jueves, enero 21, 2010

Amigos pobres ¡despedidos!

Luego de ver un programa de emprendedores, en donde Robert Kiyosaki era uno de los invitados, me convencí de que tengo que hacer algunos despidos en materia social. Aquellos amigos que sólo ganan 4 salarios mínimos son una influencia nefasta para mi presupuesto. Si quiero, y realmente quiero, subir el nivel de mis ingresos debo rodearme sólo de personas que estén a la altura que quiero alcanzar.

Según explicaban si me rodeo de personas acaudaladas, empresarios exitosos y con amplia experiencia en el mundo de los negocios, tendré más probabilidades de aprender habilidades útiles para llevar a feliz término un emprendimiento. Además los consejos que me den personas que ya han tenido resultados positivos en sus propias empresas, habrán sido probados en escenarios reales y podrían funcionar de nuevo en los míos.

En este momento debo concentrarme en hacer una selección de mis amigos, eligiendo preliminarmente a aquellos que estén estudiando algún postgrado o piensen hacerlo en el corto plazo. Sus conocimientos podrían serme muy útiles cuando comience con mi proyecto productivo, los que ellos no me provean los podré aprender yo. Así vengo a descubrir que tiene su lado claro el seguir posponiendo mi maestría.

Aquellos que ganen menos de 25 mil dólares al año son fuentes potenciales de pasivos, pues teniendo en cuenta el estilo de vida que quiero llevar, invitar a uno de ellos a un restaurante podría convertirse en una invitación literal, es decir que no haría el mínimo esfuerzo para contribuir al pago de la cuenta y yo terminaría asumiendo todo el costo de la salida. Definitivamente es mejor concentrarme en aquellos que están por encima de ese techo.

Durante mucho tiempo he estado evadiendo compromisos sociales con esos amigos que, de forma admirable, hacen malabares para llevar su propia empresa, pagar la hipoteca de un hermoso apartamento, crían hijos y pagan la cuota mensual de un carro de modelo reciente. Equivocadamente creía que yo era la afortunada, no perdía el sueño pensando en cómo los intereses me harían pagar tres veces la casa donde vivo, no me preocupaba por tener ingresos fijos para cubrir las cuotas del concesionario, ni gastaba tiempo evaluando jardines infantiles bajo la luz del costo beneficio, simplemente hacía cuentas para saber cuándo me llegaría el pago de la empresa y programaba los descuentos automáticos de mi cuenta de ahorro, para olvidarme de ir a hacer fila al banco. Sin embargo las cosas cambiaron.

El año pasado la crisis económica global se desató, mi trabajo estable y sencillo escaseó y yo comencé a recordar con cariño a Kiyosaki conversando con la presentadora del programa, realmente tenían, mejor, tienen razón. Los ricos son lo suficientemente valientes para acercarse sólo a aquellas personas que los beneficiarán tanto con su chequera como con los consejos que ellos mismos aplicaron a sus vidas, los mismos que los ayudaron a engordar sus bolsillos.

No sé a dónde me lleve este nuevo rumbo, este recorte de personal compuesto por personas con pobres habilidades para la administración de negocios, pero espero que sea a un lugar mejor, donde tenga derecho a enfermarme y a ser atendida como un ser humano. Quién sabe, quizás resulte casada y con un par de niños hermosos estudiando en un colegio carísimo, pero bilingüe.


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