martes, marzo 02, 2010

El derecho al pesimismo

Entre los derechos humanos se proclama la libertad de expresión y pensamiento, sin embargo defender ese privilegio es difícil cuando las personas “políticamente correctas y optimistas” amenazan constantemente a los pesimistas. 

Los optimistas declarados son personas generalmente inseguras que necesitan el elogio constante y la ausencia de la queja para permanecer todo el tiempo en su mundo de magia e imaginación. Antes pensaba que eran genios de la física, maestros del viaje interdimensional, capaces de visitar realidades paralelas donde el aire está lleno de burbujas rosadas y calles pavimentadas con plumas, pero luego de analizarlos cambié de opinión.

Cada vez que un optimista declarado me grita “¡pesimista!” yo gozo en silencio, escucho atentamente a su inseguridad. Ahora entiendo que su mundillo de mentiras no soporta el sonido de afirmaciones acerca de hechos contundentes, evidentes. Las etiquetas que me lanza afanosamente no son más que débiles conjuros con los que espera “cancelar” verdades de a puño.

Los optimistas son insoportables, no sólo por los eslóganes que recitan sin parar (“ay pero hace lo mejor que puede con su vida”, “cada quien se guía por su propia sabiduría”, etc.) sino también por la imagen de eterna de personas políticamente correctas que quieren proyectar. Ellos nunca, pero nunca critican a nadie, ellos entienden absolutamente a todo el mundo, incluso a los terroristas que se inmolan en nombre de Alá, ellos con tal de quedar bien siempre son capaces de disfrazar sus conversaciones en todos los momentos y escenarios, todo sea para poder ufanarse de su buena onda y tolerancia ante todas las expresiones de vida.

No creo que nadie sea totalmente bueno o totalmente malo, por eso los optimistas convencidos me generan profunda desconfianza. Esa actitud permanente de comercial de dentífrico o de organización de beneficencia es altamente sospechosa, para mí lo que esconde es la realidad de una persona que sólo vive para afuera, alguien que en soledad no tiene motivaciones. 
Soy una convencida, como los optimistas a tiempo completo, de que el lema “estoy perfectamente ¿y tú?” esconde a una persona postiza, temerosa de su propia compañía, alguien que se espanta cada vez que constata que su mundo no es la Tierra de Fantasía y eso, lamentablemente para ellos y afortunadamente para los pesimistas, ocurre cada vez que se sale a la calle. 

2 comentarios:

acamilov dijo...

Uuuyyyy, lo siento pero estoy totalmente en desacuerdo contigo, los pesimistas no puede ser que sean los que describes. Definitivamente si encuentras a alguien que necesite el elogio constante y la ausencia de queja es porque tienen un alto nivel de inseguridad y les es muy dificil ver las cosas positivas en la vida.

Claramente no es conveniente una dosis de elogio constante mezclado con ausencia de criticas porque una persona asi nunca seria capaz de reconocer que tiene debilidades o que tiene que mejorar como ser humano. Considero que ser optimista seria alguien que es capaz de aceptar que tiene unas debilidades, unas fortalezas, que tiene que seguir el camino constante e interminable de aprendizaje pero que al final sabe que todo va a salir muy bien, esos son los verdaderos optimistas.

Licuc dijo...

Camilo justamente mi punto. Para mí esos optimistas de los que hablo no son auténticos. Lo valorable es la buena actitud de alguien que además es capaz de argumentar y crecer. Leer sin cuestionar no ayuda, creer ciegamente tampoco. A mí la gente que no piensa, la que traga entero me da alergia.