miércoles, enero 06, 2010

Publicado sin leer

El término escritora, aplicado a mí misma me parece soberbio y por eso no lo uso con frecuencia, prefiero decir que soy una aprendiza de escritora y que esta acción, escribir, es como una extensión de mi cuerpo. Así como a veces tropiezo mientras camino, en ocasiones cometo pecados que me avergüenzan cuando los leo, el de hoy publicar sin leer.

En la fiebre inicial de los blogs, escribía de forma compulsiva, contaba todo lo que hacía, lo que pensaba y lo que dudaba, por lo que gastaba el tiempo de forma ineficiente. Me demoraba muchísimo describiendo y detallando las vivencias que experimentaba, luego me apresuraba para apretar el botón “publicar”, así como los niños oprimen todas las teclas del teléfono cuando lo descubren, por lo mismo tengo textos que parecen una mala traducción del mandarín.

Una de las reglas inflexibles del oficio de escribir es la lectura propia, más cuando el producto del trabajo se dará a conocer.

Leyéndome he aprendido a usar las palabras adecuadamente y no a la ligera. He llegado a notar mis frases clichés, mi tono y mi ritmo. Me ha tomado bastante tiempo el aprender a ubicar las comas, para darle tiempo de respirar a quien me lee en voz alta y espacio para bostezar a quien me lee mentalmente, además he aprendido que todos los escritos, antes de ver la luz de otros ojos, deben ser revisados por los de su creador para encontrar gazapos rebeldes que se cuelan entre la mecanografía y la lectura apurada.

Un escrito digno de ser presentado en público debe haberse leído al menos una vez, idealmente más de tres veces y al menos una de ellas por ojos distintos a aquellos que lo crearon, pero como eso no siempre es posible, porque soy una mujer ermitaña, capaz de escribir en una sala de espera en urgencias, pero prefiero la pasividad y el silencio de una habitación solitaria, excuse usted si encuentra un error fugado en estas letras, más bien hágamelo saber y recuerde leer lo que escribe antes de apretar “publicar” o si está enviando un e-mail, “enviar”.

Mañana: Los errores invisibles.

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