viernes, marzo 26, 2010

Sexo sin maquillaje




Este es el nombre de mi nuevo blog, sin que eso signifique que abandonaré este. Los martes seguiré publicando acá y los viernes allá. 

Hoy comienzo, pero la entrada de este viernes ya está lista, así que ese día podrán leerla.

martes, marzo 23, 2010

Desvestida para dormir

Federico
Yo me acuerdo que cuando me quedaba solo en la casa me gustaba andar en bola por toda la casa.

Sarah
¿Te quedabas solo?, pero si tú vives solo.

Federico
Bueno, cuando vivía con mis papás, cuando vivía con ellos y salían de viaje me gustaba hacer eso.

Sarah
¿Y ahora no?

Federico
Sí, a veces ando en bola por la casa pero no es lo mismo.

Sarah
Yo lo que no entiendo es cuál es la obsesión, cuál es la gracia que le ven a andar en bola por la casa.

Federico 
Es rico, yo me siento libre…natural.

Sarah
¿Y uno cómo se da cuenta de eso?

Federico
Pues haciéndolo.

Sarah
Mmm no, yo lo he hecho y no le encuentro mayor gracia. A dormir desnuda sí, pero andar en bola por la casa… como que no.

Federico
A mí en cambio eso no me gustó.

Sarah
Ah ¿no?

Federico
No. Yo una vez lo intenté, bueno, varias veces lo intenté después de las faenas, pero eso de estar campaneando no me gustó, me pareció muy incómodo, por eso prefiero dormir con bóxers. Me imagino que algo parecido le pasa a las mujeres con las tetas y el brasier.

Sarah
Jum, ni idea.

Federico
¿Cómo que ni idea?

Sarah
Sí, ni idea. Para saber más tendrías que preguntarle a una mujer que las tenga grandes, esa es una de las ventajas que tiene tenerlas chiquitas.

viernes, marzo 19, 2010

Feos Hermosos

El refrán popular dice “el hombre entre más feo, más hermoso”, sin embargo yo que tengo una imaginación tan visual no puedo dejar de ver a un hombre alto, gordo, moreno y muy velludo cuando se pronuncia esa frase. A mí no me gustan los hombres corpulentos, prefiero a los flacos desgarbados, aunque los atléticos también me resultan muy atractivos. La fealdad es como la belleza, cualquier hombre que sea catalogado como feo no me gustará automáticamente. Su fealdad tiene que cumplir con ciertas características.

Así como para algunos hombres lo mejor es un par de tetas grandes, no importa si son naturales u operadas, para mí la cara de nerd, de geek, el aire de inepto social es un atractivo. Quizás sea porque no sé bailar, porque no me gustan las fiestas, porque prefiero pasar un fin de semana viendo películas de industria independiente o de ciencia ficción. Tal vez no me guste el hombre retraído por sí mismo, sino por mi incapacidad frecuente para encontrar intereses comunes con la mayoría de las personas.

A muchas mujeres nos gusta Johnny Depp por su aire oscuro, su lejanía, su evasión consciente de los escándalos mediáticos, así compensa todo lo que le falta para tener el físico perfecto de Brad Pitt. Si a una mujer le gusta Johnny Depp los hombres que conozca podrán jugar con ella la carta de la inteligencia, sin importar cuán feos y deformes sean. Si en cambio a la mujer en cuestión la trasnocha Brad Pitt, tendrá más posibilidades de ser conquistada por un metrosexual, pero a menudo se llevará sorpresas desagradables porque se enamorará de preciosos homosexuales.

A pesar de que mi inclinación por hombres tan interesantes como Adrien Brody o Rivers Cuomo se aleja de los gustos femeninos populares, no se debe, aunque parezca, a mi constante costumbre de llevar la contraria por rebeldía o por convicción. Me gusta más la idea de conectarme con un hombre inteligente, sombrío y medianamente famoso, en lugar de andar espantando hordas de paparazzi y mujeres fanáticas, eso sin contar el miedo constante de que en cualquier momento se antojará de la estrella de turno para llevársela a la cama.

Mi gusto por la fealdad tiene sus raíces en mi infancia, en mi adolescencia, en todos aquellos episodios en los que un tonto hermoso juntó la valentía suficiente para rechazarme, apoyado en la nube de muchachitas que lo rodeaban con aire de alabanza. Pero la naturaleza es sabia, en raras ocasiones pone belleza y cerebro en un mismo cuerpo. Generalmente deposita hermosos espíritus en cuerpos poco agraciados e intrascendentes, enseñándonos a las mujeres que los feos hermosos son como los gatos sin pelo, sólo les gustan a quienes tienen la capacidad de encontrar la belleza en medio de la fealdad.



martes, marzo 16, 2010

Mujeres Jedi



*La ilustración es de Santrax

Cada vez que veo un comercial de lavaplatos o detergente me convenzo de que soy una mujer jedi, me repito por infinita vez que me gustaría más combatir el Lado Oscuro de la Fuerza, antes que regalarle mi vida a limpiar la casa. Prefiero que los platos y la ropa sucia se acumulen, en lugar de perderme la lectura de un buen libro o una buena conversación con gente interesante. 

Los modelos de feminidad han cambiado poco, a pesar de que las mujeres comenzamos a trabajar fuera de casa y superamos en número a los hombres en las universidades. Los avances científicos y tecnológicos sólo nos recuerdan a diario que es más fácil cambiar el modo en que vemos películas que la forma en que pensamos, que es más sencillo inventar productos para limpiar la ropa que técnicas para sacarnos de la pobreza mental. Ante ello las mujeres jedi nos sentimos extrañas.

Disfrutamos viendo una y otra vez The Devil wears Prada no porque queramos tomar ideas para saber cómo vestirnos, sabemos bien que esas tendencias ya están pasadas de moda. Lo hacemos para admirar una y otra vez a la miserable Miranda, porque en el fondo queremos ser un poco como ella, queremos ser una mujer inteligente con poder, una dama jedi que con su intuición predice las perturbaciones en la fuerza.

Ser mujer y preferir aprender de política, de estrategias en los negocios, de economía o de ingeniería parece una contradicción, pero para nosotras es más natural gastar tiempo y dinero consumiendo información que comprando cosméticos. Si tenemos que arreglarnos para una fiesta de gala, un matrimonio o un coctel lo haremos, pero no nos preocuparemos todos los días por vestirnos como si las calles fueran pasarelas. Los tacones están bien para algunas ocasiones, sin embargo para las damas jedi, que peleamos batallas con frecuencia, se hicieron los zapatos bonitos y cómodos que nos permiten pensar en nuestro siguiente golpe, sin la distracción de los pies adoloridos.

Crecimos de un modo distinto, aprendimos a limpiar para ser capaces de vivir sin servicio doméstico, nos aburre la sola idea de tomar un curso avanzado para sacar manchas. La pasión la sentimos por las filosofías orientales, por los recovecos de las humanidades, por los misterios de la física cuántica y por los hombres.

De niñas jugábamos a las muñecas, pero preferíamos los carros y las espadas, teníamos más amigos que amigas y nos fuimos dando cuenta que ellos, los hombres tenían futuros más divertidos y amplios, por eso nunca dejamos de jugar con ellos y con sus espadas.


Esta columna también está publicada en Cartel Urbano


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viernes, marzo 12, 2010

La que se acuesta con amigos

Federico
Tonta.


Sarah
¡Oye! ¡Qué te pasa!


Federico
Ah bueno, entonces no respondas así, sé que eres más inteligente y esas respuestas no te quedan.


Sarah
Bueno, sí.


Federico



Sarah
Que sí, que sí he tenido sexo con amigos.


Federico
¿Y entonces…?


Sarah
No, no me acostaría contigo.


Federico
Pero ¿por qué?


Sarah 
Porque para eso tiene que haber química, tiene que haber una relación especial.


Federico
¿Relación especial?


Sarah
Sí, no es sencillo de explicar, tampoco es sencillo de aprender, más bien es bastante doloroso.


Federico
¿Doloroso?


Sarah
Sí, si tuviera a una mujer aquí ella me entendería más fácil, pero igual voy a tratar.


Federico
Trata por favor, aunque no tenga “sabiduría femenina”.


Sarah
Bueno, pero sin burlas.


Federico
Ok, me callo.


Sarah
Yo, como muchas de mi generación, me acerqué por primera vez al sexo con un novio, pero como estaba tan enamorada no entendía hasta donde iba lo uno y hasta dónde lo otro, estaba muy chiquita.


Federico
¿Qué tan chiquita?


Sarah
Para lo que te voy a explicar la edad no es importante. Yo sólo me acostaba con mis novios, pero luego cuando los novios ya no estaban pero estaban mis amigos, estaban las ganas, estábamos todos…


Federico
Pero ¿no que no era con todos tus amigos?


Sarah
No era, no es. ¿Dije algo de TODOS mis amigos?


Federico
No.


Sarah
Ah, bueno. Algunos amigos con los que me acosté me gustaron desde siempre, desde que los conocí y otros no. Al principio me metía en la cama con ellos y luego juraba que estaba enamorada, como le pasa a muchas, pero con el tiempo, con las folladas entendía que a veces era sólo sexo con cariño, o bueno, no “sólo” sexo con cariño, es sexo con cariño. Para mí es algo lindo, no es sexo vacío, por ejemplo yo no me acostaría con un tipo X o no sé, quizás más adelante me dé por esas.


Federico
¿Y yo soy un X?


Sarah
Que no, que no por Dios, que tú no eres un X, eres un amigo y no me gustas.


Federico
Con la duda no me iba a quedar.


Sarah 
No me di cuenta. El tema es que la química es algo raro, como te dije, algunos amigos me gustaron ahí mismo, otros no, pero al comienzo, las primeras veces, las amistades quedaron muy mal, algunas no se recuperaron, ni siquiera volví a hablar con ellos y con otras hizo falta que pasara mucho tiempo para que volvieran a ser lo que eran antes.


Federico
Complicado.


Sarah
Sí y mucho, se necesita madurez de parte y parte para que puedas decir “hoy nos acostamos, nos besamos pero apenas nos pongamos la ropa volvemos a ser amigos” y tampoco es algo que haces cada dos días. Eso complica todo muchísimo más.


Federico
Menos mal nací hombre.


Sarah 
Muchas gracias por el insulto.


Federico
No, no lo digo por eso, es porque para mí sí es más sencillo, creo que para los hombres en general es más sencillo.


Sarah
Y sí, por eso es que nosotras nunca acabamos de entendernos, ni entre nosotras ni a nosotras mismas, ni a mí misma…


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martes, marzo 09, 2010

El que se acuesta con amigos

Federico
Antes, cuando era más joven tenía sexo con mujeres mayores, sin compromisos, sin problemas.

Sarah
Y me vas a decir que ahora no.

Federico
No, no te voy a decir eso. Ahora… a veces tengo sexo con amigas, pero siempre, sin excepción quieren saber luego si somos novios o no, dicen “la respuesta que me des va a estar bien”, pero la verdad es que siempre esperan que les diga “sí, vamos a ser novios después del sexo”.

Sarah
¿Y eso se arregla?

Federico
¿Qué?

Sarah
La amistad, ¿la amistad sobrevive después de eso?

Federico
Mmm no, creo que no.

Sarah
Para mí que ustedes los hombres, si pudieran, si nosotras las mujeres no tuviéramos problema con eso, se acostarían con todas sus amigas.

Federico
…Sí, es verdad, nos gustaría.

Sarah
Pero eso es difícil, las mujeres podemos tener sexo con un hombre sin que sea nuestro novio o nuestro marido.

Federico
¿Has tenido sexo con alguien que no sea tu pareja?

Sarah
… Eso no se pregunta Federico.

Federico
No seas tonta, si ya estamos hablando de sexo así puedo preguntar eso.

Sarah
Bueno, el asunto es que tiene que haber algo: gusto, cariño, atracción, química, no somos como ustedes, que nos acostamos con alguien porque ‘ajá’. Las mujeres somos más complejas.

Federico
Sí, son muy complejas. Pero no respondiste lo que te pregunté.

Sarah
Y no lo voy a hacer.

Federico
¿Por qué?

Sarah
Porque luego tendría que responderte si me acostaría contigo o no.

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viernes, marzo 05, 2010

Placer Quejumbroso

Las dedicatorias me parecen cursis, pero esta “declaración de principios” no puedo dejar de dedicársela a Sandra y Camila. Disfrútenla.

Tener un ‘carácter de porquería’ no es sencillo. Tienes que soportar una y otra vez las miradas desorbitadas cuando escuchas un chiste vulgar y tonto sin reírte. Debes resistir los deseos de golpear cráneos contra el pavimento cada vez que te preguntan ¿te pasa algo?, porque te resulta tedioso hablar de la novela o hacer elogios vacíos para caerle bien a los demás. Te conviene acostumbrarte a que las personas te traten con desconfianza porque eliges llamarlas por su nombre y no por el mote que otros les escogieron. Pero que soportes, que resistas, que te acostumbres o que actúes a tu conveniencia, no significa que renuncies al placer que te produce quejarte. 

Para hacer control de daños no trato a mucha gente, realmente pocas personas me interesan y no entro en debates con quienes tienen un espíritu crítico pobre. No soy fácil, no lo oculto, no sonrío sin razón y sé bien cuán antipática y soberbia puedo llegar a ser. No busco amigos y me aburren las conversaciones en las que la gente sólo quiere limar asperezas y llegar a un acuerdo. No me gusta que me convenzan de algo aunque valoro los buenos intentos. En general soy una experta de lo que muchos llaman “mala onda” y lo disfruto.

Así como ejércitos de jóvenes y adultos contemporáneos disfrutan al irse de fiesta los fines de semana, yo me divierto con las quejas. Me gusta profundamente hablar basura, echar pestes, criticar y señalar los defectos del planeta, sin la más mínima intención de convertirlo en un lugar armonioso, por eso si llega una luminosa almita, llena de bondad, con el firme propósito de convertirme en una persona más radiante y positiva se las verá con mi ignorancia.

Ignorar al otro, no verlo a los ojos, no hacerle caso cuando me llama por un único sobrenombre que usa para referirse a todos, ese que se ha convertido en cliché por la fuerza, por la ridiculez, por la frecuencia con que lo usa sólo me causa desconfianza. Tampoco me inspiran cercanía quienes usan una y otra vez una grosería como “marica”, “güevón” o similar para referirse a su interlocutor. Prefiero los nombres para referirme a las personas y sólo doy apodos en muy raras y estudiadas ocasiones, siempre con la aprobación del aludido.

Por favor se lo pido, no venga con sus buenas intenciones evangelizadoras para un mundo mejor, no espere que sea más dulce o alegre, no me apague el humo de la queja con un chorro de babas. Yo disfruto realmente de los momentos sardónicos y oscuros. Sé crear alegría para mí misma en ausencia de seres humanos. Sepa que no me interesa dominar el mundo con mi nube oscura, la generalización y la popularidad es algo que buscan las reinas de belleza y los villanos con deseos de globalización. Piénselo de este modo, ya que le gusta hacer feliz a la gente, hágame feliz a mí, llevando su dulzura a otro lugar del globo, uno muy alejado de mí.

rain ruined

martes, marzo 02, 2010

El derecho al pesimismo

Entre los derechos humanos se proclama la libertad de expresión y pensamiento, sin embargo defender ese privilegio es difícil cuando las personas “políticamente correctas y optimistas” amenazan constantemente a los pesimistas. 

Los optimistas declarados son personas generalmente inseguras que necesitan el elogio constante y la ausencia de la queja para permanecer todo el tiempo en su mundo de magia e imaginación. Antes pensaba que eran genios de la física, maestros del viaje interdimensional, capaces de visitar realidades paralelas donde el aire está lleno de burbujas rosadas y calles pavimentadas con plumas, pero luego de analizarlos cambié de opinión.

Cada vez que un optimista declarado me grita “¡pesimista!” yo gozo en silencio, escucho atentamente a su inseguridad. Ahora entiendo que su mundillo de mentiras no soporta el sonido de afirmaciones acerca de hechos contundentes, evidentes. Las etiquetas que me lanza afanosamente no son más que débiles conjuros con los que espera “cancelar” verdades de a puño.

Los optimistas son insoportables, no sólo por los eslóganes que recitan sin parar (“ay pero hace lo mejor que puede con su vida”, “cada quien se guía por su propia sabiduría”, etc.) sino también por la imagen de eterna de personas políticamente correctas que quieren proyectar. Ellos nunca, pero nunca critican a nadie, ellos entienden absolutamente a todo el mundo, incluso a los terroristas que se inmolan en nombre de Alá, ellos con tal de quedar bien siempre son capaces de disfrazar sus conversaciones en todos los momentos y escenarios, todo sea para poder ufanarse de su buena onda y tolerancia ante todas las expresiones de vida.

No creo que nadie sea totalmente bueno o totalmente malo, por eso los optimistas convencidos me generan profunda desconfianza. Esa actitud permanente de comercial de dentífrico o de organización de beneficencia es altamente sospechosa, para mí lo que esconde es la realidad de una persona que sólo vive para afuera, alguien que en soledad no tiene motivaciones. 
Soy una convencida, como los optimistas a tiempo completo, de que el lema “estoy perfectamente ¿y tú?” esconde a una persona postiza, temerosa de su propia compañía, alguien que se espanta cada vez que constata que su mundo no es la Tierra de Fantasía y eso, lamentablemente para ellos y afortunadamente para los pesimistas, ocurre cada vez que se sale a la calle.