viernes, enero 08, 2010

Arrullando a mis lectores

Hace poco comencé a leer mis escritos y aunque en algunos momentos me divertí muchísimo, en otros descubrí párrafos perfectos para una noche de insomnio. Es realmente criminal que haya dejado a leer a otras personas tales canciones de cuna. Es sorprendente que algunos aún me lean, luego de haberles deseado dulces sueños con mis letras.

Preparé el material con mis diarios personales, tanto los de cerradura que se abre con una llave minúscula o con un clip, según la ocasión, como los cuadernos personalizados a punta de recortes y calcomanías varias, además abrí el archivo donde guardo todas las entradas que he escrito en mis blogs, al menos las que se salvaron de sucesivos trasteos, luego di inicio a la tarea.

En realidad no sé cuánto tiempo llevo en esta actividad, sólo sé que hace años comencé a leer lo que escribí antes. Es realmente complicado establecer un orden cronológico cuando se ha escrito desde hace tanto y el archivo de Word tiene más de 200 páginas, sin contar que también se corre el riesgo de afirmar el narcisismo y la autoafirmación hasta límites incompatibles con la vida social, aun así decidí atreverme.

Para no recordar viejos tiempos, tiempos aburridos, donde detallaba cada alimento que ingería, como si hiciera una lista de compras para llevarla al supermercado, no una entrada para mi blog, diré que he tenido buenas noches. En algunos puntos de mi lectura he encontrado descripciones tan detalladas, largas y desordenadas que he deseado no haberlas escrito nunca y publicarlas menos.

Que no soy periodista lo tengo claro, ni estudié la carrera ni me dedico a investigar profundamente las fuentes antes de publicar un texto. Es cierto que me documento para no decir barbaridades, como que la capital de Irán es Moscú, pero no me trasnocho buscando incansablemente todas las opiniones posibles acerca de X tema. Pero ni siquiera eso, el no ser periodista, es excusa para tornarme tediosa.

Así como no me gustó la prosa de Katherine Mansfield, porque se dedica a crear atmósferas más que a relatar historias, no me gustaron muchos de los textos que escribí hace años. Muchos, aún hoy publicados en este blog, debieron ir directamente a mi diario personal y nunca salir de ahí. Con que yo me aburra leyéndolos y sobre-reflexionando acerca de ellos es suficiente, nadie más tiene por qué ser víctima de mis divagaciones e infinitos rodeos antes de llegar a decir “no tengo trabajo, ¿alguien sabe de algo?”. No, esos textos son realmente vergonzosos, pero ahí están.

Los textos informativos son una categoría que describe hechos, reporta actividades y en general, carecen de una postura propia frente al tema tratado, por eso es frecuente que se los encuentre redactados en tercera persona, sin embargo eso tampoco justifica tener en el lector el mismo efecto del conteo de ovejas.

No sé si leer tanto en la web o ver tanta televisión ha dormido mis neuronas, sólo sé que aquellas supuestas historias que narran monótonamente lo que aconteció en una reunión de junta directiva del banco X me provocan bostezos, igual que muchos de mis textos viejos. Un suceso puede ser comunicado de forma amena, con pequeños giros, títulos y recursos que no le quitan seriedad. También es importante elegir el pronombre en el que será escrito, el tiempo, la información que se usará, previamente, para que llegado el momento de su creación se logre un cuerpo uniforme, un producto que no se parezca a una quimera hija de un diálogo con la mejor amiga invitándola a una fiesta y el informe de los temas tratados en la última rueda de prensa acerca de seguridad ciudadana.

Es verdad que no todos tienen la capacidad de escribir de forma amena, yo misma fracaso a menudo cuando lo intento, por lo que está bien encontrar textos aburridos de vez en cuando. Son útiles para contrastarlos con los más entretenidos, así como para descubrir que algunas personas están hechas para bailar.

2 comentarios:

El Marqués de Carabás dijo...

Los escritos fueron para noches de insomnio, pero luego de leerlos se duerme bien.

Licuc dijo...

Marqués es bueno saber eso, porque lo peor sería causar pesadillas además de aburrimiento.