viernes, febrero 05, 2010

Peluqueros o de técnicos de computadores, da igual

Una amiga, que vive en el exterior hace años, me pregunta si tengo un técnico de computadores de confianza. Su mamá necesita uno y no tiene datos para enviarla a donde alguien conocido. Yo no tengo a nadie para recomendarle, creo que los técnicos son como los peluqueros, todo va bien hasta que un día te traicionan.

Tenía 17 años y planeaba con varias semanas de antelación una fiesta para celebrar mi cumpleaños número 18. Incluso había logrado ser amable con algunos vecinos porque quería la casa a reventar. El día señalado me fui a la peluquería de siempre, Jairo sería el encargado de ocuparse de mi pelo, dejándome radiante para la ocasión.

En visitas pasadas me había hecho comentarios del tipo “creo que una cirugía de nariz te haría ver más linda”, “¿has pensado en hacerte maquillaje permanente?, ahora hay unas técnicas de tatuado buenísimas” y además me había maquillado para alguna fiesta, de modo tal que al llegar varios no me reconocieron.

Mal hice en ignorar estas señales, debí haber prestado más atención a este peluquero que sólo quería jugar a las muñecas conmigo, una más de su colección personal. Debió importarme un bledo que al tipo me lo recomendara la misma amiga que hoy me preguntó por el técnico.

Ese día, el día de mi cumpleaños número 18, Jairo tuvo un arrebato creativo, quiso darme un nuevo look, pero conociéndome ideó una estrategia lo suficientemente inteligente para que yo sólo notara el resultado horas más tarde. Él tomó las tijeras y me cortó el pelo como de costumbre, me peinó con la máquina de ruido y recibió sonriente el pago por su trabajo. Hasta ahí no noté nada extraño.

Cuando llegué a mi casa y me puse uno de los pocos vestidos que he lucido en mi vida, me dirigí al espejo para revisar mi apariencia general. Di una vuelta frente a el y descubrí con horror la obra de Jairo. A pesar de mis reiteradas visitas e indicaciones, aunque todas las veces que lo veía le pedía lo mismo, había cortado mi pelo de un modo ordinario y antiestético. En lugar de darle el acabo curveado de siempre, decidió que lo mejor para mi espalda era una caída en forma de triángulo invertido, es decir le dio forma de cuña.

No sobra decir que luego de ese desacierto no volví nunca donde él.

Años más tarde me vi en la necesidad de actualizar mi computador. Siendo esta una de las funciones que no domino, más por pereza que por incapacidad, llamé a un amigo para que me recomendara un técnico de confianza para completar la misión. Me dio los datos de uno a quien le ha llevado la mayoría de sus equipos, con esos datos fui a llevarle una de mis más preciadas posesiones.

Todo salió bien. Mi portátil funcionó mejor que antes y, en una ocasión posterior, cuando tuvo un fallo aterrador y momentáneo, porque nada tan terrible para quien escribe como quedarse sin medios de expresión, acudí de nuevo a donde el técnico. Todo salió bien hasta que descubrí que en la actualización, que hiciera meses antes, había utilizado una versión pirata de Windows, por lo que mi trabajo se veía interrumpido cada tanto por un aviso que me pedía comprar el programa original.

Moraleja: Tanto los peluqueros como los técnicos de computadores son iguales a los amantes, debes disfrutarlos mientras funcionan, porque llegará un día en que todo se echará a perder y no podrás volver a confiar en ellos, sin importar quién los acompañó antes.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

yo cambiaría la moraleja:
los técnicos de sistemas, al igual que los peluqueros, podrán ser muy buenos pero milagros no hacen

Licuc dijo...

Se aceptan sugerencias, pero acá la idea es que hay unos irresponsables y otros muy independientes.

acamilov dijo...

De acuerdo con esa afirmacion, pero eso es con todos los profesionales con los que uno tendria que acudir con alguna frecuencia, sea Peluquero, tecnico, mecanico, etc.

Licuc dijo...

Acamilov puede ser, de todos modos ellos fueron quienes trajeron las ideas esta vez.