, fue puesta a prueba días más tarde, por asuntos familiares tuve que pasar 10 horas seguidas en una sala de urgencias entre llantos, heridos, desmayados y exámenes médicos variados. Sin un borrador preparado, ni material listo para publicar ese día, no me quedó más remedio que comenzar mi columna mientras esperaba unos resultados de un estudio. No sé cómo lo hice, sólo tengo claro que una vez tuve la página en blanco frente a mí y el lapicero en la mano todo comenzó a calmarse, el orden fue evidente, lo suficiente para que empezara a darle manifestación física a mis ideas.

Desde esa revelación estoy convencida de que quien es capaz de escribir en condiciones extremas está cerca de la profesionalización, así que yo estoy a punto de graduarme.


0 comentarios: