viernes, enero 29, 2010

Soy tarada y me gusta ver novelas

Así, justo así les gustaría a los investigadores de medios que yo respondiera a una encuesta acerca de las novelas que veo. Me gustan las series gringas del tipo Gossip Girl y Grey’s Anatomy, pero tras aficionarme a la blogonovela Ciega a Citas, decidí que iba a ver la versión para tele en Youtube. La mayor parte del tiempo me gusta, pero cuando comienzan las escenas salidas de la realidad siento que los libretistas me gritan ‘estúpida’ en la cara.

Leer las historias está bien, activa la imaginación, mejora el vocabulario y distrae de la vida diaria. Verlas en alguna pantalla absorbe al punto de la desconexión con la realidad y en ocasiones causa serios daños cerebrales.

Creo que el éxito de una historia, sin importar el medio a través del cual se cuente, está en la acción verosímil de lo que ocurre. No sé si soy muy práctica, si me las doy de muy inteligente o qué pero cuando me pasan al frente una escena donde dos hombres dando alaridos se pelean por una mujer, sólo puedo pensar en que quien la escribió sólo está contando una de sus fantasías.

Hay situaciones que no van, que no se las cree nadie y cuando las llevan a la realidad de una producción sólo le están gritando ‘anormales’ a los espectadores. 

Si sabré yo cuán difícil es darle continuidad a los hechos y no aburrir en el intento, si me habré avergonzado cuando releo columnas pasadas y encuentro ideas que salieron orondas creyéndose posibles, tanto como un edificio de galletas de 200 pisos, por eso no deja de sorprenderme que la gente vea tantas novelas, novelas con nombres distintos pero con situaciones parecidas.

Aunque estoy lejos de venerar a los gringos por producir historias originales y dramas creíbles, les reconozco que sus historias son interesantes e innovadoras. Quizás por la presión que tienen para entretener a tantos millones de personas, se han llevado al límite hasta conseguir robarle la audiencia a su competidor, creando en el proceso buenos productos. 

No sé si mi reciente afición por la escritura de guiones me esté arruinando las historias cuando encuentro escenas absolutamente imposibles, pero seguro no está ayudándome a disfrutar los insultos visuales a los que me expongo cuando veo cómo lo que era una buena historia escrita, se convierte en un engendro deforme llevado a la televisión. Por suerte siempre estará ahí mi novio, House, M.D. para quitarme esa sensación haciéndome creer que soy más brillante de lo que parezco.

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